Enviada por Ricardo Del Rio
Traducida gentilmente por Elizabeth Rysk (SGI Argentina)
Mi padre murió cuando yo tenía seis años. Crecí en la pobreza y en difíciles circunstancias. Nunca había conocido el significado de la palabra “felicidad”.
A los 15 años comencé a trabajar. Debido a la pobreza que había experimentado, determiné llegar a ser rico cuando comenzara a trabajar. Consecuentemente, me esforcé duramente y a los 4 años de ardua labor había logrado ahorrar el dinero suficiente para empezar con una pequeña fábrica de ropa junto a un amigo.
Desafortunadamente, debido a nuestra inexperiencia, nuestra empresa quedó fuera del negocio poco tiempo después. De hecho, por mi falta de competencia en la materia, continué fracasando seis veces más en el negocio de la moda.
Extrañamente, a pesar de tan numerosos fracasos, nunca pensé en darme por vencido. Impávido ante la quiebras, nuevamente me embarqué en un nuevo emprendimiento con un amigo para realizar un suministro de indumentaria. Increíblemente, volví a fracasar! Y esta vez quedé con una deuda de RM 700,000.
Para empeorar la situación, también estaba atravesando problemas en mi vida conyugal. Mi ex esposa, que ya no podía tolerar más mi promiscuo comportamiento, me abandonó llevándose consigo a mi hija mayor y dejándome a los dos niños más pequeños. Yo sólo tenía 30 años entonces pero ya había experimentado amargos fracasos tanto en los negocios como en el matrimonio.
La gente a mi alrededor me despreciaba, y yo me sentía rechazado e inferior cuando estaba con mis amigos. Mi vida era un infierno.
UNA NUEVA DIRECCIÓN EN LA VIDA
1991 fue el punto de inflexión en mi vida. Fue el año en el que conocí a mi actual esposa, Lily Phang, quien también trabajaba en el negocio de la moda. Para entonces yo no tenía un empleo seguro y me sentía de lo peor. Lily fue siempre una persona muy comprensiva. No solamente no me criticó sino que aceptó mi despreciable pasado. En poco tiempo, yo había encontrado nuevamente el encanto de la vida conyugal.
Lily es miembro de la SGM. Después de casarnos, empezó a hablarme del Budismo de Nichiren Daishonin en un intento por convertirme a la práctica. También me alentó a colaborar con ella en su boutique. Admito que entonces yo tenía una actitud chauvinista y no quería ser visto como un hombre sometido a los deseos de su mujer. Sentía que si la escuchaba y accedía a ingresar en la fe, esto sería muy humillante para mí.
Continué soñando despierto, pensando siempre cuál era el modo más rápido de hacerme rico. Perdí completamente la capacidad de razonar y me volví muy supersticioso. Durante mis ensueños en los disparates llegué a querer viajar a Tailandia para orar ante una deidad de la que se decía era muy “poderosa”. En esa época colgaban de mi cuello 12 amuletos y llevaba 10 talismanes en los bolsillos. Rezaba ante las piedras y a pesar de cuán “sincero” parecía ser, no recibí la ansiada protección de las así llamadas “deidades”. Mi vida se tornó miserable. Empecé a beber a diario, para huir de la realidad. A veces, cuando regresaba ebrio a casa, le gritaba a mi familia y hasta llegué a golpear a mis hijos, causándole una indecible pena y sufrimiento a mi familia.
Fui extremadamente afortunado porque mi esposa era una firme creyente en el Budismo de Nichiren Daishonin. Ella aceptó todos estos sucesos como una manifestación de su mal karma y resolvió ser constante en su práctica. Ella creía firmemente que algún día yo cambiaría. Cada vez que se le presentaba la oportunidad, me alentaba y gentilmente intentaba despertarme al Budismo del Daishonin y la SGM.
Lily cantaba daimoku cada día, esperando que yo “despertara” de mi errónea manera de vivir y mirase hacia delante, hacia el día en que fuera capaz de marchar junto a ella en el camino del kosen-rufu.
La sinceridad de una persona nunca falla al tocar la vida de otros. Aún así, yo le puse a mi esposa una ridícula condición. Le dije: “Si eres capaz de comprar una Pajero con tracción en las cuatro ruedas con el esfuerzo de tu invocación, te seguiré en la práctica de la fe.”
A pesar de que estábamos enfrentando dificultades financieras, mi esposa se esforzó duramente para probar el poder del Gohonzon. El 13 de febrero de 1995, convirtió lo imposible en posible y compró el vehículo con tracción en las cuatro ruedas .La noche siguiente Lily y yo tuvimos una larga discusión. En un tono firme, ella me dijo: “Fuera del Gohonzon y de la SGM, nada más en el mundo puede hacer que cambies y salvarte!”.
Ella me hizo un simple pedido: “Sólo canta daimoku tres veces, una vez por la mañana y otra por la noche”. También me dijo que ninguna oración queda sin respuesta y que yo prosperaría definitivamente. Siempre recuerdo aquellas palabras de mi esposa, y me pregunté a mí mismo: “¿quiero continuar con esta vida sin sentido?”. Después de contemplar el hecho, finalmente tomé la decisión de arrodillarme frente al Gohonzon y canté Nam-Myoho-Renge-Kyo! Fue el 14 de febrero de 1995 un día que jamás olvidaré por el resto de mi vida.
ACUMULANDO UNA GRAN BUENA FORTUNA
A medida que transcurría el tiempo, incrementé gradualmente mi invocación de daimoku. Recordé todas las calumnias cometidas en el pasado y oré para erradicar mi retribución kármica. Decidí frente al Gohonzon elevar mi estado de vida, manifestar sabiduría y fuerza vital desde las profundidades de mi vida. Determiné también practicar de corazón para lograr mi revolución humana y alejarme de las malas influencias y construir una familia armoniosa.
Después de errar sin propósito durante 3 años, finalmente regresé al negocio de modas de mi esposa para comenzar nuevamente y al mismo tiempo me dediqué activamente a las actividades de Gakkai, uniéndome a los grupos Jardineros, Puro Corazón y Gran Muralla. Respondí a cada llamada de asistencia de la organización sin dudar y sin esperar nada a cambio. Esta seria determinación contribuyó a la acumulación de gran buena fortuna en mi vida.
El Daimoku del Sutra del Loto dice: “Myo significa revivir, es el retorno a la vida” (WND, pág. 149). Sentí que le había dado un nuevo sentido a mi vida. A través de mi práctica diligente y sincera, pude resolver los problemas de trabajo enfrentándolos uno por uno, incluso tuve la capacidad para pagar mis deudas. Después de haber sido testigos de tantos inmensos cambios en mi vida, los miembros de mi familia ingresaron en la fe uno tras otro, incluyendo a mi madre, de 72 años, mi hermano mayor, el menor, tías, sobrinas y sobrinos, y mis tres hijos. Nuestra casa está siempre llena del sonoro canto del daimoku, del sonido de la alegría y las risas.
El Sr. Toda, segundo Presidente de la Soka Gakkai, dijo una vez que: “el shakubuku es el mayor acto de compasión, es el acto que puede acumular una buena fortuna sin fin y es el camino más rápido para transformar el mal karma”. Asiduamente hago shakubukus y les hablo de la grandeza del Budismo a las personas que me rodean. Incluso cuando viajo al exterior por motivos laborales, no dejo de pensar en hacer shakubukus, y entre ellos se cuentan dos de mis antiguos acreedores.
Antes de entrar en al fe, solía visitar a representantes extranjeros de negocios en clubes nocturnos y karaokes, y ahora los insto a participar de las actividades de la SGM. Antes cantábamos espeluznantes o siniestras canciones y nos enredábamos en conversaciones vacías y sin sentido, ahora cantamos daimoku, relatamos y compartimos las experiencias en la fe.
Aunque hace sólo 5 años que practico, ha habido un tremendo cambio en mi vida. He logrado pagar todas mis deudas, mi negocio de provisión de indumentaria de otros países del sudeste asiático, se ha expandido por todo el país. He logrado tener una familia armoniosa en la que cada uno de sus miembros está avanzando alegremente hacia el objetivo común del gran sendero del kosen-rufu.
A los 39 años, me siento lleno de esperanza y renovada fe para el futuro. Con una fuerte determinación y sentido de gratitud al Gohonzon, decidí comprometerme más activamente en el movimiento del kosen-rufu. Deseo llegar a todas aquellas personas desafortunadas para ayudarles a construir una vida significativa y valiosa.
(Cosmic, Noviembre de 2001)
Colección de Experiencias de miembros sobre su práctica de la Fe del Budismo de Nichiren Daishonin en la SGI
2.2.05
30.1.05
Nunca ceder
Experiencia de Jun Ortiz, Filipinas y Japón
Tomada de SGI Website
Jun Ortiz nació en las Filipinas, en 1950. Como músico, comenzó a viajar al Japón para trabajar a finales de los setentas. En 1979, conoció a Yoshiko, con quien se casó en 1981.
Jun encontró el Budismo de Nichiren a través de un japonés que se sentó junto a él en el avión durante un viaje de regreso a las Filipinas. Visitando a este hombre, un amigo residente de Manila, Jun leyó muchos libros acerca del Budismo y de la filosofía de la Soka Gakkai. Lo que más particularmente le impactó fue la idea de la causalidad –el principio budista que dice que nosotros creamos las causas y somos fundamentalmente responsables de los efectos que experimentamos en nuestras vidas. Se sintió igualmente atraído por la idea de que la vida es eterna y que el drama de nuestra vida se representa a lo largo de una continuidad que trasciende la existencia actual.
Retornando al Japón, le pidió a Yoshiko que lo llevara a un centro de la Soka Gakkai en Tokio, del que le habían hablado en las Filipinas. La impresión de Yoshiko respecto a la Soka Gakkai, no era positiva. Ella quedó sorprendida por la solicitud y vaciló para cumplirla. Pero él insistió diciéndole que era importante por lo menos conocer la naturaleza de la práctica y de la organización antes de hacer cualquier juicio. Si no les gustaba, razonó él, siempre podían marcharse. En 1980, Jun y Yoshiko ingresaron a la Soka Gakkai y comenzaron a practicar el Budismo.
Oposición
Los padres de Yoshiko se opusieron a la idea de que se casara con un filipino y no veían favorablemente la fe budista de la joven pareja. Su primera meta fue, por lo tanto, convencer a los padres de ella para que aceptaran tanto su matrimonio como su práctica.
Al mismo tiempo, Jun estaba luchando para ajustarse a la vida en el Japón. Se encontraba batallando contra formas de discriminación sutiles y no sutiles y para encontrar un trabajo estable. El significado de la advertencia de los padres de Yoshiko de que el amor solo no ponía la comida en la mesa, se hacía cada vez más aparente. La pareja utilizaba su práctica budista para encontrar fuerza interior para enfrentar estos desafíos y, después de un año, pudieron convencer a los padres de Yoshiko para que aceptaran a Jun. Ellos se casaron en 1981 y pronto tuvieron tres hijas.
Yoshiko encontró trabajo como contadora, y Jun enseñaba inglés desde su casa. Él fue presentado a una agencia de talentos y pronto estaba actuando en la televisión y películas japonesas.
Alentar a la gente estaba en la naturaleza de Jun, y se convirtió en el pilar de la comunidad filipina en la región occidental de Tokio. Si se encontraba a un amigo filipino mientras estaba de compras, se presentaba y le daba el número de teléfono de su casa. La casa de los Ortiz se convirtió en un lugar de reunión para los expatriados filipinos. En la Soka Gakkai, él encontró un lugar donde era aceptado como persona, donde la distinción entre japoneses y no japoneses ya no era importante.
En 1995, Jun comenzó a experimentar mareos y períodos de desmayos. Le prestó poca atención a esto, pero se caía en el trabajo, y llegaba a casa con diversas heridas. Finalmente, se cayó de las escaleras de su casa. Y en un examen médico realizado a profundidad, finalmente resultó en el diagnóstico de una enfermedad neurológica degenerativa. De origen desconocido y considerada intratable, esta enfermedad conduce a la pérdida progresiva del control motor, el envejecimiento prematuro y la muerte. Informado de que terminaría perdiendo la capacidad para caminar y que estaría confinado a una cama, Jun y su familia utilizaron su práctica budista para confrontar sus temores y ansiedades.
Él continuó asistiendo a las reuniones budistas, sosteniéndose de los pasamanos para sortear las escaleras. Muy pronto, sin embargo, cualquier escalera se convirtió en una imposibilidad, y ya no pudo ir a trabajar. Comenzó a permanecer en casa, donde su capacidad para moverse se hacía cada vez más limitada. Incluso los movimientos en la casa eran un asunto de arrastrarse de un lugar a otro.
Con poco apetito, continuó perdiendo peso y comenzó a quejarse de un dolor en la parte baja de su espalda. Cuando las repetidas terapias de masajes dejaron de causarle alivio alguno, fue llevado a un centro médico donde se le diagnosticó otra enfermedad, que no tenía relación alguna con la anterior: Una infección tubercular que estaba consumiendo su espina dorsal. La infección fue tratada exitosamente y en realidad le brindó a Jun una oportunidad para encontrar un lugar con la clase de instalaciones que necesitaba para un cuidado de tiempo completo. Como un hombre en la edad de pre-jubilación y con una enfermedad progresiva, Jun estaba en una posición mal definida dentro del sistema de salud. La única instalación privada que deseaba aceptarlo tenía una lista de espera de un año.
Desafíos en la comunicación
Al momento de su hospitalización, todavía podía hacerse entender verbalmente. Con la pérdida progresiva del control motor, sin embargo, muy pronto esto se hizo imposible. Su familia compró un tablero con el alfabeto que servía como un medio de comunicación e incluso el temblor de sus manos se hizo tan violento que era imposible determinar la letra que estaba señalando. Desde ese momento, la comunicación se hizo unilateral, hasta el grado que su familia haría preguntas a las que él pestañeaba para indicar que era un sí.
A pesar de la progresiva pérdida de capacidad física, el espíritu de hospitalidad de Jun nunca disminuyó. Siempre le daba la bienvenida a los visitantes con una amplia sonrisa, y utilizaba sus ojos grandes y sumamente expresivos para comunicar aquellas cosas que ya no podía decir con palabras. Él utilizaba sus ojos para indicar que les sirvieran té u otros refrescos a sus invitados, incluyendo hasta su bebida nutriente especial. Había, a pesar de la pérdida de capacidad verbal, un claro sentido de comunicación, de emociones importantes que se compartían e intercambiaban.
Él había alentado a muchos miembros de la SGI, incluyendo a quienes habían luchado contra el cáncer, y fue este aliento lo que retornó a él en su momento de necesidad. Como lo relata Yoshiko, “Cuando se desalentaba, yo le aseguraba que todavía tenía una misión que cumplir. Creo que el hecho de que no cediera a pesar de su condición fue un gran aliento para muchas personas. Él mantuvo su convicción hasta el final y de esta manera cumplió su misión”.
Mientras pudo escribir, llevó un diario en inglés como su mensaje para su familia. Como aliento para sus hijas, él escribió: “Si quieren saber cómo será el mañana, piensen acerca de lo que están haciendo hoy”.
Tiempo familiar
En el verano de 2002, Jun expresó un firme deseo de pasar algún tiempo en casa con su familia. Después de una detallada discusión con los doctores, se hicieron los arreglos para que pasara el mes de agosto en su casa. Yoshiko y sus tres hijas acomodaron sus tiempos libres respectivos en la escuela y el trabajo para asegurar que una de ellas siempre estuviese en casa con Jun. A pesar de las dificultades, esto probó ser una valiosa oportunidad para que se reuniera la familia en un marco hogareño. Él también utilizaba sus ojos para alentar a los miembros de su familia en la invocación budista, cuyo sonido lo reconfortaba notablemente.
Después de su retorno al hospital, los miembros de la familia se turnaban para cuidarlo, sin dejar de reunirse nunca para los cumpleaños y aniversarios.
Jun, Yoshiko y sus tres hijas en el hospital. Finalmente, la parálisis comenzó a afectar su capacidad para tragar la comida. Sus doctores recomendaron que le insertaran un tubo alimentador directamente a su estómago, pero Jun se rehusó firmemente. Ya antes él había indicado que no quería que se tomaran medidas que sólo le aseguraran sólo la continuidad de su existencia física. Este fue un punto que él había establecido por sí mismo, y Yoshiko estuvo de acuerdo. El impacto perjudicial de pasar por alto su voluntad expresa no podía balancear ningún beneficio posible en los términos de la extensión de su vida.
Desde ese punto, pasó por una declinación rápida, y el 11 de mayo de 2003, Jun Ortiz falleció pacíficamente, rodeado de su esposa e hijas.
“Recientemente,” dice Yoshiko, “nuestras hijas me dijeron, ‘Somos muy felices por tener padres como tú y papá’. Me conmovió mucho y estoy seguro de que Jun también lo habría estado. Eso es lo que él le dejó a nuestras hijas, el recuerdo de su amabilidad y sentido de orgullo en su ejemplo de alguien que se preocupaba profundamente por los demás. Después de la muerte de Jun encontré su diario. En él había escrito, ‘Muchas gracias por cuidarme. Espero que disfruten de los años que les quedan de vida’”.
28.1.05
LA VITALIDAD DE LA FE
EXPERIENCIA de SALUD de la Sra. Dinna Roman.
Responsable de Distrito de la SGIV.
Enviada por: Dinna Roman
En este significativo encuentro que celebramos hoy, me gustaría trasmitirles algunos de mis retos y la alegría de poder luchar por el Kosenrufu para lograr el sueño de Nuestro Mentor y el nuestro. Me siento feliz de pertenecer desde hace 17 años a esta noble Organización.
En éstos momentos estoy asumiendo la responsabilidad del distrito Flor de Loto en la División de Damas en el Cabildo Unión.
Cuando miro atrás y recuerdo lo que ha significado mi práctica constante “ pase lo que pase”, verifico lo que “ he ganado”: siento una estabilidad y una confianza que la atribuyo a la fuerte conexión con la Organización y a la lucha tenaz, de corazón que he mantenido gracias al daimoku sincero y sobre todo al apoyo de señoras responsables de la División de Damas.
Al conocer la práctica mi vida giraba en torno a la arrogancia, trabajaba todo, el día en dos Instituciones y estudiaba de noche , era madre divorciada con dos hijos. Aún cuando lograba cumplir con todo queriendo ser perfecta, lo hacía con actitud de queja. Pronunciaba Nan Miojo Rengue Kio para solucionar uno que otro problema sin profundizar. Pero un día de 1985 se me presentó una diarrea sangrante que mantuve por 2 días, sin darle la debida importancia. Tuve que ingresar a una clínica de emergencia y fui conducida por mi hijo de 13 años porque me había desmayado dos veces por una baja de hemoglobina . Bajo éstas circunstancias y queriéndome aferrar a la vida pronunciaba Nan Miojo Rengue Kio, hacía esfuerzos para visualizar el Gojonzon ya que lo había conocido en varias reuniones .
Así pronunciando vagamente comencé a tener confianza y resistir . Después de dos días y de haber manifestado una aparente mejoría, perdí los signos vitales y me revivieron con masajes al corazón. Me intervinieron de emergencia con alto riesgo eliminándome el estómago debido a un tumor de 16 cm. que abarcaba la totalidad del mismo y me unieron el esófago con los intestinos .El tumor resultó benigno. Perdí la noción del tiempo en terapia intensiva por más de una semana , sólo pensaba en Nan Miojo Rengue Kio para poder vivir y cuidar de mis hijos.
Cuando al fin pude hablar y desear comer me enteré que sólo debía ingerir líquidos y posteriormente alimentos sólidos acompañándolos de medicinas. Debía hacer un gran esfuerzo por comer cada tres horas. Mi vida dio un vuelvo radical y todo dependería de la constancia y del respeto que debía generar hacia mi propia vida. La psiquiatría sólo me ofrecía tranquilizantes. Yo me negaba a aceptar la realidad . ¿ El por qué me había pasado esto a mí? . Me quejaba y sufría mucho.
En medio de este infierno, llamé a las encargadas de mi zona y comencé a entonar Daimoku constantemente apoyada por miembros . Con dificultad visitaba algunas casas de miembros para entonar frente al Gojonzon. Aprendí a disfrutar del Daimoku, haciéndolo penetrar por todo mi cuerpo centrando mi oración en el aparato digestivo. Entonces el proceso de mi alimentación que era bastante penoso debido al esfuerzo de todos mis órganos comenzó a mejorar día a día y sin darme cuenta ya podía comer y degustar los alimentos sin miedo.
Las orientaciones y el apoyo de los miembros me fue de muy valiosa ayuda. Asistí a clases de gonguio y aprendí a entonarlo rápidamente, lo cual me producía alegría confianza y coraje.
Sentí la necesidad de recibir Gojonzon pero cuando se acercaba la fecha me obstaculizaba y capté que era mi tendencia a no apreciar la vida. Continuaba entonando Daimoku, leía y releía las orientaciones del Presidente Ikeda y logré sustituir la queja por agradecimiento. Recibí felizmente mi Gojonzon en 1987. Aprendí agradecer al Gojonzon en cada oración, valorar cada órgano de mi cuerpo y estaba convencida de la maravillosa fuerza vital que se manifestaba al estar en contacto de corazón con el Gojonzon y la capacidad sorprendente que posee nuestro cuerpo para regenerarse.
En agradecimiento, abrí mi casa para toda clase de reuniones colocando como centro de mi vida el Gojonzon captando cada vez más el compromiso de mi misión. Avanzaba rápidamente en el cambio de mi karma haciendo Revolución Humana, y apoyando a miembros.
Me reté a prolongar mi vida logrando así también cambio de mi karma Familiar pues muchas personas de mi familia mueren siendo jóvenes aún. Logré incorporarme al trabajo y obtener la jubilación para dedicarme de lleno a las actividades por el kosenrufu.
Ya completamente restablecida pude viajar y compartir con los miembros de la República Dominicana en el Festival de la Amistad, aprendiendo de su ejemplo. Eso me incentivó a tomar la decisión de cuidar y apreciar más el kaikan. Asumí la responsabilidad de suscribir y distribuir el Seikyo Criollo y animar a los miembros a aportar Zaimu. Todas éstas actividades me hacían sentir más cerca de Sensei y de sus propósitos. Mis hijos me sentían más fuerte y se alegraban cuando iba al Kaikan y uno de ellos se hizo miembro . Logré así mismo animar a muchas otras personas a hacer lo mismo.
En Septiembre de 1996 la manifestación de mi karma de salud volvió a presentarse de forma más leve. Tuve que ingresar de emergencia a la clínica y me operaron de una Obstrucción Intestinal sin evidencias de lesión tumoral. Mi Daimoku sincero y confiado me permitió resistir. Hubo que extraerme la vesícula biliar y cortar 24 cm. de intestino, mis pulmones se congestionaron y me mantenían con oxígeno.
Nuevamente tuve todo el apoyo de los miembros, sólo deseaba recuperarme rápidamente para dar Prueba Real de su daimoku sincero, constantemente pensaba en los miembros y en mis hijos. Sacaba fuerzas extrayendo valor. Y seguía disciplinadamente las instrucciones de los médicos, éstos me elogiaban por ser una excelente paciente; “ no se queja “ decían. Sorprendidos me manifestaban que mi organismo respondía cada vez mejor. ¡Tú eres un fenómeno! Y agregaban “a comenzar de nuevo”. Recordé que el último estudio que había preparado fue Hon ni myo (comenzar de nuevo). Pero con el apoyo de los miembros y mi Fe hacía más esfuerzo por recuperarme. Recordaba y me animaba con gratitud y esperanza un poema del Presidente Ikeda: LUCHEN... Resistan , aunque el cuerpo no resista más y al final alcanzarán aquella estrella que parecía inalcanzable.
Llegué a mi casa y sentándome frente al Gojonzon agradecí con tal fervor, percibiendo nuevamente toda su grandiosidad . La respuesta de mis oraciones era evidente, había prologado mi vida y además ésta vez no quedé con deudas . la operación pudo realizarse a tiempo a tiempo ya que el intestino se hubiera podido romper. Por otra parte mis hijos sufrieron menos, se mostraron valientes y confiados .
Agradezco a ellos tanto el amor que me dan y se los retribuyo manifestándoles más respeto y amor hacia ellos. Hoy ya son hombres sanos , profesionales luchadores, honestos , independientes y prósperos.
Comprendí que ésta práctica nos favorece más cuando la Fe se fortalece, entonces los problemas se empequeñecen con el cambio de nuestra condición de vida.
Logré recuperarme con gran rapidez, la digestión volvió a normalizarse en menor tiempo y asimilar los alimentos. Mi organismo respondía con su propia fuerza natural. Tengo la convicción de que cuando estoy frente al Gojonzon mi daimoku produce simultáneamente la respuesta.
He podido participar en cada una de las actividades de la S.G.I.V. y he disfrutado plenamente de ellas venciendo completamente mis limitaciones. Estoy aprendiendo a apreciar la vida y a no desperdiciarla un solo instante porque es demasiado valiosa. Oro para fortalecer y lograr que la Misericordia sea mi base para actuar, proteger a los miembros, apoyarlos con sabiduría y calidez, como me inspiran siempre las orientaciones que estudio de Presidente Ikeda.
Mi oración diaria está dirigida agradecer cada vez más, volcando esta energía dando apoyo continuo sin escatimar esfuerzo. Es un ritmo de dar y recibir. Así muevo mi vida, no podría quedarme con ésta energía después que gracias al Daimoku mi cuerpo responde bien.
Para finalizar , trasmitirles que ya he experimentado : cuando nos proponemos actuar con alegría y convicción para el kosenrufu, brota una enorme fuerza vital y una buena fortuna inmensa . Vamos entonces a luchar unidas armoniosamente por la Felicidad de toda la humanidad. Sensei confía en nosotras.
Muchas Gracias,
En este significativo encuentro que celebramos hoy, me gustaría trasmitirles algunos de mis retos y la alegría de poder luchar por el Kosenrufu para lograr el sueño de Nuestro Mentor y el nuestro. Me siento feliz de pertenecer desde hace 17 años a esta noble Organización.
En éstos momentos estoy asumiendo la responsabilidad del distrito Flor de Loto en la División de Damas en el Cabildo Unión.
Cuando miro atrás y recuerdo lo que ha significado mi práctica constante “ pase lo que pase”, verifico lo que “ he ganado”: siento una estabilidad y una confianza que la atribuyo a la fuerte conexión con la Organización y a la lucha tenaz, de corazón que he mantenido gracias al daimoku sincero y sobre todo al apoyo de señoras responsables de la División de Damas.
Al conocer la práctica mi vida giraba en torno a la arrogancia, trabajaba todo, el día en dos Instituciones y estudiaba de noche , era madre divorciada con dos hijos. Aún cuando lograba cumplir con todo queriendo ser perfecta, lo hacía con actitud de queja. Pronunciaba Nan Miojo Rengue Kio para solucionar uno que otro problema sin profundizar. Pero un día de 1985 se me presentó una diarrea sangrante que mantuve por 2 días, sin darle la debida importancia. Tuve que ingresar a una clínica de emergencia y fui conducida por mi hijo de 13 años porque me había desmayado dos veces por una baja de hemoglobina . Bajo éstas circunstancias y queriéndome aferrar a la vida pronunciaba Nan Miojo Rengue Kio, hacía esfuerzos para visualizar el Gojonzon ya que lo había conocido en varias reuniones .
Así pronunciando vagamente comencé a tener confianza y resistir . Después de dos días y de haber manifestado una aparente mejoría, perdí los signos vitales y me revivieron con masajes al corazón. Me intervinieron de emergencia con alto riesgo eliminándome el estómago debido a un tumor de 16 cm. que abarcaba la totalidad del mismo y me unieron el esófago con los intestinos .El tumor resultó benigno. Perdí la noción del tiempo en terapia intensiva por más de una semana , sólo pensaba en Nan Miojo Rengue Kio para poder vivir y cuidar de mis hijos.
Cuando al fin pude hablar y desear comer me enteré que sólo debía ingerir líquidos y posteriormente alimentos sólidos acompañándolos de medicinas. Debía hacer un gran esfuerzo por comer cada tres horas. Mi vida dio un vuelvo radical y todo dependería de la constancia y del respeto que debía generar hacia mi propia vida. La psiquiatría sólo me ofrecía tranquilizantes. Yo me negaba a aceptar la realidad . ¿ El por qué me había pasado esto a mí? . Me quejaba y sufría mucho.
En medio de este infierno, llamé a las encargadas de mi zona y comencé a entonar Daimoku constantemente apoyada por miembros . Con dificultad visitaba algunas casas de miembros para entonar frente al Gojonzon. Aprendí a disfrutar del Daimoku, haciéndolo penetrar por todo mi cuerpo centrando mi oración en el aparato digestivo. Entonces el proceso de mi alimentación que era bastante penoso debido al esfuerzo de todos mis órganos comenzó a mejorar día a día y sin darme cuenta ya podía comer y degustar los alimentos sin miedo.
Las orientaciones y el apoyo de los miembros me fue de muy valiosa ayuda. Asistí a clases de gonguio y aprendí a entonarlo rápidamente, lo cual me producía alegría confianza y coraje.
Sentí la necesidad de recibir Gojonzon pero cuando se acercaba la fecha me obstaculizaba y capté que era mi tendencia a no apreciar la vida. Continuaba entonando Daimoku, leía y releía las orientaciones del Presidente Ikeda y logré sustituir la queja por agradecimiento. Recibí felizmente mi Gojonzon en 1987. Aprendí agradecer al Gojonzon en cada oración, valorar cada órgano de mi cuerpo y estaba convencida de la maravillosa fuerza vital que se manifestaba al estar en contacto de corazón con el Gojonzon y la capacidad sorprendente que posee nuestro cuerpo para regenerarse.
En agradecimiento, abrí mi casa para toda clase de reuniones colocando como centro de mi vida el Gojonzon captando cada vez más el compromiso de mi misión. Avanzaba rápidamente en el cambio de mi karma haciendo Revolución Humana, y apoyando a miembros.
Me reté a prolongar mi vida logrando así también cambio de mi karma Familiar pues muchas personas de mi familia mueren siendo jóvenes aún. Logré incorporarme al trabajo y obtener la jubilación para dedicarme de lleno a las actividades por el kosenrufu.
Ya completamente restablecida pude viajar y compartir con los miembros de la República Dominicana en el Festival de la Amistad, aprendiendo de su ejemplo. Eso me incentivó a tomar la decisión de cuidar y apreciar más el kaikan. Asumí la responsabilidad de suscribir y distribuir el Seikyo Criollo y animar a los miembros a aportar Zaimu. Todas éstas actividades me hacían sentir más cerca de Sensei y de sus propósitos. Mis hijos me sentían más fuerte y se alegraban cuando iba al Kaikan y uno de ellos se hizo miembro . Logré así mismo animar a muchas otras personas a hacer lo mismo.
En Septiembre de 1996 la manifestación de mi karma de salud volvió a presentarse de forma más leve. Tuve que ingresar de emergencia a la clínica y me operaron de una Obstrucción Intestinal sin evidencias de lesión tumoral. Mi Daimoku sincero y confiado me permitió resistir. Hubo que extraerme la vesícula biliar y cortar 24 cm. de intestino, mis pulmones se congestionaron y me mantenían con oxígeno.
Nuevamente tuve todo el apoyo de los miembros, sólo deseaba recuperarme rápidamente para dar Prueba Real de su daimoku sincero, constantemente pensaba en los miembros y en mis hijos. Sacaba fuerzas extrayendo valor. Y seguía disciplinadamente las instrucciones de los médicos, éstos me elogiaban por ser una excelente paciente; “ no se queja “ decían. Sorprendidos me manifestaban que mi organismo respondía cada vez mejor. ¡Tú eres un fenómeno! Y agregaban “a comenzar de nuevo”. Recordé que el último estudio que había preparado fue Hon ni myo (comenzar de nuevo). Pero con el apoyo de los miembros y mi Fe hacía más esfuerzo por recuperarme. Recordaba y me animaba con gratitud y esperanza un poema del Presidente Ikeda: LUCHEN... Resistan , aunque el cuerpo no resista más y al final alcanzarán aquella estrella que parecía inalcanzable.
Llegué a mi casa y sentándome frente al Gojonzon agradecí con tal fervor, percibiendo nuevamente toda su grandiosidad . La respuesta de mis oraciones era evidente, había prologado mi vida y además ésta vez no quedé con deudas . la operación pudo realizarse a tiempo a tiempo ya que el intestino se hubiera podido romper. Por otra parte mis hijos sufrieron menos, se mostraron valientes y confiados .
Agradezco a ellos tanto el amor que me dan y se los retribuyo manifestándoles más respeto y amor hacia ellos. Hoy ya son hombres sanos , profesionales luchadores, honestos , independientes y prósperos.
Comprendí que ésta práctica nos favorece más cuando la Fe se fortalece, entonces los problemas se empequeñecen con el cambio de nuestra condición de vida.
Logré recuperarme con gran rapidez, la digestión volvió a normalizarse en menor tiempo y asimilar los alimentos. Mi organismo respondía con su propia fuerza natural. Tengo la convicción de que cuando estoy frente al Gojonzon mi daimoku produce simultáneamente la respuesta.
He podido participar en cada una de las actividades de la S.G.I.V. y he disfrutado plenamente de ellas venciendo completamente mis limitaciones. Estoy aprendiendo a apreciar la vida y a no desperdiciarla un solo instante porque es demasiado valiosa. Oro para fortalecer y lograr que la Misericordia sea mi base para actuar, proteger a los miembros, apoyarlos con sabiduría y calidez, como me inspiran siempre las orientaciones que estudio de Presidente Ikeda.
Mi oración diaria está dirigida agradecer cada vez más, volcando esta energía dando apoyo continuo sin escatimar esfuerzo. Es un ritmo de dar y recibir. Así muevo mi vida, no podría quedarme con ésta energía después que gracias al Daimoku mi cuerpo responde bien.
Para finalizar , trasmitirles que ya he experimentado : cuando nos proponemos actuar con alegría y convicción para el kosenrufu, brota una enorme fuerza vital y una buena fortuna inmensa . Vamos entonces a luchar unidas armoniosamente por la Felicidad de toda la humanidad. Sensei confía en nosotras.
Muchas Gracias,
27.1.05
Venciendo mi tendencia a escapar
Profesor José Alberto Romero León
Tomado de Seikyo Criollo Octubre 1999
El año escolar 98-99 finalizó el 7 de julio de 1999 con el acto de graduación de bachilleres. Yo, me desempeño como profesor en una institución educativa en los Valles de Tuy, específicamente en Charallave. Desde hace algún tiempo había venido entonando Daimoku para que el año escolar en mi liceo tuviese un final feliz. Cuando llegué a ese liceo, en noviembre de 1995, la institución venía saliendo de una crisis de la cual las relaciones personales habían salido derrotadas. Yo llegaba, como profesor a tiempo completo proveniente de un liceo en donde sentí que había escapado.
Mi arribo al liceo donde actualmente laboro, significó en ese momento la sobrevivencia a un holocausto psicológico que por poco me destruye. Yo pensaba, inocentemente, que trasladarme de centro de trabajo era la solución al problema. Me mudaba de liceo, pero me traía, sin saberlo, eso que yo llamo la maletita karmática. Yo no conocía Budismo en ese momento, pero es importante resaltar en este punto que fue aquí donde entré en contacto con esta filosofía a través de una representante budista, miembro de la SGIV, a quien conocí y puse en contacto, casi inmediatamente con mi esposa y mi suegra, la primera se estaba acercando al Budismo, la segunda ya tenía alrededor de 12 años de práctica.
Mientras tanto, mi trabajo en el liceo continuaba su curso. Paredes agrietadas o con pintura deteriorada, maleza, basura y filtraciones eran los signos más evidentes del grado de deterioro de ese lugar. El chisme, la envidia y otros sentimientos bajos comenzaban a envolverme y me asaltaba un malestar ya conocido por mí: las ganas de partir, o mejor dicho, de huir, de escapar de allí. Sentía que merecía estar en un mejor lugar. Al año siguiente, en noviembre de 1996 comencé a practicar Budismo y empecé a cantar, entre otras cosas, por irme de allí. Hacía Daimoku, oraba fervientemente por trabajar en otro lugar, pero aparentemente no pasaba nada. Continuaba allí, estancado, creía yo que consumiéndome.
Empecé a cuestionarme acerca de los efectos del Daimoku, no entendía qué pasaba y mientras más cantaba por irme más me iba quedando. Entonces, enfoqué mi oración para el mejoramiento de mi lugar de trabajo, comencé a ver hacia mi entorno y me determiné a cantar fuertemente porque mi lugar de trabajo fuese un sitio armonioso, una tierra de paz. Y los cambios se hicieron tangibles. El liceo empezó a mejorar su aspecto lenta pero progresivamente. La grama y las flores comenzaron a crecer donde hasta hacía poco sólo habían piedras. Una pared fue construida donde antes había una cerca semiderrumbada, las oficinas fueron acondicionadas y las áreas verdes se hicieron más visibles. Pero faltaba algo.
Las relaciones interpersonales en todo el liceo y la salud de los que dirigían el mismo seguía en franco deterioro. Yo continuaba entonando Daimoku y los problemas iban profundizándose. Las últimas tres personas que habían tenido la responsabilidad de la dirección del liceo se habían enfermado, dos de ellas gravemente, en el ejercicio de sus funciones. La situación hizo crisis y en marzo de este año 1999, mi centro de trabajo era un barco a la deriva. No había quien lo gerenciara. La situación se hacía casi insostenible. Entonando Daimoku profundamente entendí en ese momento, por otra vía (había graves problemas de irrespeto en mi entorno familiar) que tenía que hacer Daimoku profundo por ese aspecto o área de mi vida. Tenía que y quería ser una persona más respetada, un hombre más respetable. Entoné fuertemente por extraer esas potencialidades desde lo más profundo de mí.
Y sucedió lo místicamente explicable: colegas, secretarias, obreros y estudiantes comenzaron a ver en mí a esa persona capaz de tomar las riendas del liceo y evitar que éste fuese una nueva versión del Titanic. La sola idea de encargarme de la dirección me aterraba. Me designaron en comisión para plantear la problemática de la falta de dirección en la gerencia del liceo. Fui a la Zona Educativa del Estado Miranda y la respuesta que obtuve fue: Encárguese usted. Fui a la Asamblea Legislativa del Estado Miranda donde me fue concedido un derecho de palabra ante la Comisión de Educación a fin de buscarle solución inmediata a un problema karmático que ese liceo tiene desde que fue fundado en 1987 y la respuesta de la comisión fue una interrogante: ¿Y por qué no se encarga usted? Mi respuesta siempre era la misma: Es que yo no tengo tiempo.
Mientras tanto, yo continuaba entonando Daimoku por más respeto en mi vida y lo que obtenía en retribución era más responsabilidad. Yo no entendía aquello. Me parecía fuera de toda lógica. ¡Claro! No podía entenderlo lógicamente, tenía que comprenderlo místicamente, con mi vida. Comprendí entonces, que si casi todos creían que yo era la persona indicada, era porque ellos me percibían como la persona respetable por la que yo había venido entonando Daimoku. Al fin y al cabo, ¿no era por más respeto por lo que estaba cantando? Comprendí, que eso era una evidente respuesta a mis oraciones y que yo había hecho las causas para desempeñar tan relevante y exigente posición. Digo esto porque siempre tengo presente frente a cualquier circunstancia de mi vida aquel fragmento del Sutra Shinjikan que Nichiren Daishonin cita en su tratado "La Apertura de los Ojos" que dice: Si quieren comprender las causas que existieron en el pasado, miren los resultados que se manifiestan en el presente. Y si quieren conocer los resultados que se manifestarán en el futuro, miren las causas que existen en el presente.
Finalmente, tomé la decisión, y un día de Junio de este año 1999 pasé a ser el Director encargado del liceo "Creación Charallave". No podía continuar evadiendo, por miedos muy profundos, esa responsabilidad. He comenzado, gracias a esta extraordinaria práctica, a vencer mis temores, mi ira hacia mi mismo, porque el miedo no es sino una mezcla donde confluyen tres de los cuatro bajos mundos, ira hacia uno mismo (por no sentirse seguro que no es otra cosa que no sentirse digno), animalidad por aquello del instinto de conservación que invade a todo animal asustadizo, e infierno por el sufrimiento en el cual el miedo nos sumerge.
Comencé a gerenciar el liceo y los cambios positivos se hacían más notorios tanto en lo físico como en lo espiritual. Fui sumando aliados y todos me transmitían verbal o actitudinalmente una sensación de agradecimiento que yo no podía retribuir sino con más compromiso. Trabajé mucho más horas de las que me correspondía trabajar. Desde el primer día de mi gestión vi, no sin asombro, como los problemas y sus respectivas solucione se presentaban como una cadena de circunstancias con final feliz. A mi llegada al cargo, varios colegas cayeron enfermos, una colega fue operada, dos sufrieron un accidente automovilístico, otra colega sufrió traumatismos en la cara producto de una pedrada y la madre de una de las secretarias de mi antigua seccional sufrió un Accidente Cerebro Vascular.
Todo esto generaba ausentismo, es decir, obstáculos para mi gestión. Pero yo, siguiendo aquella orientación de Nichiren Daishonin plasmada en el Gosho la "Felicidad en este Mundo" sufría lo que tenía que sufrir cuando se presentaban los obstáculos y gozaba lo que tenía que gozar cuando "llegaban" las soluciones. Yo continuaba entonando Nam Miojo Rengue Kio con la misma convicción con la que llegué al cargo de director: hacer del liceo una tierra pacífica, un lugar para la paz. Donde quiera que esté, ese lugar debe ser un espacio armonioso y tengo en Nam Miojo Rengue Kio el instrumentopara lograrlo. Creo firmemente que, como dijo Nichiren en el Gosho "Sobre el logro de la Budeidad" que si el corazón de las personas es puro, su tierra también lo será. Como budista, debo preocuparme por atesorar a mis compañeros, sean budistas o no, y yo en concordancia con esa idea he mantenido contacto con todos ellos y ya por cierto le he hablado de Budismo a alguno de ellos.
En mi primera semana como director se cristalizó la visita, con mis ahijados de promoción de 2° de Humanidades, no sólo a la Exposición sobre Armas Nucleares sino también al Kaikan. Fue una experiencia muy reconfortante si tomamos en cuenta el extravío en el cual se haya sumida nuestra juventud. Por cierto algunos manifestaron su interés por el Budismo. Uno de ellos ya ha entonado y me ha comunicado que ha tenido prueba inmediata. La práctica del Budismo me ha fortalecido ese sentido al que todo docente debe despertar. Tal y como lo dije al comienzo de la narración de mi experiencia, yo había venido cantando para que el año escolar tuviese un final feliz. El 29 de Julio de 1999 se celebró el acto de graduación de bachilleres. Ese día obtuve grandes beneficios. Me fueron otorgadas dos placas de reconocimiento, una por parte de mis ahijados de promoción de 2° de Humanidades y la otra (era una sorpresa) me fue otorgada por los graduandos de las cinco secciones, quienes previa votación, me habían seleccionado como el profesor que se hacía acreedor de tan alta distinción.
Por primera vez en mi vida fui ovacionado de pie por una audiencia y hoy no dejo de agradecer a la Ley Mística que el año escolar haya terminado así. Hoy, siento que los efectos de mi práctica han comenzado a manifestarse en mi entorno laboral. Mi liceo luce hoy como una edificación a ser inaugurada porque fue incluida en el Plan Bolívar 2000 y ha sido casi totalmente refaccionada. Actualmente continúo orando profundamente para que esos efectos se manifiesten más fuertemente en mi ambiente familiar, pero este es tema para otra experiencia. Espero narrarla pronto. Muchísimas gracias.
Escribí una nueva historia para mi vida
Experiencia de Jack DiPietro
Rancho Santa Margarita, California. World Tribune, junio 4, 1999.
Tomado de Seikyo Criollo Diciembre 1999
Tomado de Seikyo Criollo Diciembre 1999
Jack DiPietro explica cómo su vida pasó de ‘infierno a felicidad’ durante sus 26 años de práctica budista. Aparte de disfrutar de numerosos tesoros del corazón, él está actualmente trabajando para adquirir un Ph. D. en Inglés, a pesar de haber sido diagnosticado con afasia congénita: "pérdida total o parcial del poder de usar o entender las palabras". En 1971, quedé devastado por el asesinato de mi amigo Eddy en Santa Mónica. Con 13 puñaladas, debido a una deuda de $30 con unos tipos, Eddy murió a mis pies, rogando: "Ayúdame, Jack, me estoy muriendo". A pesar de tener pesadillas cada noche y temer por mi propia vida, señalé a los criminales, lo cual condujo a la policía a encontrar el arma homicida y una chaqueta ensangrentada en casa del principal sospechoso, los componentes de un caso sólido, o al menos así lo pensé
yo.
En el proceso, el juez desechó la evidencia, desestimó al testigo ocular (yo), y descartó el caso. A esas alturas de mi vida, me convertí en un nihilista activo; no creía en nada; para mí, el mundo físico era todo lo que existía, y estaba convencido de que el universo era indiferente hacia mí. No creía en ninguna existencia, influencia o significado sobrenatural ni espiritual. Mi vida era el infierno. Sartre se equivocó. Recuerdo que en ese entonces pensaba: "el infierno no es 'la otra gente', el infierno soy yo. El diccionario Webster debería colocar una foto mía, de 8 x 10 pulgadas, junto a la definición de infierno". Luego, cuando mi novia, Tricia, una conejita de Playboy, me abandonó un año después, me sumergí en el más profundo y oscuro, la madre de todos los infiernos.
Afortunadamente, para mí, sin embargo, mi amigo Cleve se había unido a la SGI-USA en 1971. Cleve había sido algo así como mi guru. Por un par de años, tuve una relación pseudo maestro discípulo con Cleve. Sin embargo, me alejé de él cuando se unió a lo que yo supuse era algún tipo de culto extraño. Aún así, fue a Cleve a quien llamé cuando la conejita Tricia me dejó. Me quedo corto cuando digo que manifesté una absoluta incredulidad cuando me dijo que entonara Nam-miojo-rengue-kio para que mi chica regresara. A pesar del hecho de que me perdería el Show de Sonny y Cher (n.t.: popular programa de televisión de la época), asistí a mi primera reunión budista esa noche, y en ese momento y lugar me uní a la SGI-USA.
Veintiséis años después, me siento increíblemente feliz por haberlo hecho. Todo cambió , mi vida pasó del infierno a la felicidad. Desde que estoy practicando este budismo he recibido beneficios extraordinarios, he superado obstáculos tremendos y constantemente he profundizado mi fe en el Budismo del Daishonin. A modo de ilustración diré que, en 1976 me casé con una joven quien desde entonces ha sido la base y el apoyo principal de mi vida. Me había unido a la SGI-USA porque quería que mi conejita Tricia regresara. Realmente creo que lo que regresó desde mi pasado eterno fue mi esposa, mi pareja espiritual. Irónicamente, su nombre también es Tricia. Durante los 22 y tantos años que hemos estado juntos, nos hemos tenido que respaldar el uno al otro muchas veces. Por ejemplo, por 12 años intentamos desesperadamente tener hijos. Sin embargo, los muchos doctores que visitamos en el curso de esos años, no pudieron diagnosticar la causa. Finalmente, buscamos orientación de una persona con experiencia en la fe, quien nos dijo que nos esforzáramos en tratar a los miembros de la SGI como si fueran nuestros hijos, hablando figuradamente, por supuesto. Como responsables de cabildo que éramos en ese momento, pusimos su orientación en práctica de inmediato. Poco después, el problema fue diagnosticado, y hoy en día tenemos dos preciosos hijos, Tom y Tracy, a quienes estamos criando con una tremenda alegría, amor y agradecimiento. Estos recuerdos y estos niños son ambos mis preciosos tesoros del corazón. Los miembros de la SGI también son preciosos tesoros del corazón para mí.
Recuerdo en 1992, por ejemplo, como Jon, un miembro de mi cabildo, salvó mi vida. En realidad, sólo estaba devolviéndome el favor, porque unos cuantos años antes yo había ayudado a salvar la suya. Jamás olvidaré cuando me llamó para decirme que sus médicos le acababan de dar 30 días de vida: debido a un estado avanzado de cáncer de pulmones. "Jack", me dijo: "los doctores me dijeron que arreglara todas mis cosas". Quedé petrificado. Casi le digo que le diría a alguien con más experiencia que le devolviese la llamada porque sentía que no tenía la sabiduría para ayudarlo. Entonces recordé que casi 20 años antes mi amigo Eddy había muerto a mis pies mientras yo permanecía impotente, y sabía que no iba a dejar que eso ocurriese de nuevo, porque esta vez no estaba desarmado. Una inmensa confianza brotó a la superficie de mi vida; las palabras salieron de mi boca casi como si tuvieran vida propia. Le dije a Jon: Tus médicos no saben nada acerca del poder del Gojonzon, Jon, el poder de Nam Miojo Rengue Kio. Tú no te vas a morir, ¡te lo prometo! ¡Tú vas a vivir porque tú tienes una misión que cumplir por el Kosen Rufu! ¿Por qué no entonas Daimoku durante 10 horas cada día para poder vivir con el propósito de cumplir con esa misión? Jon vivió y dejó confundidos a todos los doctores en el Hospital City of Hope quienes erróneamente habían anticipado su fin.
Hace un par de años, Jon se me acercó después de una reunión de diálogo y me preguntó si me acordaba de cuando le dije que entonara 10 horas de daimoku por día. Dijo: "Nunca te dije esto antes, pero no logré entonar las 10 horas por día porque me sentía terriblemente mal todo el tiempo, debido a las grandes dosis de
Quimioterapia y radiación que recibía. De manera que sólo pude entonar tres horas por día. Lo siento Jack." Los miembros son sin duda alguna tesoros del corazón tan maravillosos. Como dije anteriormente, sin embargo, Jon sólo estaba devolviéndome el favor.
Para enero de 1992, el negocio familiar (Mi esposa yo somos consultores financieros que trabajamos por nuestra cuenta) había estado "circundando el WC" por los dos últimos años debido a la fea depresión económica que sufrió California desde principios hasta mediados de los años 90. Ya habíamos perdido nuestra propiedad de tres acres, carros, caballos y ahorros. Ya habíamos experimentado obstáculos similares diez años atrás y los habíamos superado con nuestra práctica budista. Por alguna razón, sin embargo, fui tan tonto como para pensar que al sobrepasar esos obstáculos financieros una vez, ya nunca tendría que enfrentarlos de nuevo. Y me sorprendí mucho cuando volvieron a presentarse, en una escala mucho mayor aún, diez años después.
Aún así, comencé a entonar dos, después tres, cuatro, cinco horas de daimoku por día para superar estos obstáculos. Pero sin importar cuanto daimoku entonara, nada parecía cambiar. Después de dos años en esto, un domingo por la mañana en enero de 1992, después de hacer el gonguio, le dije a Tricia que iba a abandonar la práctica. Caramba, nunca había visto a mi esposa tan enojada; pero, dijera lo que dijera, estaba decidido a abandonar después de casi 20 años de práctica. Estaba frustrado y enojado por no poder salir del estancamiento kármico, con todo lo que estaba practicando. Mientras mi esposa me estaba regañando a gritos, el teléfono repicó. Era Jon. Su grupo estaba organizando una reunión en la que el tema era citas favoritas de los escritos de Nichiren Daishonin. Me preguntó si podía localizarle un pasaje en especial. Yo ya sabía exactamente cual era el pasaje que estaba buscando. Se lo leí por el teléfono: "Esta vez estoy seguro de que abandonará su fe. Si lo hace, no tengo la menor intención de reprochárselo. De igual manera, tampoco debe usted culparme a mí, Nichiren, cuando haya caído en el infierno. De ninguna manera es mi responsabilidad". (Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 2, (2da. ed.), p.243).
Cuán maravillosamente increíble el hecho de que Jon me llamase en ese momento crucial y me pidiera leerle esta orientación tan apropiada. Mientras le leía el pasaje, sentí como si el Daishonin me hablase a mí directamente. De manera que me encontré a mí mismo de nuevo en la condición de vida de infierno, de la cual había emergido hacía ya 20 años cuando comencé a practicar. Supe en ese instante que no iba a abandonar; comprendí que no iba a rendirme ante mí mismo, ni ante Jon y todos los demás miembros que contaban conmigo. Recuerdo haber pensado: "Juro, Daishonin, que nunca abandonaré; nunca me rendiré; nunca olvidaré mi promesa. Yo venceré, no importa qué suceda; sólo obsérvame". En ese preciso momento superé el estancamiento.
Consecuentemente, en los siguientes tres meses nuestro negocio arrojó ganancias por más de $100.000. Desde entonces, mientras que tres cuartas partes de nuestros competidores se han tenido que salir del negocio, nuestra pequeña compañía de dos personas se ha convertido en una de las primeras firmas ejecutivas de consultoría de la industria financiera de California del Sur. Por contraste, no me atrevo a pensar qué hubiera sido de mí si mi querido amigo no hubiese llamado ese domingo por la mañana en 1992. He querido escribir mi experiencia en la fe desde hace muchos años. Sin embargo, no lo había hecho debido a que tengo muchas dificultades con el lenguaje, ya que tengo afasia, que según el diccionario es "una pérdida total o parcial de la capacidad para usar o entender las palabras, quedando intactos los órganos vocales, sin alteración de la inteligencia. Resulta comúnmente de daño en el cerebro". Aún cuando sí sufrí una fractura severa de cráneo siendo pequeño, actualmente se me ha diagnosticado afasia congénita, lo cual tiene sentido ya que mi hijo de 10 años de edad también la ha heredado. Sin embargo, el caso de Tom es mucho más severo que el mío. Mientras que mi afasia provoca una pérdida moderada de la habilidad verbal, la suya causa una pérdida importante no sólo de la habilidad de usar las palabras sino también de entenderlas. Tom no habló hasta que tuvo 7 años de edad, y no construyó una oración completa hasta que tuvo casi 9. Debido a estos síntomas, un psicólogo de la escuela primaria nos dijo una vez que nuestro hijo era retardado mental.
Hace dos años, sin embargo, después de entonar una tremenda cantidad de daimoku por el bien de Tom, finalmente fue diagnosticada su verdadera condición afásica. Encontramos un terapista de lenguaje muy especial, cuya habilidad y determinación han permitido a Tom avanzar en sus habilidades de lenguaje exponencialmente en los dos últimos años. Gracias a Tom, pude ver con más claridad mi propia incapacidad afásica. Me sentí tan feliz de descubrir que el mal que me había plagado toda mi vida era claramente fisiológico. Las palabras simplemente no salían, especialmente cuando trataba de expresarlas en forma escrita. Siempre pensé que sólo se debía a estupidez mía. A pesar de esta condición, sin embargo, estoy terminando un Ph. D. en Inglés en la Universidad de Graduados de Claremont. Comencé mi master en enero de 1992, y he estado trabajando muy duro desde entonces. ¿Cuán duro? Bueno, por ejemplo, cuando tenía que escribir alguna tesis, me llevaría cuatro veces más tiempo escribirla que a mis compañeros. Desde 1992, he tenido que escribir 68 tesis.
Además de mis estudios y mi trabajo de tiempo completo como consultor, también soy profesor adjunto de Inglés en el Instituto Saddleback. He estado dando clases a tiempo parcial en pregrado desde 1993. Mi materia es Introducción a la Composición - ¡Qué ironía! Al fin he terminado el período regular del curso de Ph.D., y mis exámenes finales serán en agosto. En ese momento tendré que escribir una disertación de 200 páginas. Debido a que escribir me resulta tan difícil, esta disertación me ha preocupado desde que comencé mis estudios de postgrado. Aún así tengo que hacer un buen trabajo - no, un gran trabajo - en esta tesis final. Estoy escribiendo acerca del presidente de la SGI Daisaku Ikeda, comparando sus escritos con los escritos trascendentalistas de Emerson, Thoreau, y Whitman. El jurado de mi disertación será: el director del departamento de Inglés de la Universidad de Graduados de Claremont; el director del departamento de Inglés de la Universidad del Estado de California, en Los Angeles; el Dr. Alfred Balitzer, profesor de ciencias políticas en Claremont y el presidente honorario de la Universidad Soka de América. Es por esto que pienso que ha llegado el momento de escribir esta experiencia.
Hace un par de años, Jon se me acercó después de una reunión de diálogo y me preguntó si me acordaba de cuando le dije que entonara 10 horas de daimoku por día. Dijo: "Nunca te dije esto antes, pero no logré entonar las 10 horas por día porque me sentía terriblemente mal todo el tiempo, debido a las grandes dosis de
Quimioterapia y radiación que recibía. De manera que sólo pude entonar tres horas por día. Lo siento Jack." Los miembros son sin duda alguna tesoros del corazón tan maravillosos. Como dije anteriormente, sin embargo, Jon sólo estaba devolviéndome el favor.
Para enero de 1992, el negocio familiar (Mi esposa yo somos consultores financieros que trabajamos por nuestra cuenta) había estado "circundando el WC" por los dos últimos años debido a la fea depresión económica que sufrió California desde principios hasta mediados de los años 90. Ya habíamos perdido nuestra propiedad de tres acres, carros, caballos y ahorros. Ya habíamos experimentado obstáculos similares diez años atrás y los habíamos superado con nuestra práctica budista. Por alguna razón, sin embargo, fui tan tonto como para pensar que al sobrepasar esos obstáculos financieros una vez, ya nunca tendría que enfrentarlos de nuevo. Y me sorprendí mucho cuando volvieron a presentarse, en una escala mucho mayor aún, diez años después.
Aún así, comencé a entonar dos, después tres, cuatro, cinco horas de daimoku por día para superar estos obstáculos. Pero sin importar cuanto daimoku entonara, nada parecía cambiar. Después de dos años en esto, un domingo por la mañana en enero de 1992, después de hacer el gonguio, le dije a Tricia que iba a abandonar la práctica. Caramba, nunca había visto a mi esposa tan enojada; pero, dijera lo que dijera, estaba decidido a abandonar después de casi 20 años de práctica. Estaba frustrado y enojado por no poder salir del estancamiento kármico, con todo lo que estaba practicando. Mientras mi esposa me estaba regañando a gritos, el teléfono repicó. Era Jon. Su grupo estaba organizando una reunión en la que el tema era citas favoritas de los escritos de Nichiren Daishonin. Me preguntó si podía localizarle un pasaje en especial. Yo ya sabía exactamente cual era el pasaje que estaba buscando. Se lo leí por el teléfono: "Esta vez estoy seguro de que abandonará su fe. Si lo hace, no tengo la menor intención de reprochárselo. De igual manera, tampoco debe usted culparme a mí, Nichiren, cuando haya caído en el infierno. De ninguna manera es mi responsabilidad". (Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 2, (2da. ed.), p.243).
Cuán maravillosamente increíble el hecho de que Jon me llamase en ese momento crucial y me pidiera leerle esta orientación tan apropiada. Mientras le leía el pasaje, sentí como si el Daishonin me hablase a mí directamente. De manera que me encontré a mí mismo de nuevo en la condición de vida de infierno, de la cual había emergido hacía ya 20 años cuando comencé a practicar. Supe en ese instante que no iba a abandonar; comprendí que no iba a rendirme ante mí mismo, ni ante Jon y todos los demás miembros que contaban conmigo. Recuerdo haber pensado: "Juro, Daishonin, que nunca abandonaré; nunca me rendiré; nunca olvidaré mi promesa. Yo venceré, no importa qué suceda; sólo obsérvame". En ese preciso momento superé el estancamiento.
Consecuentemente, en los siguientes tres meses nuestro negocio arrojó ganancias por más de $100.000. Desde entonces, mientras que tres cuartas partes de nuestros competidores se han tenido que salir del negocio, nuestra pequeña compañía de dos personas se ha convertido en una de las primeras firmas ejecutivas de consultoría de la industria financiera de California del Sur. Por contraste, no me atrevo a pensar qué hubiera sido de mí si mi querido amigo no hubiese llamado ese domingo por la mañana en 1992. He querido escribir mi experiencia en la fe desde hace muchos años. Sin embargo, no lo había hecho debido a que tengo muchas dificultades con el lenguaje, ya que tengo afasia, que según el diccionario es "una pérdida total o parcial de la capacidad para usar o entender las palabras, quedando intactos los órganos vocales, sin alteración de la inteligencia. Resulta comúnmente de daño en el cerebro". Aún cuando sí sufrí una fractura severa de cráneo siendo pequeño, actualmente se me ha diagnosticado afasia congénita, lo cual tiene sentido ya que mi hijo de 10 años de edad también la ha heredado. Sin embargo, el caso de Tom es mucho más severo que el mío. Mientras que mi afasia provoca una pérdida moderada de la habilidad verbal, la suya causa una pérdida importante no sólo de la habilidad de usar las palabras sino también de entenderlas. Tom no habló hasta que tuvo 7 años de edad, y no construyó una oración completa hasta que tuvo casi 9. Debido a estos síntomas, un psicólogo de la escuela primaria nos dijo una vez que nuestro hijo era retardado mental.
Hace dos años, sin embargo, después de entonar una tremenda cantidad de daimoku por el bien de Tom, finalmente fue diagnosticada su verdadera condición afásica. Encontramos un terapista de lenguaje muy especial, cuya habilidad y determinación han permitido a Tom avanzar en sus habilidades de lenguaje exponencialmente en los dos últimos años. Gracias a Tom, pude ver con más claridad mi propia incapacidad afásica. Me sentí tan feliz de descubrir que el mal que me había plagado toda mi vida era claramente fisiológico. Las palabras simplemente no salían, especialmente cuando trataba de expresarlas en forma escrita. Siempre pensé que sólo se debía a estupidez mía. A pesar de esta condición, sin embargo, estoy terminando un Ph. D. en Inglés en la Universidad de Graduados de Claremont. Comencé mi master en enero de 1992, y he estado trabajando muy duro desde entonces. ¿Cuán duro? Bueno, por ejemplo, cuando tenía que escribir alguna tesis, me llevaría cuatro veces más tiempo escribirla que a mis compañeros. Desde 1992, he tenido que escribir 68 tesis.
Además de mis estudios y mi trabajo de tiempo completo como consultor, también soy profesor adjunto de Inglés en el Instituto Saddleback. He estado dando clases a tiempo parcial en pregrado desde 1993. Mi materia es Introducción a la Composición - ¡Qué ironía! Al fin he terminado el período regular del curso de Ph.D., y mis exámenes finales serán en agosto. En ese momento tendré que escribir una disertación de 200 páginas. Debido a que escribir me resulta tan difícil, esta disertación me ha preocupado desde que comencé mis estudios de postgrado. Aún así tengo que hacer un buen trabajo - no, un gran trabajo - en esta tesis final. Estoy escribiendo acerca del presidente de la SGI Daisaku Ikeda, comparando sus escritos con los escritos trascendentalistas de Emerson, Thoreau, y Whitman. El jurado de mi disertación será: el director del departamento de Inglés de la Universidad de Graduados de Claremont; el director del departamento de Inglés de la Universidad del Estado de California, en Los Angeles; el Dr. Alfred Balitzer, profesor de ciencias políticas en Claremont y el presidente honorario de la Universidad Soka de América. Es por esto que pienso que ha llegado el momento de escribir esta experiencia.
23.1.05
La relación sentimental de mis sueños
Experiencia de Robyn Thaw
Experiencia extraída del “World Tribune”, publicación de la SGI-USA, del 3 de abril de 1998.
Tomado del Seikyo Criollo Junio 1998
Después de 22 maravillosos años de práctica budista, Robyn Thaw logró exactamente lo que estaba retada a lograr, la relación sentimental de sus sueños. Ella puede ahora atestiguar
que en el Budismo no hay esfuerzo perdido, y que vale la pena esperar el verdadero amor.
He esperado mucho tiempo para tener esta experiencia y la emoción que siento de poder compartirla, finalmente, es enorme. Lo que voy a contar se refiere a ese pedazo de roca kármica que nunca parece moverse a lo largo de los años. Para mí, esta roca era la de las relaciones sentimentales y, en particular, la de encontrar y casarme con la persona correcta para mi vida; esa, a la que muchos llaman “el alma gemela”. En cada Gonguio de año nuevo yo me determinaba a cambiar esto y para entonces, al final de cada año, el 31 de diciembre, me veía de nuevo entonando Daimoku, sola, frente a mi Gojonzon, dispuesta a retomar mi determinación. Esta situación se repitió durante 20 años. Mi práctica budista se mantuvo fuerte a lo largo de los años. Como resultado, cambié mi vida. También llegué a un punto en el que dejé de sufrir por encontrar la persona con quien compartir mi vida. Me di cuenta que ya la estaba compartiendo con muchísima gente que realmente me importaba y aunque pensaba que para ese momento ya yo debía haber estado casada y con hijos, no podía quejarme. Estaba feliz y, a pesar de los ataques de soledad, tenía una vida maravillosa que incluía una atractiva y satisfactoria carrera que hace tres años me trajo de Boston a San Francisco.
Decidí que realmente yo ya no necesitaba orar sobre ese asunto. Sabía que, mientras me mantuviera entonando Daimoku y practicando por el bien de los demás, esta área de mi vida se iba a resolver cuando llegara el momento adecuado. El Gojonzon no está fuera de mi vida, esto me llevó a sentir que no tenía que cantar específicamente por algo en particular para que el Gojonzon conociera mi deseo. Hablé con la Sra. Clark, responsable de la División de Damas de la SGI de los Estados Unidos cuando visitó mi zona. Al final de nuestra conversación se me ocurrió contarle sobre mi nueva manera de pensar. Se mostró un poco sorprendida. Me preguntó si todavía quería casarme. Le dije que sí. Ella entonces me preguntó que cómo era posible que no estuviera orando por eso. Me explicó que, a veces, está muy bien que no oremos por todo lo que queremos, pues en la medida que nos devocionamos a la felicidad de los demás, nuestra vida se inunda de
beneficios. Me explicó que si tenemos un área débil en la vida que evitamos enfrentar, se nos abre una brecha que, con el tiempo, se llena de dudas y se hace cada vez más profunda. Me dijo que, si esto era algo que yo realmente deseaba, era muy importante que mantuviera el reto hasta hacerlo realidad. Así lo hice. Un maravilloso beneficio siguió.
Fui al Japón y estuve con el presidente Ikeda el 3 de mayo de 1997, en la reunión conmemorativa llevada a cabo en el Salón Makiguchi. En esa oportunidad el presidente Ikeda habló sobre lo que significa sostener una fuerte determinación para triunfar. Dijo que, con frecuencia, nuestra determinación es muy superficial, mientras que la verdadera determinación se mantiene día tras día, año tras año, sin fallar, suceda lo que suceda, tome el tiempo que tome. Comprendí que limitarse a sólo mantener la expectativa de que nuestros sueños se conviertan en realidad, sin la determinación de mantener esos sueños, es una visión superficial de nuestra práctica budista y que una visión así nos puede conducir a dudas e infelicidad. Durante muchos años esperé pasivamente que ciertas áreas problemáticas de mi vida cambiaran gracias a mi fuerte práctica, en lugar de usar mi práctica para atacar esas áreas. Había confundido expectativa con determinación. A pesar de que ambos son importantes, llegué a comprender claramente la diferencia. Me sentí emocionada, tremendamente agradecida y llena de esperanza. Cuando llegué a casa, estaba verdaderamente decidida a atacar muchas áreas de mi vida, incluyendo la de encontrar a la persona correcta con la cual compartir mi vida. Mi oración era simple: encontrar a alguien que me amara y me valorara, y que amara y valorara a la SGI. Sentía que ya tenía el resultado cada vez que oraba al Gojonzon. Cada vez que contaba una experiencia o que hablaba con otros les decía que yo sabía que iba a conocer esta persona muy pronto. No tenía dudas sobre ello.
Dos semanas después conocí a Alan. Ocho meses después Alan me pidió que me casara con él. Acabo de cumplir cuarenta y siete años y este será mi primer matrimonio. ¡Muy por encima de lo que dicen las estadísticas sobre las oportunidades que tiene una mujer para casarse cuando ha sobrepasado los 35 años! Debería mencionar lo maravilloso que es Alan como persona. Tenemos una relación increíble, mejor de lo que me hubiera atrevido a imaginar con cualquier persona. Hay amor, respeto, pasión, alegría, y profunda amistad. Él no practica pero me apoya de todas las formas posibles, hasta en la lectura y en las profundas conversaciones que sostenemos sobre el budismo. Somos “almas gemelas”. Algunas personas, cuando nos ven juntos, nos comentan que una relación como la nuestras es la que quisieran tener.
Alan es la persona con la que soñé toda mi vida. Realmente agradezco haber tenido la tremenda fortuna de esperar. Aun cuando eso no era lo que sentía a lo largo de los años. Nos conocimos en el momento absolutamente preciso para ambos. Estoy segura de que, según mis tendencias, si me hubiera casado hace muchos años como yo deseaba, no hubiera podido desarrollar la fuerte práctica y profunda convicción que tengo ahora en la fe. Mi captación de lo que soy y de dónde está mi felicidad, habría permanecido superficial. De esto estoy segura.
Un vicepresidente de la SGI de los Estados Unidos me contó una vez su hermosa experiencia sobre cómo conoció y se casó con su esposa. Me dijo que en su juventud había tomado la decisión de casarse y que desde entonces había comenzado a orar para encontrar la persona correcta para su vida, que entonara Daimoku y practicara con fuerza dentro de la organización, pero que los años pasaban y no aparecía la esposa. Cuando finalmente la conoció, supo que esa era la persona, sintió una profunda conexión con ella. La parte de su historia que más me conmovió fue que para el momento en que él había tomado la determinación de casarse, su futura esposa tenía sólo ¡catorce años! Obviamente, el tiempo no era el correcto y no se conocieron por muchos años, hasta que ella alcanzó la edad adecuada y estaba lista para casarse. Su espera me recuerda lo que el presidente Ikeda dice en el Volumen 1 de sus Disertaciones sobre el Sutra del Loto: “Puede haber momentos en los que pensemos ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ Sin embargo, no debemos permitirnos ser desviados cada vez que surge algún fenómeno; porque desde ya es seguro que seremos felices al final.
Deberíamos tomar como un entrenamiento todo lo que nos ocurre en nuestra práctica, para alcanzar el destino de nuestra felicidad. Si lo hacemos, más adelante veremos el profundo ‘significado’ e ‘intención’ subyacente a cada uno de estos fenómenos”. Mi experiencia de que mi oración haya sido respondida, no es el resultado de una cosa en particular. No se debió a que yo, de repente, recibiera la orientación correcta, o a que encontrara el área débil de mi vida que debía cambiar. No tiene que ver, simplemente, con que yo haya profundizado en cómo cuidar de los demás, o que haya cambiado un aspecto de mi práctica, o que me haya determinado por primera vez. Es una combinación y una acumulación de todo.
Con toda claridad, pude traspasar la barrera porque nunca me di por vencida. Esto no fue fácil en los momentos en que fueron surgiendo las dudas, año tras año. El presidente Ikeda escribe: “El Daishonin dice: ‘si no albergamos dudas en nuestros corazones, con seguridad alcanzaremos el Estado de Buda’. Quienes evitan sucumbir ante las dudas, suceda lo que suceda, son ganadores en la fe. Son las personas que verdaderamente comprenden la intención del Daishonin”. Cambié mi situación gracias a que año tras año, por muy fuerte que fuera la duda o el obstáculo que estuviera enfrentando e independientemente de lo que estuviera sintiendo en un momento determinado, siempre regresaba al Gojonzon y daba el máximo de mí por el bien de los demás dentro de la SGI, sin detenerme. Aun cuando había momentos en que hacía las actividades budistas por mi propio beneficio o desde mi propio ego, no importaba. Siempre trataba de estar cerca del corazón del presidente Ikeda, de trabajar mis propias debilidades , y de devocionar mi vida por apoyar la práctica de mis amigos de la SGI. Por eso gané. Qué increíble fortuna podemos acumular viviendo este tipo de vida, día tras día, año tras año. Aunque es maravilloso lo que siento al estar comprometida en matrimonio con alguien a quien amo tanto, tengo que decir que el verdadero beneficio no tiene en realidad nada que ver con haber encontrado a esta persona. El centro de mi alegría es saber con cada célula de mi vida que lo que el Gojonzon encierra es verdadero y que nuestra práctica por los demás realmente trae beneficios a nuestras propias vidas. Quiero agradecer al presidente Ikeda y a tantos amigos y dirigentes de la SGI en todo el país, que han estado conmigo y me han animado a través de los años. Ustedes son mis “tesoros del corazón”.
Hay una última cosa que quisiera decir. Cuando estuve en el Japón en 1990, recibí orientación de la Sra. Hachiya, Asistente a la Responsable de la División de Damas de la SGI, sobre cómo traspasar la barrera que nos impide encontrar a la persona correcta. Ella me dijo que mi reto no era encontrar un esposo sino desarrollar un corazón cálido y abierto y que, así, yo atraería a mi vida a la persona correcta. Una noche, Alan me sentó frente a él y me dijo “tú tienes el corazón más hermoso que yo jamás haya conocido. ¿Quieres casarte conmigo?”. Imagínense lo que le contesté.
Experiencia extraída del “World Tribune”, publicación de la SGI-USA, del 3 de abril de 1998.
Tomado del Seikyo Criollo Junio 1998
Después de 22 maravillosos años de práctica budista, Robyn Thaw logró exactamente lo que estaba retada a lograr, la relación sentimental de sus sueños. Ella puede ahora atestiguar
que en el Budismo no hay esfuerzo perdido, y que vale la pena esperar el verdadero amor.
He esperado mucho tiempo para tener esta experiencia y la emoción que siento de poder compartirla, finalmente, es enorme. Lo que voy a contar se refiere a ese pedazo de roca kármica que nunca parece moverse a lo largo de los años. Para mí, esta roca era la de las relaciones sentimentales y, en particular, la de encontrar y casarme con la persona correcta para mi vida; esa, a la que muchos llaman “el alma gemela”. En cada Gonguio de año nuevo yo me determinaba a cambiar esto y para entonces, al final de cada año, el 31 de diciembre, me veía de nuevo entonando Daimoku, sola, frente a mi Gojonzon, dispuesta a retomar mi determinación. Esta situación se repitió durante 20 años. Mi práctica budista se mantuvo fuerte a lo largo de los años. Como resultado, cambié mi vida. También llegué a un punto en el que dejé de sufrir por encontrar la persona con quien compartir mi vida. Me di cuenta que ya la estaba compartiendo con muchísima gente que realmente me importaba y aunque pensaba que para ese momento ya yo debía haber estado casada y con hijos, no podía quejarme. Estaba feliz y, a pesar de los ataques de soledad, tenía una vida maravillosa que incluía una atractiva y satisfactoria carrera que hace tres años me trajo de Boston a San Francisco.
Decidí que realmente yo ya no necesitaba orar sobre ese asunto. Sabía que, mientras me mantuviera entonando Daimoku y practicando por el bien de los demás, esta área de mi vida se iba a resolver cuando llegara el momento adecuado. El Gojonzon no está fuera de mi vida, esto me llevó a sentir que no tenía que cantar específicamente por algo en particular para que el Gojonzon conociera mi deseo. Hablé con la Sra. Clark, responsable de la División de Damas de la SGI de los Estados Unidos cuando visitó mi zona. Al final de nuestra conversación se me ocurrió contarle sobre mi nueva manera de pensar. Se mostró un poco sorprendida. Me preguntó si todavía quería casarme. Le dije que sí. Ella entonces me preguntó que cómo era posible que no estuviera orando por eso. Me explicó que, a veces, está muy bien que no oremos por todo lo que queremos, pues en la medida que nos devocionamos a la felicidad de los demás, nuestra vida se inunda de
beneficios. Me explicó que si tenemos un área débil en la vida que evitamos enfrentar, se nos abre una brecha que, con el tiempo, se llena de dudas y se hace cada vez más profunda. Me dijo que, si esto era algo que yo realmente deseaba, era muy importante que mantuviera el reto hasta hacerlo realidad. Así lo hice. Un maravilloso beneficio siguió.
Fui al Japón y estuve con el presidente Ikeda el 3 de mayo de 1997, en la reunión conmemorativa llevada a cabo en el Salón Makiguchi. En esa oportunidad el presidente Ikeda habló sobre lo que significa sostener una fuerte determinación para triunfar. Dijo que, con frecuencia, nuestra determinación es muy superficial, mientras que la verdadera determinación se mantiene día tras día, año tras año, sin fallar, suceda lo que suceda, tome el tiempo que tome. Comprendí que limitarse a sólo mantener la expectativa de que nuestros sueños se conviertan en realidad, sin la determinación de mantener esos sueños, es una visión superficial de nuestra práctica budista y que una visión así nos puede conducir a dudas e infelicidad. Durante muchos años esperé pasivamente que ciertas áreas problemáticas de mi vida cambiaran gracias a mi fuerte práctica, en lugar de usar mi práctica para atacar esas áreas. Había confundido expectativa con determinación. A pesar de que ambos son importantes, llegué a comprender claramente la diferencia. Me sentí emocionada, tremendamente agradecida y llena de esperanza. Cuando llegué a casa, estaba verdaderamente decidida a atacar muchas áreas de mi vida, incluyendo la de encontrar a la persona correcta con la cual compartir mi vida. Mi oración era simple: encontrar a alguien que me amara y me valorara, y que amara y valorara a la SGI. Sentía que ya tenía el resultado cada vez que oraba al Gojonzon. Cada vez que contaba una experiencia o que hablaba con otros les decía que yo sabía que iba a conocer esta persona muy pronto. No tenía dudas sobre ello.
Dos semanas después conocí a Alan. Ocho meses después Alan me pidió que me casara con él. Acabo de cumplir cuarenta y siete años y este será mi primer matrimonio. ¡Muy por encima de lo que dicen las estadísticas sobre las oportunidades que tiene una mujer para casarse cuando ha sobrepasado los 35 años! Debería mencionar lo maravilloso que es Alan como persona. Tenemos una relación increíble, mejor de lo que me hubiera atrevido a imaginar con cualquier persona. Hay amor, respeto, pasión, alegría, y profunda amistad. Él no practica pero me apoya de todas las formas posibles, hasta en la lectura y en las profundas conversaciones que sostenemos sobre el budismo. Somos “almas gemelas”. Algunas personas, cuando nos ven juntos, nos comentan que una relación como la nuestras es la que quisieran tener.
Alan es la persona con la que soñé toda mi vida. Realmente agradezco haber tenido la tremenda fortuna de esperar. Aun cuando eso no era lo que sentía a lo largo de los años. Nos conocimos en el momento absolutamente preciso para ambos. Estoy segura de que, según mis tendencias, si me hubiera casado hace muchos años como yo deseaba, no hubiera podido desarrollar la fuerte práctica y profunda convicción que tengo ahora en la fe. Mi captación de lo que soy y de dónde está mi felicidad, habría permanecido superficial. De esto estoy segura.
Un vicepresidente de la SGI de los Estados Unidos me contó una vez su hermosa experiencia sobre cómo conoció y se casó con su esposa. Me dijo que en su juventud había tomado la decisión de casarse y que desde entonces había comenzado a orar para encontrar la persona correcta para su vida, que entonara Daimoku y practicara con fuerza dentro de la organización, pero que los años pasaban y no aparecía la esposa. Cuando finalmente la conoció, supo que esa era la persona, sintió una profunda conexión con ella. La parte de su historia que más me conmovió fue que para el momento en que él había tomado la determinación de casarse, su futura esposa tenía sólo ¡catorce años! Obviamente, el tiempo no era el correcto y no se conocieron por muchos años, hasta que ella alcanzó la edad adecuada y estaba lista para casarse. Su espera me recuerda lo que el presidente Ikeda dice en el Volumen 1 de sus Disertaciones sobre el Sutra del Loto: “Puede haber momentos en los que pensemos ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ Sin embargo, no debemos permitirnos ser desviados cada vez que surge algún fenómeno; porque desde ya es seguro que seremos felices al final.
Deberíamos tomar como un entrenamiento todo lo que nos ocurre en nuestra práctica, para alcanzar el destino de nuestra felicidad. Si lo hacemos, más adelante veremos el profundo ‘significado’ e ‘intención’ subyacente a cada uno de estos fenómenos”. Mi experiencia de que mi oración haya sido respondida, no es el resultado de una cosa en particular. No se debió a que yo, de repente, recibiera la orientación correcta, o a que encontrara el área débil de mi vida que debía cambiar. No tiene que ver, simplemente, con que yo haya profundizado en cómo cuidar de los demás, o que haya cambiado un aspecto de mi práctica, o que me haya determinado por primera vez. Es una combinación y una acumulación de todo.
Con toda claridad, pude traspasar la barrera porque nunca me di por vencida. Esto no fue fácil en los momentos en que fueron surgiendo las dudas, año tras año. El presidente Ikeda escribe: “El Daishonin dice: ‘si no albergamos dudas en nuestros corazones, con seguridad alcanzaremos el Estado de Buda’. Quienes evitan sucumbir ante las dudas, suceda lo que suceda, son ganadores en la fe. Son las personas que verdaderamente comprenden la intención del Daishonin”. Cambié mi situación gracias a que año tras año, por muy fuerte que fuera la duda o el obstáculo que estuviera enfrentando e independientemente de lo que estuviera sintiendo en un momento determinado, siempre regresaba al Gojonzon y daba el máximo de mí por el bien de los demás dentro de la SGI, sin detenerme. Aun cuando había momentos en que hacía las actividades budistas por mi propio beneficio o desde mi propio ego, no importaba. Siempre trataba de estar cerca del corazón del presidente Ikeda, de trabajar mis propias debilidades , y de devocionar mi vida por apoyar la práctica de mis amigos de la SGI. Por eso gané. Qué increíble fortuna podemos acumular viviendo este tipo de vida, día tras día, año tras año. Aunque es maravilloso lo que siento al estar comprometida en matrimonio con alguien a quien amo tanto, tengo que decir que el verdadero beneficio no tiene en realidad nada que ver con haber encontrado a esta persona. El centro de mi alegría es saber con cada célula de mi vida que lo que el Gojonzon encierra es verdadero y que nuestra práctica por los demás realmente trae beneficios a nuestras propias vidas. Quiero agradecer al presidente Ikeda y a tantos amigos y dirigentes de la SGI en todo el país, que han estado conmigo y me han animado a través de los años. Ustedes son mis “tesoros del corazón”.
Hay una última cosa que quisiera decir. Cuando estuve en el Japón en 1990, recibí orientación de la Sra. Hachiya, Asistente a la Responsable de la División de Damas de la SGI, sobre cómo traspasar la barrera que nos impide encontrar a la persona correcta. Ella me dijo que mi reto no era encontrar un esposo sino desarrollar un corazón cálido y abierto y que, así, yo atraería a mi vida a la persona correcta. Una noche, Alan me sentó frente a él y me dijo “tú tienes el corazón más hermoso que yo jamás haya conocido. ¿Quieres casarte conmigo?”. Imagínense lo que le contesté.
Si no hubiese sido por esta maravillosa práctica...
EXPERIENCIA DE LA SRA. ANGÉLICA DÍAZ, MIEMBRO DE CALI, COLOMBIA. DICIEMBRE 1997
Tomado del Seikyo Criollo, Marzo 1998
Buenos días queridos compañeros: saludo cariñosamente al Sr. Mazequina que viene desde el Perú a visitarnos - Angélica Romero encargada de las damas en Colombia y el Sr. Yesid Machado encargado de la organización en Colombia.
Señoras y señores:
Para mi es muy placentero representar al Dpto. del Valle del Cauca en tan importante asamblea como integrante del grupo budista y a la vez doy mis más sinceros agradecimientos por tenernos en cuenta, esperamos que estas reuniones se hagan con más frecuencia en las diferentes ciudades del país donde hayan integrantes de nuestra organización para lograr objetivos como la paz mundial. Les contaré la historia de mi vida antes de conocer este maravilloso Budismo Ortodoxo de Nichiren Daishonin.
Desde mi niñez he estado carente de mucho amor y comprensión y esto me trajo muchas amarguras a mi vida; me casé y fui muy infeliz. Elegí a la persona menos adecuada, me separé después de haber estado en clínicas de reposo y tomando calmantes en cantidad para mis angustias. Mi separación fue muy traumática pues me quitaron todo, lo único que faltaba era que me quitaran a mis hijos y mi esposo y su familia lo intentaron hacer. Debido a esta situación tan terrible decidí irme para Venezuela con mis dos hijos pues yo vivía en Medellín sumida en la amargura más grande, con un maletín en la mano y sin casa donde vivir; mis hijos vivían con mi suegra.
Me fui con ellos para Venezuela y fue también para sufrir, tomaba mucho licor y como el sufrimiento era tan grande odiaba a la gente y todo lo que me rodeaba. Me encontraba sola, muy sola, en un país extraño, pero ese odio era lo único que me hacia sentir fuerte y segura. Encontré un trabajo en una empresa en Caracas como secretaria y la persona que dirigía esa empresa era budista. Ella comprendió sin que yo dijera nada toda mi angustia y mi sufrimiento y me dio escrita en un papelito la palabra Nam Miojo Rengue Kio.
Empecé a practicar con mucha dificultad porque me daba miedo que Dios me castigara, así pensaba yo. Empecé a repetir Nam Miojo Rengue Kio y al poco tiempo vi como lograba las cosas con más facilidad. Al cabo de un año ya no sentía casi deseos de tomar, pero mi mente estaba como un rompecabezas y por lo tanto, mi vida estaba igual. Ahora, después de 18 años de práctica he visto y experimentado una profunda transformación. Los cambios que han habido en mi vida a través de mi práctica son: mi estabilidad emocional, laboral, familiar y el gran beneficio de tener mi casa propia para el Kosen-rufu y para que se hospeden en ella miembros de Colombia y de cualquier parte del mundo. Otro cambio que he tenido en mi vida ha sido el ya no sentir miedo de estar sola. La determinación que tengo ahora es la de luchar por el Kosen-rufu de Colombia, concretamente en Cali, ayudar a que sean felices las personas que ya conocen esta maravillosa práctica y las que deseen ingresar a ella y además apoyar a nuestros jóvenes que son el futuro de nuestra querida Colombia y para concluir les puedo decir que si no hubiese sido por esta maravillosa práctica del Budismo Ortodoxo de Nichiren Daishonin y la guía, aliento y orientación que a diario recibo del presidente Ikeda, yo ya no existiría y les puedo decir muy humildemente que se puede lograr con ella la felicidad y mucho más.
Tomado del Seikyo Criollo, Marzo 1998
Buenos días queridos compañeros: saludo cariñosamente al Sr. Mazequina que viene desde el Perú a visitarnos - Angélica Romero encargada de las damas en Colombia y el Sr. Yesid Machado encargado de la organización en Colombia.
Señoras y señores:
Para mi es muy placentero representar al Dpto. del Valle del Cauca en tan importante asamblea como integrante del grupo budista y a la vez doy mis más sinceros agradecimientos por tenernos en cuenta, esperamos que estas reuniones se hagan con más frecuencia en las diferentes ciudades del país donde hayan integrantes de nuestra organización para lograr objetivos como la paz mundial. Les contaré la historia de mi vida antes de conocer este maravilloso Budismo Ortodoxo de Nichiren Daishonin.
Desde mi niñez he estado carente de mucho amor y comprensión y esto me trajo muchas amarguras a mi vida; me casé y fui muy infeliz. Elegí a la persona menos adecuada, me separé después de haber estado en clínicas de reposo y tomando calmantes en cantidad para mis angustias. Mi separación fue muy traumática pues me quitaron todo, lo único que faltaba era que me quitaran a mis hijos y mi esposo y su familia lo intentaron hacer. Debido a esta situación tan terrible decidí irme para Venezuela con mis dos hijos pues yo vivía en Medellín sumida en la amargura más grande, con un maletín en la mano y sin casa donde vivir; mis hijos vivían con mi suegra.
Me fui con ellos para Venezuela y fue también para sufrir, tomaba mucho licor y como el sufrimiento era tan grande odiaba a la gente y todo lo que me rodeaba. Me encontraba sola, muy sola, en un país extraño, pero ese odio era lo único que me hacia sentir fuerte y segura. Encontré un trabajo en una empresa en Caracas como secretaria y la persona que dirigía esa empresa era budista. Ella comprendió sin que yo dijera nada toda mi angustia y mi sufrimiento y me dio escrita en un papelito la palabra Nam Miojo Rengue Kio.
Empecé a practicar con mucha dificultad porque me daba miedo que Dios me castigara, así pensaba yo. Empecé a repetir Nam Miojo Rengue Kio y al poco tiempo vi como lograba las cosas con más facilidad. Al cabo de un año ya no sentía casi deseos de tomar, pero mi mente estaba como un rompecabezas y por lo tanto, mi vida estaba igual. Ahora, después de 18 años de práctica he visto y experimentado una profunda transformación. Los cambios que han habido en mi vida a través de mi práctica son: mi estabilidad emocional, laboral, familiar y el gran beneficio de tener mi casa propia para el Kosen-rufu y para que se hospeden en ella miembros de Colombia y de cualquier parte del mundo. Otro cambio que he tenido en mi vida ha sido el ya no sentir miedo de estar sola. La determinación que tengo ahora es la de luchar por el Kosen-rufu de Colombia, concretamente en Cali, ayudar a que sean felices las personas que ya conocen esta maravillosa práctica y las que deseen ingresar a ella y además apoyar a nuestros jóvenes que son el futuro de nuestra querida Colombia y para concluir les puedo decir que si no hubiese sido por esta maravillosa práctica del Budismo Ortodoxo de Nichiren Daishonin y la guía, aliento y orientación que a diario recibo del presidente Ikeda, yo ya no existiría y les puedo decir muy humildemente que se puede lograr con ella la felicidad y mucho más.
22.1.05
Experiencia: En el combate, no permanecer solo
Por Gwenael Colin. (originalmente publicado por Troisième Civilitation. Feb. 1997)
Tomado del Seikyo Criollo. Junio 1997
Después de muchos meses, he resuelto hablar de mis andanzas para relatar mi compromiso con el Budismo de Nichiren Daishonin. Ha sido el miedo lo que me ha detenido en esta iniciativa, porque el asunto aquí es, por una parte, el Sida y por la otra, mi homosexualidad. Lo que es claro, es que todas las diferencias pueden ser fuente de rechazo por parte de los demás, en mi caso, enfrentando esta situación, lo que obtuve fue amargura y miedo. “Haz de tu vida una aventura”, con frecuencia me viene a la memoria esa frase que había ronunciado Sor Emmanuelle.1
Esa toma de conciencia de que sólo yo podía escribir la historia de mi vida se produjo a través del Sida. El punto de partida fue el día en el que supe que era seropositivo. Me hizo decir “no” a ese destino e intentar actuar y preguntarme ¿el ser humano puede cambiar su destino?
Una fábula de J. La Fontaine
¿Cuál es en la vida la parte de determinación y de libre albedrío? Esos dos aspectos me remitieron con frecuencia a la fábula de La Fontaine. Cuenta la historia de dos ranas que habían caído en una vasija de leche. La primera intentó infructuosamente saltar el recipiente y se desalentó, perdió la esperanza, se dejó hundir y finalmente se ahogó. La segunda, por el contrario, se movió tanto que la leche terminó convirtiéndose en mantequilla y se salvó. Hoy, considero que el Budismo me permite darme la oportunidad para intentar ser la segunda rana, me ha permitido establecer la dignidad de mi vida y no encerrarme dentro de una jaula de desesperanza.
En tan sólo un instante, aquellas palabras...
27 de diciembre de 1990: Centro de despistaje anónimo y gratuito del hospital La Grave- Toulouse. Para confirmar, tras las puertas de la habitación en la que había entrado, escuché a la doctora decirme con voz clara: “El resultado es positivo”. Un huracán me atravesó el cráneo. En tan sólo un instante, aquellas palabras y todo en mi cabeza se derrumbó. Me quedé aterrado. Tengo 24 años. Comienzo mi vida activa. Soy seropositivo del virus HIV. Ahora sabía que los rodeos se habían terminado, que la barra es alta y me enfrento a un combate de larga duración. En verdad soy muy obstinado, pero este combate parece superior a mis fuerzas.
Vuelvo a recordar el Budismo
Llegué a Toulouse en Marzo de 1990 por razones profesionales, mi compañera de trabajo me había hablado del Budismo. Durante un tiempo había juzgado la filosofía muy interesante, muy buena para los demás, pero inútil para mí. Sin embargo, vista la situación presente, las nociones de combate y de “Victoria o derrota” volvieron a mi cabeza. Fue igualmente mi compañera, quien me incitó a hacerme el examen de HIV, hoy día me doy cuenta que a ella le debo mucho. Ese 27 diciembre de 1990, de regreso a mi lugar de trabajo, a las 2:00 de la tarde, mi compañera Jocelyne, que sabía de mi visita al hospital me preguntó las nuevas sobre la serología, vió el resultado positivo y su respuesta no se hizo esperar: “Practica Budismo Gwen o al menos inténtalo”. Le respondí: “Ok, en el punto donde yo estoy no me cuesta nada intentar”. Creo que tuve la oportunidad de poder hablar enseguida acerca de mi seropositividad a alguien cercano. (Conociéndome, esperar algunos días no hubiera favorecido a que se abriera mi caparazón de ostra, cerrado para no poder abrirse nuevamente) Los días que siguieron anduve como un zombie, errante por la vida.
El suicidio, compañero fiel
Aunque mis reflexiones con relación al Budismo me brindaban un poco de esperanza, el suicidio, compañero fiel de mis días de infierno, hizo su aparición con más fuerza. Pasadas las festividades de fin de año descubrí el Budismo, asistí a las prácticas y reuniones de discusión. Recuerdo bien a los practicantes, cómo se comportaban, sus relaciones entre ellos. La perspectiva de la muerte y la decadencia me habían debilitado psicológicamente. No me quiero comprometer con una organización y una filosofía que podría aprovecharse de esa fragilidad.
Decidí brindarme la oportunidad de combatir
Marzo de 1991: Decidí partir a Japón por 2 semanas para intentar darme cuenta por mi mismo qué era la Soka Gakkai. Trabajando en una línea aérea, el precio del billete es muy reducido. Un amigo japonés, Toshiaki, me recibiría en el seno de su familia. De regreso a Francia, decidí valientemente brindarme la oportunidad de combatir. Me sumergí más seriamente en la práctica, en la lectura y en asistir a las reuniones. El Budismo me atrapó más y más y se convirtió en un bastión muy sólido donde apoyarme para poder sacar la fuerza de levantarme y continuar el camino. Mis fórmulas sanguíneas se mantenían firmes: mis CD4 aumentaban pasando de 700 en enero del 91’ a 900 en junio de 91’2 . Pero sé que la tormenta que se avecina en el horizonte viene derecho sobre mí. Tengo que fortalecerme al máximo. Junio del 91’: Me mudé y decidí alquilar un apartamento compartido con un practicante. Eso me brindó paralelamente la posibilidad de practicar delante de un Gojonzon mañana y tarde.
Mi compañera viene al rescate
27 de enero de 1993: Mis resultados de los CD4 han caído:407 y sin aviso. Llamaron a mi trabajo, la doctora al teléfono me habla del tratamiento y de AZT. Estoy aterrado. Una vez más mi compañera viene al rescate. En los días que siguen ella me prestará las llaves de su apartamento con el fin de que pueda ir a hacer Daimoku entre las 12 del mediodía y las 2 de la tarde. Siento que cedo terreno al pánico y la desesperación.
Reaccionar, exponer la situación.
Por cierto, luego que me anunciaron que era seropositivo, sé que el rostro de la muerte está frente a mí, cuando antes lo veía a lo lejos, en el horizonte, en el anonimato. Pero de un solo golpe se acercó a mí en silencio y me sentí desprotegido. Me hizo reaccionar. Recuerdo al encargado de un seminario quien en el curso de éste, nos había dicho: “En el combate no permanezcan solos”. En los días que siguieron, me fui a visitar a los practicantes más allegados y les expuse la situación. Para entonces, percibí que necesitaba hablar con mis padres pero eso era superior a mis fuerzas. Por supuesto, cuando a los 19 años mi bachillerato técnico fracasó, me abrí las venas. Había necesitado decirle a mis padres de mi mala alimentación, de mi atracción por las mujeres pero también por los hombres y todo eso que me pasaba, pero que no comprendía. Sin embargo, al hablar con ellos, he visto por igual su dolor y su confusión.
Dormir, comer, practicar y trabajar
Lunes 8 de febrero de 1993: He sido convocado por mi director. Trabajo en el área de fletes de una compañía aérea. Me comunicó que él está descontento con la calidad de mi trabajo. Los resultados comerciales de la estación no son buenos. Me habla de un despido. El sentimiento de urgencia es total. Durante ese período mi vida se organiza en torno a cuatro polos: dormir, comer, practicar y trabajar.
Ganar una amplia ventaja sobre el virus HIV
Decidí poner todas mis fuerzas en la batalla: práctica, reuniones de discusión, estudios, seminarios, actividades en Trest son mis citas. Mes tras mes, combate tras combate, todo esto va a contribuir a que yo restablezca una amplia ventaja sobre el virus HIV. Mi situación laboral evolucionó favorablemente
La Familia
Domingo 14 de febrero de 1993: Acordé con mi hermano menor Yann de reunirme en su casa. Él es alumno de enfermería en el hospital. Creo que comprenderá. Esa tarde, le hablé de mi vida, de la homosexualidad, del Sida, de mis resultados anteriores. Martes, abril de 1993: Voy a pasar algunos días de vacaciones en compañía de mis padres. He decidido hablarles de mi seropositividad. Mi hermano Yann estará presente. Practico mucho, tengo que basar mis acciones en el Gojonzon.
Diálogo con mis padres
Miércoles 14 de abril de 1993: durante la cena, aguanté la respiración y recité las frases que había más o menos preparado en mi cabeza. Hice el máximo esfuerzo para mostrarme seguro de mí. Vi a mi madre sentarse en su silla y llorar. Mi padre no dijo palabra. Él tiene esa manera de callarse que tienen los bretones cuando se afligen por tanta emoción. Después les hablé del Budismo. Ellos comprendieron mejor en lo sucesivo el por qué de mi compromiso. Hablamos hasta tarde en la noche. Al día siguiente fui con mi padre a comprar madera. La víspera de la cena le había hecho partícipe de mi deseo de construir un pequeño altar budista en mi antiguo cuarto. Aprovechamos los tres días siguientes para hacerlo. El domingo 18 de abril de 1993, regresé a Toulouse. Antes de partir, mis padres me dijeron que siempre estarían conmigo, que no me dejarían caer jamás, que sería hasta que la muerte nos separe. Me agradecieron que les hablara de mi seropositividad. Ellos preferían saber. Mis dudas se atenuaron. Para entonces, había conocido una familia practicante que vivía a 50 metros de la casa de mis padres. Desde entonces, cada vez que visito a mis padres, más o menos una vez al mes, ellos siempre me abren su puerta para una práctica o un café. Yo les estoy infinitamente agradecido.
Yo recibí el Gojonzon
El 31 de marzo de 1993, me mudé a un apartamento. A finales de junio mi padre vino a pasar algunos días en Toulouse con el objeto de rehacer la tapicería. El 26 de junio recibí Gojonzon en Trest. Es para mi un período de compromiso más profundo. En su estancia en Toulouse mi padre me acompaña en el carro, percibo su contacto. El discurso del señor Yamasaki y la ceremonia lo conmueven. Finalmente, él guardará un recuerdo imperecedero. Nos hablamos a menudo.
Alguien con quien hablar verdaderamente en los momentos de tempestad
Durante el verano de 1993 conocí a Francoise, ella había dejado de practicar por siete años y empezaba poco a poco. Más que ser una amiga, ella se convirtió igualmente en mi responsable en las reuniones de discusión. Ese encuentro me hizo pensar en lo que describe Antoine de Saint-Exupéry en el Principito: “Así he vivido, sólo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que una avería en el desierto del Sahara, hace seis años...” Parafraseando al presidente Ikeda, yo diría que en esos momentos de tempestad, Francoise ha permanecido siempre a mi lado, bajo la lluvia, incluso hasta mojarse los huesos a fin de que encontráramos un medio de escapar juntos de la tormenta.
Estar cerca de la muerte para comenzar a vivir
Domingo 2 de enero de 1994: me he citado con el Dr. Yamasaki para una orientación. Siendo médico, su apreciación budista del Sida contribuye a reforzar mi decisión de avanzar lo más lejos posible. Miércoles 7 de junio de 1995: Nuevo resultado sanguíneo CD4 a 209. El AZT no hace más efecto, debemos cambiar la molécula. Siempre tengo miedo de morir pero la muerte me da mucho menos miedo. Leí un día que debíamos estar cerca de la muerte para comenzar a vivir. Estoy de acuerdo. Domingo 25 de junio de 1995: Me cité con el Sr. Hasegawa. Francoise me acompaña. Hablamos principalmente de la homosexualidad. Decidí entonces profundizar en ese aspecto de mi vida con una psicoterapia. Siendo miembro de AIDES, contacto a una
psicóloga que trabaja allí. La veré durante más o menos seis meses, después me volveré hacia el psicoanálisis, trabajo que perseguí siempre.
Hacer de una prueba dolorosa un cambio
Durante mi infancia y mi adolescencia me había acostumbrado a callarme. Ahora no hago sino hablar, hablar, hablar. Hacer que una prueba dolorosa, una crisis, no sea más un drama sino un cambio constituye, sin duda alguna, una parte de la Revolución Humana de una persona. Amo ese término, especialmente la palabra revolución. Escuché un día a André Malraux, citar al escritor Salmon hablando de la Revolución Bolchevique de 1917: “Los hombres habrán vivido según sus corazones”. Hacer Revolución Humana es para mi inseparable de esa palabra.
De un ser impotente a un ser activo
Hace algún tiempo, Francoise me prestó un texto publicado en un diario para la mujer, en el cual el autor hablaba de la importancia de educar el corazón. Enunciaba cinco ángulos de ataque.
• Llegar a ser uno mismo sin huir de la realidad presente (Confrontación)
• Llegar a apreciar aquello que no nos agrada (Aceptación)
• Llegar a comprender aquello que no se entiende (Desarrollo)
• Llegar a hacer aquello que no se es capaz de hacer (Progresión)
• Pasar de ser impotente a ser activo.
Intente aplicar esas recomendaciones en los diferentes aspectos de mi vida, siempre con un telón de fondo, un traje de Daimoku permanente.
Apreciar a los seres queridos
Hoy, continúo el combate. Después del AZT, el DDI, el DDC mis balances sanguíneos son nuevamente satisfactorios. Los tratamientos han sido detenidos por algunos meses. Profesionalmente, no hay muchos avances. Jocelyn y yo debemos mejorar sin cesar los resultados comerciales de la oficina. Afectivamente estoy siempre solo. Con relación a mis padres, poco a poco, el rencor que me cegaba fue reemplazado por mucha misericordia. Puedo, entre tanto, abrir mi corazón y así apreciar más a los seres queridos de mi familia.
NOTAS:
1 Se refiere a una religiosa católica que consagró su vida a los habitantes de los barrios de Egipto.
2 Se considera en general que el umbral entre 200 y 500 linfocitos CD4 prefigura la declaración de Sida.
Tomado del Seikyo Criollo. Junio 1997
Esa toma de conciencia de que sólo yo podía escribir la historia de mi vida se produjo a través del Sida. El punto de partida fue el día en el que supe que era seropositivo. Me hizo decir “no” a ese destino e intentar actuar y preguntarme ¿el ser humano puede cambiar su destino?
Una fábula de J. La Fontaine
¿Cuál es en la vida la parte de determinación y de libre albedrío? Esos dos aspectos me remitieron con frecuencia a la fábula de La Fontaine. Cuenta la historia de dos ranas que habían caído en una vasija de leche. La primera intentó infructuosamente saltar el recipiente y se desalentó, perdió la esperanza, se dejó hundir y finalmente se ahogó. La segunda, por el contrario, se movió tanto que la leche terminó convirtiéndose en mantequilla y se salvó. Hoy, considero que el Budismo me permite darme la oportunidad para intentar ser la segunda rana, me ha permitido establecer la dignidad de mi vida y no encerrarme dentro de una jaula de desesperanza.
En tan sólo un instante, aquellas palabras...
27 de diciembre de 1990: Centro de despistaje anónimo y gratuito del hospital La Grave- Toulouse. Para confirmar, tras las puertas de la habitación en la que había entrado, escuché a la doctora decirme con voz clara: “El resultado es positivo”. Un huracán me atravesó el cráneo. En tan sólo un instante, aquellas palabras y todo en mi cabeza se derrumbó. Me quedé aterrado. Tengo 24 años. Comienzo mi vida activa. Soy seropositivo del virus HIV. Ahora sabía que los rodeos se habían terminado, que la barra es alta y me enfrento a un combate de larga duración. En verdad soy muy obstinado, pero este combate parece superior a mis fuerzas.
Vuelvo a recordar el Budismo
Llegué a Toulouse en Marzo de 1990 por razones profesionales, mi compañera de trabajo me había hablado del Budismo. Durante un tiempo había juzgado la filosofía muy interesante, muy buena para los demás, pero inútil para mí. Sin embargo, vista la situación presente, las nociones de combate y de “Victoria o derrota” volvieron a mi cabeza. Fue igualmente mi compañera, quien me incitó a hacerme el examen de HIV, hoy día me doy cuenta que a ella le debo mucho. Ese 27 diciembre de 1990, de regreso a mi lugar de trabajo, a las 2:00 de la tarde, mi compañera Jocelyne, que sabía de mi visita al hospital me preguntó las nuevas sobre la serología, vió el resultado positivo y su respuesta no se hizo esperar: “Practica Budismo Gwen o al menos inténtalo”. Le respondí: “Ok, en el punto donde yo estoy no me cuesta nada intentar”. Creo que tuve la oportunidad de poder hablar enseguida acerca de mi seropositividad a alguien cercano. (Conociéndome, esperar algunos días no hubiera favorecido a que se abriera mi caparazón de ostra, cerrado para no poder abrirse nuevamente) Los días que siguieron anduve como un zombie, errante por la vida.
El suicidio, compañero fiel
Aunque mis reflexiones con relación al Budismo me brindaban un poco de esperanza, el suicidio, compañero fiel de mis días de infierno, hizo su aparición con más fuerza. Pasadas las festividades de fin de año descubrí el Budismo, asistí a las prácticas y reuniones de discusión. Recuerdo bien a los practicantes, cómo se comportaban, sus relaciones entre ellos. La perspectiva de la muerte y la decadencia me habían debilitado psicológicamente. No me quiero comprometer con una organización y una filosofía que podría aprovecharse de esa fragilidad.
Decidí brindarme la oportunidad de combatir
Marzo de 1991: Decidí partir a Japón por 2 semanas para intentar darme cuenta por mi mismo qué era la Soka Gakkai. Trabajando en una línea aérea, el precio del billete es muy reducido. Un amigo japonés, Toshiaki, me recibiría en el seno de su familia. De regreso a Francia, decidí valientemente brindarme la oportunidad de combatir. Me sumergí más seriamente en la práctica, en la lectura y en asistir a las reuniones. El Budismo me atrapó más y más y se convirtió en un bastión muy sólido donde apoyarme para poder sacar la fuerza de levantarme y continuar el camino. Mis fórmulas sanguíneas se mantenían firmes: mis CD4 aumentaban pasando de 700 en enero del 91’ a 900 en junio de 91’2 . Pero sé que la tormenta que se avecina en el horizonte viene derecho sobre mí. Tengo que fortalecerme al máximo. Junio del 91’: Me mudé y decidí alquilar un apartamento compartido con un practicante. Eso me brindó paralelamente la posibilidad de practicar delante de un Gojonzon mañana y tarde.
Mi compañera viene al rescate
27 de enero de 1993: Mis resultados de los CD4 han caído:407 y sin aviso. Llamaron a mi trabajo, la doctora al teléfono me habla del tratamiento y de AZT. Estoy aterrado. Una vez más mi compañera viene al rescate. En los días que siguen ella me prestará las llaves de su apartamento con el fin de que pueda ir a hacer Daimoku entre las 12 del mediodía y las 2 de la tarde. Siento que cedo terreno al pánico y la desesperación.
Reaccionar, exponer la situación.
Por cierto, luego que me anunciaron que era seropositivo, sé que el rostro de la muerte está frente a mí, cuando antes lo veía a lo lejos, en el horizonte, en el anonimato. Pero de un solo golpe se acercó a mí en silencio y me sentí desprotegido. Me hizo reaccionar. Recuerdo al encargado de un seminario quien en el curso de éste, nos había dicho: “En el combate no permanezcan solos”. En los días que siguieron, me fui a visitar a los practicantes más allegados y les expuse la situación. Para entonces, percibí que necesitaba hablar con mis padres pero eso era superior a mis fuerzas. Por supuesto, cuando a los 19 años mi bachillerato técnico fracasó, me abrí las venas. Había necesitado decirle a mis padres de mi mala alimentación, de mi atracción por las mujeres pero también por los hombres y todo eso que me pasaba, pero que no comprendía. Sin embargo, al hablar con ellos, he visto por igual su dolor y su confusión.
Dormir, comer, practicar y trabajar
Lunes 8 de febrero de 1993: He sido convocado por mi director. Trabajo en el área de fletes de una compañía aérea. Me comunicó que él está descontento con la calidad de mi trabajo. Los resultados comerciales de la estación no son buenos. Me habla de un despido. El sentimiento de urgencia es total. Durante ese período mi vida se organiza en torno a cuatro polos: dormir, comer, practicar y trabajar.
Ganar una amplia ventaja sobre el virus HIV
Decidí poner todas mis fuerzas en la batalla: práctica, reuniones de discusión, estudios, seminarios, actividades en Trest son mis citas. Mes tras mes, combate tras combate, todo esto va a contribuir a que yo restablezca una amplia ventaja sobre el virus HIV. Mi situación laboral evolucionó favorablemente
La Familia
Domingo 14 de febrero de 1993: Acordé con mi hermano menor Yann de reunirme en su casa. Él es alumno de enfermería en el hospital. Creo que comprenderá. Esa tarde, le hablé de mi vida, de la homosexualidad, del Sida, de mis resultados anteriores. Martes, abril de 1993: Voy a pasar algunos días de vacaciones en compañía de mis padres. He decidido hablarles de mi seropositividad. Mi hermano Yann estará presente. Practico mucho, tengo que basar mis acciones en el Gojonzon.
Diálogo con mis padres
Miércoles 14 de abril de 1993: durante la cena, aguanté la respiración y recité las frases que había más o menos preparado en mi cabeza. Hice el máximo esfuerzo para mostrarme seguro de mí. Vi a mi madre sentarse en su silla y llorar. Mi padre no dijo palabra. Él tiene esa manera de callarse que tienen los bretones cuando se afligen por tanta emoción. Después les hablé del Budismo. Ellos comprendieron mejor en lo sucesivo el por qué de mi compromiso. Hablamos hasta tarde en la noche. Al día siguiente fui con mi padre a comprar madera. La víspera de la cena le había hecho partícipe de mi deseo de construir un pequeño altar budista en mi antiguo cuarto. Aprovechamos los tres días siguientes para hacerlo. El domingo 18 de abril de 1993, regresé a Toulouse. Antes de partir, mis padres me dijeron que siempre estarían conmigo, que no me dejarían caer jamás, que sería hasta que la muerte nos separe. Me agradecieron que les hablara de mi seropositividad. Ellos preferían saber. Mis dudas se atenuaron. Para entonces, había conocido una familia practicante que vivía a 50 metros de la casa de mis padres. Desde entonces, cada vez que visito a mis padres, más o menos una vez al mes, ellos siempre me abren su puerta para una práctica o un café. Yo les estoy infinitamente agradecido.
Yo recibí el Gojonzon
El 31 de marzo de 1993, me mudé a un apartamento. A finales de junio mi padre vino a pasar algunos días en Toulouse con el objeto de rehacer la tapicería. El 26 de junio recibí Gojonzon en Trest. Es para mi un período de compromiso más profundo. En su estancia en Toulouse mi padre me acompaña en el carro, percibo su contacto. El discurso del señor Yamasaki y la ceremonia lo conmueven. Finalmente, él guardará un recuerdo imperecedero. Nos hablamos a menudo.
Alguien con quien hablar verdaderamente en los momentos de tempestad
Durante el verano de 1993 conocí a Francoise, ella había dejado de practicar por siete años y empezaba poco a poco. Más que ser una amiga, ella se convirtió igualmente en mi responsable en las reuniones de discusión. Ese encuentro me hizo pensar en lo que describe Antoine de Saint-Exupéry en el Principito: “Así he vivido, sólo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que una avería en el desierto del Sahara, hace seis años...” Parafraseando al presidente Ikeda, yo diría que en esos momentos de tempestad, Francoise ha permanecido siempre a mi lado, bajo la lluvia, incluso hasta mojarse los huesos a fin de que encontráramos un medio de escapar juntos de la tormenta.
Estar cerca de la muerte para comenzar a vivir
Domingo 2 de enero de 1994: me he citado con el Dr. Yamasaki para una orientación. Siendo médico, su apreciación budista del Sida contribuye a reforzar mi decisión de avanzar lo más lejos posible. Miércoles 7 de junio de 1995: Nuevo resultado sanguíneo CD4 a 209. El AZT no hace más efecto, debemos cambiar la molécula. Siempre tengo miedo de morir pero la muerte me da mucho menos miedo. Leí un día que debíamos estar cerca de la muerte para comenzar a vivir. Estoy de acuerdo. Domingo 25 de junio de 1995: Me cité con el Sr. Hasegawa. Francoise me acompaña. Hablamos principalmente de la homosexualidad. Decidí entonces profundizar en ese aspecto de mi vida con una psicoterapia. Siendo miembro de AIDES, contacto a una
psicóloga que trabaja allí. La veré durante más o menos seis meses, después me volveré hacia el psicoanálisis, trabajo que perseguí siempre.
Hacer de una prueba dolorosa un cambio
Durante mi infancia y mi adolescencia me había acostumbrado a callarme. Ahora no hago sino hablar, hablar, hablar. Hacer que una prueba dolorosa, una crisis, no sea más un drama sino un cambio constituye, sin duda alguna, una parte de la Revolución Humana de una persona. Amo ese término, especialmente la palabra revolución. Escuché un día a André Malraux, citar al escritor Salmon hablando de la Revolución Bolchevique de 1917: “Los hombres habrán vivido según sus corazones”. Hacer Revolución Humana es para mi inseparable de esa palabra.
De un ser impotente a un ser activo
Hace algún tiempo, Francoise me prestó un texto publicado en un diario para la mujer, en el cual el autor hablaba de la importancia de educar el corazón. Enunciaba cinco ángulos de ataque.
• Llegar a ser uno mismo sin huir de la realidad presente (Confrontación)
• Llegar a apreciar aquello que no nos agrada (Aceptación)
• Llegar a comprender aquello que no se entiende (Desarrollo)
• Llegar a hacer aquello que no se es capaz de hacer (Progresión)
• Pasar de ser impotente a ser activo.
Intente aplicar esas recomendaciones en los diferentes aspectos de mi vida, siempre con un telón de fondo, un traje de Daimoku permanente.
Apreciar a los seres queridos
Hoy, continúo el combate. Después del AZT, el DDI, el DDC mis balances sanguíneos son nuevamente satisfactorios. Los tratamientos han sido detenidos por algunos meses. Profesionalmente, no hay muchos avances. Jocelyn y yo debemos mejorar sin cesar los resultados comerciales de la oficina. Afectivamente estoy siempre solo. Con relación a mis padres, poco a poco, el rencor que me cegaba fue reemplazado por mucha misericordia. Puedo, entre tanto, abrir mi corazón y así apreciar más a los seres queridos de mi familia.
NOTAS:
1 Se refiere a una religiosa católica que consagró su vida a los habitantes de los barrios de Egipto.
2 Se considera en general que el umbral entre 200 y 500 linfocitos CD4 prefigura la declaración de Sida.
21.1.05
LA FUERZA DE UN INSTANTE, PARA SIEMPRE
Tomado de: Il Nuovo Rinascimento, nº 110
Traducción: A.C.Revisión: E.L. / C.P. / B.G.
Experiencia de Elena Silvia Bonini
Roma
Empecé a practicar en 1980 en Roma. Después de quince días de práctica constante tuve el primer gran beneficio: vencer el miedo a la oscuridad que llevaba dentro desde siempre y por primera vez en mi vida, logré dormir sola y tranquila. En ese tiempo vivía una vida llena de confusión. Hacía varias actividades sin una meta precisa: modelo, actriz y hasta fotógrafa para revistas musicales, y de vez en cuando presentaba algunos exámenes en la universidad. Después de algunos meses se abrió lo que sería el camino de mi vida, preciso, seguro, sin duda alguna: terminar los estudios y trabajar después como geólogo.
Mis padres, dadas mis buenas intenciones, me compraron una casa muy cerca de la universidad. Practicaba bien para la salud de mi padre, ex-minero del carbón, gran fumador y poco cuidadoso de su salúd, o bien para superar un exámen dificilísimo en poco tiempo, sin haber asistido al curso específico, empresa prácticamente imposible. Para ello estudié mucho y con mayor organización y, gracias también a algunas coincidencias afortunadas, superé, al primer intento, el exámen escrito y obtuve la nota más alta de todos los candidatos. Empecé a pensar que nunca dejaría de prácticar este Budismo.
Mientras tanto mi padre empezó a cambiar su estilo de vida: era más tranquilo y fumaba menos y, lo más importante, había recuperado la relación con mi madre y yo la mía con ellos: finalmente el gran lazo afectivo había encontrado su justa y armoniosa dimensión. Entonces los objetivos por los cuales había empezado a prácticar se estaban haciendo realidad. El primero de Agosto de 1982 recibí el Gojonzon. La misma noche encontré un anillo que pensaba que me habían robado. Deben saber que en ese entonces yo era muy a menudo robada por personas que frecuentaban mi casa. Con la llegada del Gojonzon esa tendencia poco a poco empezó a cambiar y en poco tiempo se verificó un cambio casi total en relación a las personas que yo frecuentaba. El nivel de mis amistades se elevó sensiblemente, quedaron solo aquellas más verdaderas con las cuales mantengo todavía relaciones. En los meses siguientes la tendencia a sufrir robos tuvo un cambio determinante: por tres veces sorprendí al mismo ladrón mientras intentaba salir de mi casa con los brazos cargados de todo lo que había podido agarrar.
Estaba recibiendo grandes beneficios: a pesar de esto la calidad de mi vida cambiaba lentamente. En efecto, aun practicando todos los días, no lograba hacer actividades. Me parecía que nuestra organización era inútil y estorbante. Por eso mi práctica se hacía pesada y fatigosa. Se manifestaron algunas de mis tendencias negativas como la presunción, el egoísmo, la inseguridad y continuaba sin entender el profundo significado de Kosen Rufu.
En 1983 participé en el primer curso europeo en Trets como biakuren. Y allí fue el gran encuentro con el Presidente Ikeda. El último dia estábamos comenzando un gran almuerzo al aire libre y cientos de personas iban y venían entre las mesas llenas de frutas procedentes de todo el mundo, cuando el propio Presidente Ikeda parecía llamarme con amplios gestos y una gran sonrisa. Me acerqué con temor. Sí, me estaba llamando a mí. Me ofreció un paquetico diciendo que era el objeto más bello que había traído de Japón y que lo había traído para mí. Sonriendo me animó para que me sentara en la mesa frente a él. A lo largo del almuerzo me sonrió a menudo. Estaba sumergida en un halo de energía positiva y de felicidad. No entendía. ¿Porqué a mi entre tanta gente? Sólo después de muchos meses sentiré con profundidad el efecto de este encuentro y de la atmósfera de cálida humanidad que me transmitió.
Al regreso de Trets leí varias veces esta frase: «Lograr la Budeidad no es para nada más fácil que para los hombres de bajo rango acceder a los círculos de la Corte o para una carpa subir la Puerta del Dragón» (del Gosho La Puerta del Dragón). A los pocos días de mi regreso repentinamente mi padre murió. Yo caí en un terrible estado de postración. El sufrimiento me llevó a una grave inapetencia y poco a poco mi cuerpo empezó a debilitarse. Con fatiga continué entonando todos los días pero me aislé totalmente de los otros miembros. Cada vez que hacía Gonguio pedía llorando la fuerza y el coraje de seguir viviendo y practicando. Mi mamá y yo gozábamos de gran protección, estábamos rodeadas de personas que nos brindaban mucha ayuda y afecto.
Con la muerte de mi papá, faltó el único soporte económico de mi familia. Por lo tanto era absolutamente necesario que yo me graduara lo antes posible para poder trabajar, pero me faltaba todavía un año para terminar la tesis. Otra vez más experimenté la protección del Gojonzon porque algunos de mis compañeros de la universidad trabajaban conmigo hasta altas horas de la noche. A veces hacía Gonguio a las tres de la madrugada trastornada por el cansancio pero decidida a no rendirme. Hasta que llegó el día en que tuve que defender mi tesis con coraje, pero con dolor en mi corazón y me gradué con altas notas. Capté cuánto el Gojonzon me sostuvo en esa prueba y decidí así proyectar y construir yo misma un nuevo butsudan para el Gojonzon. El esfuerzo empleado para realizarlo hizo surtir efectos inmediatos: recibí propuestas de trabajo interesantes, ante el asombro de mis compañeros que se habían graduado antes que yo y que todavía estaban desempleados.
Sin embargo mi salud seguía empeorando. Continuaba practicando pero me encerraba siempre más en mí misma. No iba a las reuniones de dialogo, hablaba poco con los miembros y mi contrariedad hacia los responsables y las responsabilidades continuaba inexorablemente. Y así hasta Marzo del '84 cuando participé en la primera reunión de jóvenes en Italia. Había llegado ya al final de mis fuerzas. Los otros estaban llenos de vitalidad; quizás cada uno tenía sus problemas, pero en sus rostros no se veían. Mientras que en mí se podía leer todo mi sufrimiento. Una vez me habían dicho: «No existe un Buda infeliz, un Buda desafortunado, un Buda enfermo».
Decidí que al regreso a mi casa debía transformar mi sufrimiento. ¡Ya! Había llegado la hora de dar un salto cualitativo. Me hice examinar por un especialista: estaba enferma de una grave forma de tuberculosis y los exámenes de sangre arrojaron muchos valores alterados. Fui internada de emergencia. Ahora deseaba verdaderamente y con todas mis fuerzas sanarme. Pensaba en esta frase del Gosho: «NamMiojoRengueKio es como el rugido de un león; ¿Qué enfermedad puede ser un obstáculo?» del Gosho Respuesta a Kyo'o. Las terapias eran fortísimas y me obligaban a permanecer en cama. Empleaba una hora para hacer el Gonguio con un hilo de voz. Después de solo dieciocho días aparecieron los primeros resultados. Los médicos estaban sorprendidos: los exámenes de sangre estaban perfectos. La enfermedad había sido derrotada en muy poco tiempo, ahora había que restablecer el cuerpo debilitado. Hacían falta otros meses de hospital y dos años de convalescencia entre el mar y la montaña. El salto cualitativo interior que había pedido tuvo lugar. Deseaba profundamente ser una persona feliz y ayudar a los demás a serlo también. Decidí que habría transcurrido aquel período de tiempo practicando y profundizando la filosofía Budista para prepararme bien para hacer actividades con los demás miembros. Para mí ahora la organización tenía otro aspecto: personas que han experimentado la eficacia de NamMiojoRengueKio y la quieren transmitir a los demás.
Al regreso a Roma me designaron responsable de un grupo. Abrí la casa para reuniones. ¡Que felicidad me producía todo esto! Estaba descubriendo la profunda belleza de la vida. Me llovieron los beneficios. El Seguro Social me otorgó finalmente, después de dos años de Daimoku y de lucha, una indemnización de varios millones por la enfermedad que había tenido, aunque empleados y funcionarios me habían repetido durante meses que nunca lograría eso por causa de la burocrácia. Al culminar mi convalescencia me ofrecieron un trabajo en la universidad como colaboradora de un grupo de investigación en el campo de la geofísica. ¡Eso era mi sueño! Ahora, no sólo sané de aquella enfermedad sino que mi físico, antes frágil y con tendencia a perturbaciones en el aparato respiratorio, está fuerte y sano.
En 1988 participé en un curso en Trets donde se estudió el Gosho La Herencia de la ley Fundamental de la Vida y de la Muerte. Otro gran salto cualitativo en mi vida interior. Descubrí que todavía estoy sufriendo por la muerte de mi padre. Entiendo profundamente que en estos años he vivido con el remordimiento de no haber hecho nada por él. Pero lo más grande es que descubrí que ahora puedo hacer mucho más. Puedo llegar a él a través de mi vida: su tranquilidad se logra a través de mi Iluminación. Entiendo el profundo significado de la quinta oración. Capté profundamente mi encuentro con Daisaku Ikeda que tuvo lugar justo allí, en Trets, justo antes de la muerte de mi padre y sólo entonces percibí el efecto: un padre maestro de vida, podía tomar el puesto de un padre que había faltado dramáticamente. Este era otro paso hacia la plena conciencia del valor y de la profundidad del Budismo. Y no fué casualidad que a mi regreso de Trets resolví un problema relacionado con la muerte de mi padre.
De vez en cuando me pasaba algo raro: de repente empezaba a sentirme mal, me sentía desmayar, sentía nauseas, sudor frío, no podía razonar. Para mí era la muerte. Eran crisis de origen psicológico y se estaban haciendo cada vez más frecuentes. Una noche me pasó mientras estaba sóla en mi casa. Por primera vez no podía recurrir a la ayuda de nadie. Entré en pánico. Intenté hacer algunas llamadas por teléfono para pedir ayuda, pero nada. Por fin me recordé del Gojonzon. Me arrastré de rodillas hacia el Gojonzon. Lo abrí. Me coloqué en posición correcta, sentada sobre los talones, la colúmna derecha, las manos juntas en un esfuerzo sobrehumano. Empecé a recitar. «¡Ya!, pensé, esta historia tiene que terminar. Ahora yo, de aquí adelante, quiero sanarme para siempre». Cinco minutos, diez minutos, una eternidad. Estaba peor, pero no me rendía. Quince minutos, empecé a sentirme mejor, veinte minutos y todo el mal parecía haber desaparecido como por arte de magia. Desde entonces nunca tuve otra "crisis". ¡Pero cuanto Daimoku por detrás de aquellos veinte minutos! A veces arrastramos algunos problemas por años sólo porque no tenemos el coraje de enfrentarlos directamente con la fuerza de un león al ataque. En esos momentos, lo que no obtuve en tanto tiempo se obtuvo en un instante.
En Julio del '91 vuelve a presentarse el karma de la enfermedad en mi familia. Mi mamá que nunca tuvo problemas de salud, repentinamente se sintió mal y fue internada de emergencia en el hospital. El diagnóstico fue nefasto. Cáncer en el páncreas, no daban esperanza, podía vivir al máximo un año. Ví las fotos obtenidas por vía endoscópica que mostraban una masa informe entre el páncreas y el duodeno. Tomada por la desesperación fui a Roma, tomé el Gojonzon y lo llevé adonde vivía mi mamá y comencé a entonar Daimoku cuatro horas al día. Ella, que no sospechaba nada y que nunca quiso pronunciar NamMiojoRengueKio, me confesó que en el hospital estaba entonando una hora diaria, así, sin que yo le hubiera dicho nada.
Empezó un período frenético de investigaciones, análisis, controles de todo tipo a ritmo ultrarápido y sin interrupciones. El medio ambiente a nuestro alrededor nos protegía. Ella, aún en los primeros pasos de práctica, soportó todas las pruebas con gran paciencia y coraje mereciéndose las felicitaciones de los médicos. Estaba rodeada de mucho afecto y su cuarto estaba siempre alegre y adornado de flores. Después de tanto buscar los médicos decidieron operarla, pero se trataba de una operación dificilísima. Era la última posibilidad. Me informé sobre el mejor cirujano existente, pero ella, fuerte con su Daimoku, decidió no cambiar hospital. Luego se revelará que su elección fue correcta.
Yo entonaba horas y horas delante del Gojonzon, pero algo me impedía salir de una turba de pensamientos: «Mi mamá morirá, enfrentaré sus últimos meses con coraje, renunciaré a Roma, a todos, para estar cerca de ella». Externamente estaba fuerte y segura de mi lucha diaria pero adentro algo profundamente arraigado me bloqueaba. Deseaba leer muchos Gosho pero el único que tenía a disposición era La dificultad de mantener la fe. ¡Mantener la fe! Faltaban pocos días para la operación, tenía mucho miedo y sentía la necesidad de hablar con alguien. Llamé a un encargado. Las palabras que usó para darme coraje no fueron muchas, una sola: ICHINEN. Conozco el significado literal de este término, o sea la fuerza y la determinación contenidas en un sólo instante, pero profundamente no lo entendía. Entoné Daimoku. Todavía no entendía. Entoné más. Algo empezó a romperse adentro y algo empezó a abrirse. Una orientación del Presidente Ikeda que había leído en aquellos días decía: «Antes de teorizar, entonen, la teoría existe en función de la práctica, a través de la práctica de Ichinen Sanzen podrán abrir nuevas e inmensas realidades». Aquella palabra, Ichinen, había llegado adentro de mí y había dado en el blanco. ¡Pero cuanta preparación había sido necesaria! ¡Cuanto Daimoku! Yo seguí entonando. La horrible realidad que me oprimía no existía más. En frente del Gojonzon existían solo el Gojonzon y yo en un lazo fortísimo y el Daimoku no salía de mi boca sino de todo mi ser con una potencia indescriptible, nunca probada antes, era el rugido de un león al ataque. Nadie podía parar mi fuerza. Sentí que estaban en juego mi vida, mi karma, la vida de mi madre, la de mi padre, las enfermedades, el trabajo, los sentimientos y todos mis errores. Pedí disculpas. Clamé la ayuda de todas las fuerzas positivas dentro y fuera de mí, me recordé del Presidente Ikeda. Sentí que estaba tocando aquel sufrimiento interior que llevamos adentro toda la vida y que está muy en el fondo y no sabemos porqué. Yo lo llamo sufrimiento innato. Sentí: «Abriré nuevas y vastas realidades, para mi, para mi familia, para todos. Mi vida es igual al universo».
Llegó el día de la operación. Mi madre estaba serena, la saludé mientras entró al quirófano: «Chao mami, ¡Verás que lo lograremos!». Esperé y conmigo esperó mucha gente, amigos y familiares. Siempre mucha protección. Una hora, dos horas, cinco horas, diez horas. Ya no aguantaba más, pero de vez en cuando tenía explosiones de alegría que frenaba con dificultad por el miedo a que los demás me consideraran loca. Por fin se abrió la puerta. El cirujano salió con una cara rarísima y caminó hacia mí: «Mire yo no sé que decirle, la hemos abierto y no hemos encontrado nada. ¡Hemos hecho cinco biopsias y han resultado todas negativas!» ¡Habíamos ganado! Mi madre, yo y todos aquellos que habían creído en la vida y no en la muerte, y sobretodo aquella persona que me telefoneaba todos los dias de Roma con una gran fuerza y un gran optimismo: «Verás, tu mamá lo logrará y tu contarás esta experiencia en el curso de verano». Y así fue. Agradezco haberme transmitido ese coraje y por haber sentido una vez más cuan fuerte es el lazo con los demás y cuánto lo necesitamos todos. Hoy en dia mi mamá está bien y sigue practicando el Budismo.
¿Para que sirvió esta experiencia? «Para no rendirse», nunca, para no ceder frente al peligro, para descubrir lo que significa Ichinen. Pero ¿Esa palabra habría llegado así directamente a mí si no hubiera entonado tanto Daimoku? ¡Creo que no! Aplicaré esta fuerza a todo lo que todavía tengo que cambiar en mi vida y a todo lo que tengo que mejorar, para mí y para aquellos que todavía tienen que experimentar el poder de NamMiojoRengueKio. Estoy construyendo una felicidad interior indestructible y nada ni nadie podrá nunca detener este camino, ni siquiera yo misma. Siento que la Iluminación se conquista un pedacito cada día. Como dice el residente Ikeda: «¡Abran nuevas y vastas realidades!».
Traducción: A.C.Revisión: E.L. / C.P. / B.G.
Experiencia de Elena Silvia Bonini
Roma
Empecé a practicar en 1980 en Roma. Después de quince días de práctica constante tuve el primer gran beneficio: vencer el miedo a la oscuridad que llevaba dentro desde siempre y por primera vez en mi vida, logré dormir sola y tranquila. En ese tiempo vivía una vida llena de confusión. Hacía varias actividades sin una meta precisa: modelo, actriz y hasta fotógrafa para revistas musicales, y de vez en cuando presentaba algunos exámenes en la universidad. Después de algunos meses se abrió lo que sería el camino de mi vida, preciso, seguro, sin duda alguna: terminar los estudios y trabajar después como geólogo.
Mis padres, dadas mis buenas intenciones, me compraron una casa muy cerca de la universidad. Practicaba bien para la salud de mi padre, ex-minero del carbón, gran fumador y poco cuidadoso de su salúd, o bien para superar un exámen dificilísimo en poco tiempo, sin haber asistido al curso específico, empresa prácticamente imposible. Para ello estudié mucho y con mayor organización y, gracias también a algunas coincidencias afortunadas, superé, al primer intento, el exámen escrito y obtuve la nota más alta de todos los candidatos. Empecé a pensar que nunca dejaría de prácticar este Budismo.
Mientras tanto mi padre empezó a cambiar su estilo de vida: era más tranquilo y fumaba menos y, lo más importante, había recuperado la relación con mi madre y yo la mía con ellos: finalmente el gran lazo afectivo había encontrado su justa y armoniosa dimensión. Entonces los objetivos por los cuales había empezado a prácticar se estaban haciendo realidad. El primero de Agosto de 1982 recibí el Gojonzon. La misma noche encontré un anillo que pensaba que me habían robado. Deben saber que en ese entonces yo era muy a menudo robada por personas que frecuentaban mi casa. Con la llegada del Gojonzon esa tendencia poco a poco empezó a cambiar y en poco tiempo se verificó un cambio casi total en relación a las personas que yo frecuentaba. El nivel de mis amistades se elevó sensiblemente, quedaron solo aquellas más verdaderas con las cuales mantengo todavía relaciones. En los meses siguientes la tendencia a sufrir robos tuvo un cambio determinante: por tres veces sorprendí al mismo ladrón mientras intentaba salir de mi casa con los brazos cargados de todo lo que había podido agarrar.
Estaba recibiendo grandes beneficios: a pesar de esto la calidad de mi vida cambiaba lentamente. En efecto, aun practicando todos los días, no lograba hacer actividades. Me parecía que nuestra organización era inútil y estorbante. Por eso mi práctica se hacía pesada y fatigosa. Se manifestaron algunas de mis tendencias negativas como la presunción, el egoísmo, la inseguridad y continuaba sin entender el profundo significado de Kosen Rufu.
En 1983 participé en el primer curso europeo en Trets como biakuren. Y allí fue el gran encuentro con el Presidente Ikeda. El último dia estábamos comenzando un gran almuerzo al aire libre y cientos de personas iban y venían entre las mesas llenas de frutas procedentes de todo el mundo, cuando el propio Presidente Ikeda parecía llamarme con amplios gestos y una gran sonrisa. Me acerqué con temor. Sí, me estaba llamando a mí. Me ofreció un paquetico diciendo que era el objeto más bello que había traído de Japón y que lo había traído para mí. Sonriendo me animó para que me sentara en la mesa frente a él. A lo largo del almuerzo me sonrió a menudo. Estaba sumergida en un halo de energía positiva y de felicidad. No entendía. ¿Porqué a mi entre tanta gente? Sólo después de muchos meses sentiré con profundidad el efecto de este encuentro y de la atmósfera de cálida humanidad que me transmitió.
Al regreso de Trets leí varias veces esta frase: «Lograr la Budeidad no es para nada más fácil que para los hombres de bajo rango acceder a los círculos de la Corte o para una carpa subir la Puerta del Dragón» (del Gosho La Puerta del Dragón). A los pocos días de mi regreso repentinamente mi padre murió. Yo caí en un terrible estado de postración. El sufrimiento me llevó a una grave inapetencia y poco a poco mi cuerpo empezó a debilitarse. Con fatiga continué entonando todos los días pero me aislé totalmente de los otros miembros. Cada vez que hacía Gonguio pedía llorando la fuerza y el coraje de seguir viviendo y practicando. Mi mamá y yo gozábamos de gran protección, estábamos rodeadas de personas que nos brindaban mucha ayuda y afecto.
Con la muerte de mi papá, faltó el único soporte económico de mi familia. Por lo tanto era absolutamente necesario que yo me graduara lo antes posible para poder trabajar, pero me faltaba todavía un año para terminar la tesis. Otra vez más experimenté la protección del Gojonzon porque algunos de mis compañeros de la universidad trabajaban conmigo hasta altas horas de la noche. A veces hacía Gonguio a las tres de la madrugada trastornada por el cansancio pero decidida a no rendirme. Hasta que llegó el día en que tuve que defender mi tesis con coraje, pero con dolor en mi corazón y me gradué con altas notas. Capté cuánto el Gojonzon me sostuvo en esa prueba y decidí así proyectar y construir yo misma un nuevo butsudan para el Gojonzon. El esfuerzo empleado para realizarlo hizo surtir efectos inmediatos: recibí propuestas de trabajo interesantes, ante el asombro de mis compañeros que se habían graduado antes que yo y que todavía estaban desempleados.
Sin embargo mi salud seguía empeorando. Continuaba practicando pero me encerraba siempre más en mí misma. No iba a las reuniones de dialogo, hablaba poco con los miembros y mi contrariedad hacia los responsables y las responsabilidades continuaba inexorablemente. Y así hasta Marzo del '84 cuando participé en la primera reunión de jóvenes en Italia. Había llegado ya al final de mis fuerzas. Los otros estaban llenos de vitalidad; quizás cada uno tenía sus problemas, pero en sus rostros no se veían. Mientras que en mí se podía leer todo mi sufrimiento. Una vez me habían dicho: «No existe un Buda infeliz, un Buda desafortunado, un Buda enfermo».
Decidí que al regreso a mi casa debía transformar mi sufrimiento. ¡Ya! Había llegado la hora de dar un salto cualitativo. Me hice examinar por un especialista: estaba enferma de una grave forma de tuberculosis y los exámenes de sangre arrojaron muchos valores alterados. Fui internada de emergencia. Ahora deseaba verdaderamente y con todas mis fuerzas sanarme. Pensaba en esta frase del Gosho: «NamMiojoRengueKio es como el rugido de un león; ¿Qué enfermedad puede ser un obstáculo?» del Gosho Respuesta a Kyo'o. Las terapias eran fortísimas y me obligaban a permanecer en cama. Empleaba una hora para hacer el Gonguio con un hilo de voz. Después de solo dieciocho días aparecieron los primeros resultados. Los médicos estaban sorprendidos: los exámenes de sangre estaban perfectos. La enfermedad había sido derrotada en muy poco tiempo, ahora había que restablecer el cuerpo debilitado. Hacían falta otros meses de hospital y dos años de convalescencia entre el mar y la montaña. El salto cualitativo interior que había pedido tuvo lugar. Deseaba profundamente ser una persona feliz y ayudar a los demás a serlo también. Decidí que habría transcurrido aquel período de tiempo practicando y profundizando la filosofía Budista para prepararme bien para hacer actividades con los demás miembros. Para mí ahora la organización tenía otro aspecto: personas que han experimentado la eficacia de NamMiojoRengueKio y la quieren transmitir a los demás.
Al regreso a Roma me designaron responsable de un grupo. Abrí la casa para reuniones. ¡Que felicidad me producía todo esto! Estaba descubriendo la profunda belleza de la vida. Me llovieron los beneficios. El Seguro Social me otorgó finalmente, después de dos años de Daimoku y de lucha, una indemnización de varios millones por la enfermedad que había tenido, aunque empleados y funcionarios me habían repetido durante meses que nunca lograría eso por causa de la burocrácia. Al culminar mi convalescencia me ofrecieron un trabajo en la universidad como colaboradora de un grupo de investigación en el campo de la geofísica. ¡Eso era mi sueño! Ahora, no sólo sané de aquella enfermedad sino que mi físico, antes frágil y con tendencia a perturbaciones en el aparato respiratorio, está fuerte y sano.
En 1988 participé en un curso en Trets donde se estudió el Gosho La Herencia de la ley Fundamental de la Vida y de la Muerte. Otro gran salto cualitativo en mi vida interior. Descubrí que todavía estoy sufriendo por la muerte de mi padre. Entiendo profundamente que en estos años he vivido con el remordimiento de no haber hecho nada por él. Pero lo más grande es que descubrí que ahora puedo hacer mucho más. Puedo llegar a él a través de mi vida: su tranquilidad se logra a través de mi Iluminación. Entiendo el profundo significado de la quinta oración. Capté profundamente mi encuentro con Daisaku Ikeda que tuvo lugar justo allí, en Trets, justo antes de la muerte de mi padre y sólo entonces percibí el efecto: un padre maestro de vida, podía tomar el puesto de un padre que había faltado dramáticamente. Este era otro paso hacia la plena conciencia del valor y de la profundidad del Budismo. Y no fué casualidad que a mi regreso de Trets resolví un problema relacionado con la muerte de mi padre.
De vez en cuando me pasaba algo raro: de repente empezaba a sentirme mal, me sentía desmayar, sentía nauseas, sudor frío, no podía razonar. Para mí era la muerte. Eran crisis de origen psicológico y se estaban haciendo cada vez más frecuentes. Una noche me pasó mientras estaba sóla en mi casa. Por primera vez no podía recurrir a la ayuda de nadie. Entré en pánico. Intenté hacer algunas llamadas por teléfono para pedir ayuda, pero nada. Por fin me recordé del Gojonzon. Me arrastré de rodillas hacia el Gojonzon. Lo abrí. Me coloqué en posición correcta, sentada sobre los talones, la colúmna derecha, las manos juntas en un esfuerzo sobrehumano. Empecé a recitar. «¡Ya!, pensé, esta historia tiene que terminar. Ahora yo, de aquí adelante, quiero sanarme para siempre». Cinco minutos, diez minutos, una eternidad. Estaba peor, pero no me rendía. Quince minutos, empecé a sentirme mejor, veinte minutos y todo el mal parecía haber desaparecido como por arte de magia. Desde entonces nunca tuve otra "crisis". ¡Pero cuanto Daimoku por detrás de aquellos veinte minutos! A veces arrastramos algunos problemas por años sólo porque no tenemos el coraje de enfrentarlos directamente con la fuerza de un león al ataque. En esos momentos, lo que no obtuve en tanto tiempo se obtuvo en un instante.
En Julio del '91 vuelve a presentarse el karma de la enfermedad en mi familia. Mi mamá que nunca tuvo problemas de salud, repentinamente se sintió mal y fue internada de emergencia en el hospital. El diagnóstico fue nefasto. Cáncer en el páncreas, no daban esperanza, podía vivir al máximo un año. Ví las fotos obtenidas por vía endoscópica que mostraban una masa informe entre el páncreas y el duodeno. Tomada por la desesperación fui a Roma, tomé el Gojonzon y lo llevé adonde vivía mi mamá y comencé a entonar Daimoku cuatro horas al día. Ella, que no sospechaba nada y que nunca quiso pronunciar NamMiojoRengueKio, me confesó que en el hospital estaba entonando una hora diaria, así, sin que yo le hubiera dicho nada.
Empezó un período frenético de investigaciones, análisis, controles de todo tipo a ritmo ultrarápido y sin interrupciones. El medio ambiente a nuestro alrededor nos protegía. Ella, aún en los primeros pasos de práctica, soportó todas las pruebas con gran paciencia y coraje mereciéndose las felicitaciones de los médicos. Estaba rodeada de mucho afecto y su cuarto estaba siempre alegre y adornado de flores. Después de tanto buscar los médicos decidieron operarla, pero se trataba de una operación dificilísima. Era la última posibilidad. Me informé sobre el mejor cirujano existente, pero ella, fuerte con su Daimoku, decidió no cambiar hospital. Luego se revelará que su elección fue correcta.
Yo entonaba horas y horas delante del Gojonzon, pero algo me impedía salir de una turba de pensamientos: «Mi mamá morirá, enfrentaré sus últimos meses con coraje, renunciaré a Roma, a todos, para estar cerca de ella». Externamente estaba fuerte y segura de mi lucha diaria pero adentro algo profundamente arraigado me bloqueaba. Deseaba leer muchos Gosho pero el único que tenía a disposición era La dificultad de mantener la fe. ¡Mantener la fe! Faltaban pocos días para la operación, tenía mucho miedo y sentía la necesidad de hablar con alguien. Llamé a un encargado. Las palabras que usó para darme coraje no fueron muchas, una sola: ICHINEN. Conozco el significado literal de este término, o sea la fuerza y la determinación contenidas en un sólo instante, pero profundamente no lo entendía. Entoné Daimoku. Todavía no entendía. Entoné más. Algo empezó a romperse adentro y algo empezó a abrirse. Una orientación del Presidente Ikeda que había leído en aquellos días decía: «Antes de teorizar, entonen, la teoría existe en función de la práctica, a través de la práctica de Ichinen Sanzen podrán abrir nuevas e inmensas realidades». Aquella palabra, Ichinen, había llegado adentro de mí y había dado en el blanco. ¡Pero cuanta preparación había sido necesaria! ¡Cuanto Daimoku! Yo seguí entonando. La horrible realidad que me oprimía no existía más. En frente del Gojonzon existían solo el Gojonzon y yo en un lazo fortísimo y el Daimoku no salía de mi boca sino de todo mi ser con una potencia indescriptible, nunca probada antes, era el rugido de un león al ataque. Nadie podía parar mi fuerza. Sentí que estaban en juego mi vida, mi karma, la vida de mi madre, la de mi padre, las enfermedades, el trabajo, los sentimientos y todos mis errores. Pedí disculpas. Clamé la ayuda de todas las fuerzas positivas dentro y fuera de mí, me recordé del Presidente Ikeda. Sentí que estaba tocando aquel sufrimiento interior que llevamos adentro toda la vida y que está muy en el fondo y no sabemos porqué. Yo lo llamo sufrimiento innato. Sentí: «Abriré nuevas y vastas realidades, para mi, para mi familia, para todos. Mi vida es igual al universo».
Llegó el día de la operación. Mi madre estaba serena, la saludé mientras entró al quirófano: «Chao mami, ¡Verás que lo lograremos!». Esperé y conmigo esperó mucha gente, amigos y familiares. Siempre mucha protección. Una hora, dos horas, cinco horas, diez horas. Ya no aguantaba más, pero de vez en cuando tenía explosiones de alegría que frenaba con dificultad por el miedo a que los demás me consideraran loca. Por fin se abrió la puerta. El cirujano salió con una cara rarísima y caminó hacia mí: «Mire yo no sé que decirle, la hemos abierto y no hemos encontrado nada. ¡Hemos hecho cinco biopsias y han resultado todas negativas!» ¡Habíamos ganado! Mi madre, yo y todos aquellos que habían creído en la vida y no en la muerte, y sobretodo aquella persona que me telefoneaba todos los dias de Roma con una gran fuerza y un gran optimismo: «Verás, tu mamá lo logrará y tu contarás esta experiencia en el curso de verano». Y así fue. Agradezco haberme transmitido ese coraje y por haber sentido una vez más cuan fuerte es el lazo con los demás y cuánto lo necesitamos todos. Hoy en dia mi mamá está bien y sigue practicando el Budismo.
¿Para que sirvió esta experiencia? «Para no rendirse», nunca, para no ceder frente al peligro, para descubrir lo que significa Ichinen. Pero ¿Esa palabra habría llegado así directamente a mí si no hubiera entonado tanto Daimoku? ¡Creo que no! Aplicaré esta fuerza a todo lo que todavía tengo que cambiar en mi vida y a todo lo que tengo que mejorar, para mí y para aquellos que todavía tienen que experimentar el poder de NamMiojoRengueKio. Estoy construyendo una felicidad interior indestructible y nada ni nadie podrá nunca detener este camino, ni siquiera yo misma. Siento que la Iluminación se conquista un pedacito cada día. Como dice el residente Ikeda: «¡Abran nuevas y vastas realidades!».
Experiencia sobre trabajo
Experiencia sobre trabajo enviada por CRISTINA VALARINO
Para los que no me conocen, mi nombre es Fabiana, tengo 37 años y estoy en el han La Paz. Recibí Gohonzon en diciembre del ’99 y la verdad es que conocer el budismo es lo mejor que me podía suceder.
Al igual que mucha gente en la actualidad, mi situación económica era desastrosa, no conseguía trabajo por ningún lado, y por supuesto, llegué a convencerme de que en realidad la culpa era del país, ¿acaso podría cambiar algo si invocaba?: sí y así fue. A mediados del año pasado me cansé de no tener dinero, de no tener trabajo, de pedir prestado y de vivir al día, por lo que comencé a invocar para transformar esta situación. Hablé con mi responsable de Hombu, y ella me dijo que, hasta conseguir trabajo, tendría que tomar el daimoku como si fuera un trabajo, o sea, invocar unas ocho horas diarias, lo cierto es que tengo que ser sincera: no invoqué tanto, pero los resultados fueron excelentes. En ese momento decidí presentarme a examen de primer nivel –que se rindió en octubre del 2002- y, a partir de esa decisión, junto con el daimoku, muchas cosas comenzaron a cambiar –en mi- y por supuesto, en mi entorno.
A punto de rendir el examen, un amigo se acercó un día y me dijo la frase que tanto había deseado escuchar: “tengo trabajo para vos”, así es que comencé a trabajar con él en su empresa de comunicaciones donde debía dedicarme a la venta –cosa que me disgustaba enormemente, ya que una de mis frases favoritotas era: “¿yo?, ¿vender? nunca!!-, pero había escuchado de mis antecesores algunos comentarios como por ejemplo: si te desafiás a realizar en forma excelente un trabajo que no te gusta y continuás invocando con una fe firme y sincera, en algún momento se manifestará lo que realmente deseás hacer, así es que mantuve abierto el corazón haciendo mi trabajo con amor, aprendiendo y tomándolo como un medio hábil para transmitir la Ley, de esta forma, en la oficina le hice shakubuku a casi todo el personal e incluso a uno de mis clientes, un sonen, que está invocando desde hace unos tres meses con maravillosas pruebas reales.
Gracias a este trabajo pude conectarme con una revista de bodas que recién se inicia en el mercado, comencé a trabajar con ellos y le trasmití la Ley al dueño, Alejandro, que la aceptó inmediatamente y ya comenzó a hacer shakubuku a su familia y amigos. Esta relación ha sido muy importante ya que soy docente en caligrafía y estoy a punto de recibirme de perito calígrafo por lo que me asocié con una compañera de la facultad (a quien también le transmití la ley e invoca desde hace un año) para comenzar una empresa de tarjetas artesanales para casamiento completadas con pluma y tinta. El dueño de la revista me ofreció publicar en ella dos avisos gratis que yo realmente no podía pagar ya que salen cerca de $130.- y además nos va a incluir en el compac disc que trae la revista recomendando nuestro servicio de tarjetería, para lo cual incluso nos hizo una producción fotográfica gratuita de mi, de mi socia y de nuestro trabajo; la revista tiene una tirada de 5.000 ejemplares, lo cual es una ayuda más que grande para mi emprendimiento.
Una de las frases que más me ayudó a tomar la decisión de cambiar mi mal karma financiero fue justamente un comentario de Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, que dice así: “La gente usualmente se queja de no tener suficiente dinero. El dinero está a nuestro alrededor, igual que el aire que respiramos. El verdadero problema es que así como hay personas asmáticas, también hay personas con problemas en su vida interna que restringen su habilidad de atraer dinero a sus vidas”. Me gustó tanto que comencé a invocar diciendo: “el dinero está en el aire y yo no soy asmática”.
También influyó mucho en mi la experiencia de Marcelo González, uno de nuestros responsables -y miembro de Sokadance-, que me hizo tomar conciencia sobre un principio budista: verdadera entidad; de su experiencia aprendí lo siguiente: uno puede ser fenómeno (si se deja arrastrar por las circunstancias externas) o verdadera entidad de la Ley Mística, donde se decide con fe y convicción las circunstancias que se desean para la propia vida.
Según palabras de Marcelo: “YO SOY VERDADERA ENTIDAD Y SI YO DECIDO, TODO LO QUE ME RODEA PASA A SER FENOMENO QUE ACTUA EN BASE A MI DECISION...”. Creo que esto lo dice todo ¿no?
Sería maravilloso contarles que me hice millonaria con mi trabajo pero no sería cierto –por ahora-, en realidad, cuando uno cuenta su experiencia, lo más importante son los cambios internos; hay un principio budista llamado beneficio que explica precisamente que toda persona, sea budista o no, puede concretar sus objetivos si se lo propone, pero la diferencia con nosotros que hacemos daimoku, es justamente la transformación interior que se produce en el camino hacia la concreción de ese objetivo.
Otro tema fundamental que aprendí de mis antecesores es a no quejarme, los budistas siempre decimos que la queja borra la buena fortuna, entonces cuando uno se queja, inmediatamente borra el daimoku que hizo, por lo tanto la queja es un factor importantísimo para que nuestra vida de trabajo no se transforme.
Nuestra actitud hacia el dinero es síntoma de nuestra actitud global hacia la vida. A veces nos resulta conveniente pensar que el tener o no suficiente dinero ejerce una importante influencia en nuestras vidas, cuando en realidad es el resultado de nuestras vidas.
Resumiendo, hoy puedo decir, con respecto a mi vida, que he triunfado, que la lucha continúa pero tengo en mi poder la mayor arma de la paz: la Ley Mística, y, basándome en ella, no hay nada que no pueda lograr. Gracias a todos por escucharme.
Para los que no me conocen, mi nombre es Fabiana, tengo 37 años y estoy en el han La Paz. Recibí Gohonzon en diciembre del ’99 y la verdad es que conocer el budismo es lo mejor que me podía suceder.
Al igual que mucha gente en la actualidad, mi situación económica era desastrosa, no conseguía trabajo por ningún lado, y por supuesto, llegué a convencerme de que en realidad la culpa era del país, ¿acaso podría cambiar algo si invocaba?: sí y así fue. A mediados del año pasado me cansé de no tener dinero, de no tener trabajo, de pedir prestado y de vivir al día, por lo que comencé a invocar para transformar esta situación. Hablé con mi responsable de Hombu, y ella me dijo que, hasta conseguir trabajo, tendría que tomar el daimoku como si fuera un trabajo, o sea, invocar unas ocho horas diarias, lo cierto es que tengo que ser sincera: no invoqué tanto, pero los resultados fueron excelentes. En ese momento decidí presentarme a examen de primer nivel –que se rindió en octubre del 2002- y, a partir de esa decisión, junto con el daimoku, muchas cosas comenzaron a cambiar –en mi- y por supuesto, en mi entorno.
A punto de rendir el examen, un amigo se acercó un día y me dijo la frase que tanto había deseado escuchar: “tengo trabajo para vos”, así es que comencé a trabajar con él en su empresa de comunicaciones donde debía dedicarme a la venta –cosa que me disgustaba enormemente, ya que una de mis frases favoritotas era: “¿yo?, ¿vender? nunca!!-, pero había escuchado de mis antecesores algunos comentarios como por ejemplo: si te desafiás a realizar en forma excelente un trabajo que no te gusta y continuás invocando con una fe firme y sincera, en algún momento se manifestará lo que realmente deseás hacer, así es que mantuve abierto el corazón haciendo mi trabajo con amor, aprendiendo y tomándolo como un medio hábil para transmitir la Ley, de esta forma, en la oficina le hice shakubuku a casi todo el personal e incluso a uno de mis clientes, un sonen, que está invocando desde hace unos tres meses con maravillosas pruebas reales.
Gracias a este trabajo pude conectarme con una revista de bodas que recién se inicia en el mercado, comencé a trabajar con ellos y le trasmití la Ley al dueño, Alejandro, que la aceptó inmediatamente y ya comenzó a hacer shakubuku a su familia y amigos. Esta relación ha sido muy importante ya que soy docente en caligrafía y estoy a punto de recibirme de perito calígrafo por lo que me asocié con una compañera de la facultad (a quien también le transmití la ley e invoca desde hace un año) para comenzar una empresa de tarjetas artesanales para casamiento completadas con pluma y tinta. El dueño de la revista me ofreció publicar en ella dos avisos gratis que yo realmente no podía pagar ya que salen cerca de $130.- y además nos va a incluir en el compac disc que trae la revista recomendando nuestro servicio de tarjetería, para lo cual incluso nos hizo una producción fotográfica gratuita de mi, de mi socia y de nuestro trabajo; la revista tiene una tirada de 5.000 ejemplares, lo cual es una ayuda más que grande para mi emprendimiento.
Una de las frases que más me ayudó a tomar la decisión de cambiar mi mal karma financiero fue justamente un comentario de Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, que dice así: “La gente usualmente se queja de no tener suficiente dinero. El dinero está a nuestro alrededor, igual que el aire que respiramos. El verdadero problema es que así como hay personas asmáticas, también hay personas con problemas en su vida interna que restringen su habilidad de atraer dinero a sus vidas”. Me gustó tanto que comencé a invocar diciendo: “el dinero está en el aire y yo no soy asmática”.
También influyó mucho en mi la experiencia de Marcelo González, uno de nuestros responsables -y miembro de Sokadance-, que me hizo tomar conciencia sobre un principio budista: verdadera entidad; de su experiencia aprendí lo siguiente: uno puede ser fenómeno (si se deja arrastrar por las circunstancias externas) o verdadera entidad de la Ley Mística, donde se decide con fe y convicción las circunstancias que se desean para la propia vida.
Según palabras de Marcelo: “YO SOY VERDADERA ENTIDAD Y SI YO DECIDO, TODO LO QUE ME RODEA PASA A SER FENOMENO QUE ACTUA EN BASE A MI DECISION...”. Creo que esto lo dice todo ¿no?
Sería maravilloso contarles que me hice millonaria con mi trabajo pero no sería cierto –por ahora-, en realidad, cuando uno cuenta su experiencia, lo más importante son los cambios internos; hay un principio budista llamado beneficio que explica precisamente que toda persona, sea budista o no, puede concretar sus objetivos si se lo propone, pero la diferencia con nosotros que hacemos daimoku, es justamente la transformación interior que se produce en el camino hacia la concreción de ese objetivo.
Otro tema fundamental que aprendí de mis antecesores es a no quejarme, los budistas siempre decimos que la queja borra la buena fortuna, entonces cuando uno se queja, inmediatamente borra el daimoku que hizo, por lo tanto la queja es un factor importantísimo para que nuestra vida de trabajo no se transforme.
Nuestra actitud hacia el dinero es síntoma de nuestra actitud global hacia la vida. A veces nos resulta conveniente pensar que el tener o no suficiente dinero ejerce una importante influencia en nuestras vidas, cuando en realidad es el resultado de nuestras vidas.
Resumiendo, hoy puedo decir, con respecto a mi vida, que he triunfado, que la lucha continúa pero tengo en mi poder la mayor arma de la paz: la Ley Mística, y, basándome en ella, no hay nada que no pueda lograr. Gracias a todos por escucharme.
Mi experiencia en internet con otras sectas de Nichiren
Experiencia de Craig Fox (SGI USA)
Greensboro, NC. USA
Enviadas por Cristina Valarino y Palmyre Montiel
Nunca olvidaré un dia de Junio 1998, en que se me ocurrió buscar en internet alguna práctica espiritual que encajara con lo que ya creia acerca del mundo. Yo venía de ser un fundamentalista Cristiano quien, por muchas rezones, había abandonado la fe durante la infancia. Ahora era un humanista agnóstico sin una verdadera comunidad para explorar lo que significa ser una persona espiritual.
Recuerdo que estaba tipeando las palabras “Budismo/Carolina del Norte” en el motor de búsqueda. La primera página que apareció fue la de SGI-USA. Abri la página y lei “Nam Miojo Rengue Kio”. Fue como si yo tuviera una conexión mística con esta frase. Llame al Centro de Carolina del Norte y me puse en contacto con miembros budistas aqui en Greensboro.
Mi primer encuentro fue en un apartamento de una pareja de japoneses. Me enamoré totalmente de la práctica desde ese momento. Las personas eran maravillosas y el Budismo de Nichiren Daishonin que practicaba la SGI de Estados Unidos me servía perfectamente. Lo mas maravilloso es que era humanística. No dependía de factores esotéricos para funcionar. Yo estaba en el cielo!!. Recibí Gojonzon en Enero de 1999 durante el gonguio de año Nuevo de kosen rufu
Algunos meses mas tarde me reuni con un grupo de información en internet e hice algunos amigos de varias escuelas del Budismo de Nichiren. En la medida en que comenzamos a intercambiar, comencé a tener dudas acerca de la Gakkai y sus doctrinas. Comencé a alejarme de mi Distrito. No estaba preparado para discutir asuntos con una persona en vivo, prefería la seguridad de mi computadora que la de cara a cara, diálogo de corazón a corazón. Yo estaba siendo dominado sin ni siquiera saberlo
Comencé a explorar otros grupos Budistas que demandaban una conexión con Nichiren Daishonin. Contacté algunos de ellos, incluyendo un templo de la secta Nikken.Yo lei, observé y canté acerca de todo lo que estaba aprendiendo. Era fácil descartar muchos de estos grupos porque descansaban fuertemente en mezclas de budismo esotérico Zen, Nembusu, Tibetano, y otras enseñanzas provisionales Mahayana, con enseñanzas de Nichiren Daishonin
Esto me llevó a una posición entre escoger entre las personas del templo y las personas de la SGI. Me di cuenta que cuando tenía diálogos on line con los amigos del templo, siempre terminaba enojado. Ellos siempre atacaban a la SGI, no desde la perspectiva doctrinal, sino criticaban el liderazgo, especialmente a Ikeda Sensei. Parecía como si ellos no pudieran encontrar lagunas en los planteamientos de la SGI, asi que atacaban a las personas. Yo estaba interesado en la Ley mas que en las personas. “Siga a la Ley, no a la persona”.
Para este momento ocurrió algo horrible en mi vida. Murió mi maravilloso animal de compañía. No solo era un gato, sino uno de mis mejores amigos. El fin de semana posterior a su muerte, yo estaba en un café en Raleigh cuando me encontré con dos miembros de la SGI de Greensboro. Ambos mencionaron que me echaban de menos en las reuniones, pero estaban mas interesados en como estaba yo manejando la muerte de mi gato.
Algo de este encuentro me movilizó . Comencé a comprender que la Ley Mistica, cuando se practica correctamente, cambia a las personas. Hace que las personas se preocupen por los demás. Mientras mas estudiaba el Gosho y cantaba, mas sabía en mi corazón que la Soka Gakkai representaba el pensamiento correcto de practicar el Budismo de Nichiren Daishonin. Afortunadamente no había solicitado recibir Gojonzon de otro grupo. De nuevo, comencé a asistir a las reuniones y escuché de verdad lo que se decía en vez de proyectar mis ideas preconcebidas. Me di cuenta de que habia una comunidad que estaba experimentando la Ley Mística y estaba permitiendo a esta Ley, moldear sus vidas en forma positiva. Quiero ser una parte de esta comunidad que esta trabajando incansablemente por la revolución humana y el kosen rufu.Las dudas en mi corazón han desaparecido, su lugar ahora está ocupado por un amor centrado en esta práctica . Tengo gran respeto por aquellos que han luchado durante tanto tiempo para propagar la comprensión correcta de este Budismo.Juntos, podemos decidirnos a tener diálogos de corazón a corazón unos con otros y con aquellos que todavía tiene que ecuchar sobre las verdades del Budismo de Nichiren Daishonin. Juntos podemos cambiar el mundo, cambiando una persona a la vez.Gracias a mi familia de la SGI por su amor y apoyo a mi familia y a mi mismo y por mantenerse firmes, con amor, a la verdad de la Ley Mística.
Greensboro, NC. USA
Enviadas por Cristina Valarino y Palmyre Montiel
Nunca olvidaré un dia de Junio 1998, en que se me ocurrió buscar en internet alguna práctica espiritual que encajara con lo que ya creia acerca del mundo. Yo venía de ser un fundamentalista Cristiano quien, por muchas rezones, había abandonado la fe durante la infancia. Ahora era un humanista agnóstico sin una verdadera comunidad para explorar lo que significa ser una persona espiritual.
Recuerdo que estaba tipeando las palabras “Budismo/Carolina del Norte” en el motor de búsqueda. La primera página que apareció fue la de SGI-USA. Abri la página y lei “Nam Miojo Rengue Kio”. Fue como si yo tuviera una conexión mística con esta frase. Llame al Centro de Carolina del Norte y me puse en contacto con miembros budistas aqui en Greensboro.
Mi primer encuentro fue en un apartamento de una pareja de japoneses. Me enamoré totalmente de la práctica desde ese momento. Las personas eran maravillosas y el Budismo de Nichiren Daishonin que practicaba la SGI de Estados Unidos me servía perfectamente. Lo mas maravilloso es que era humanística. No dependía de factores esotéricos para funcionar. Yo estaba en el cielo!!. Recibí Gojonzon en Enero de 1999 durante el gonguio de año Nuevo de kosen rufu
Algunos meses mas tarde me reuni con un grupo de información en internet e hice algunos amigos de varias escuelas del Budismo de Nichiren. En la medida en que comenzamos a intercambiar, comencé a tener dudas acerca de la Gakkai y sus doctrinas. Comencé a alejarme de mi Distrito. No estaba preparado para discutir asuntos con una persona en vivo, prefería la seguridad de mi computadora que la de cara a cara, diálogo de corazón a corazón. Yo estaba siendo dominado sin ni siquiera saberlo
Comencé a explorar otros grupos Budistas que demandaban una conexión con Nichiren Daishonin. Contacté algunos de ellos, incluyendo un templo de la secta Nikken.Yo lei, observé y canté acerca de todo lo que estaba aprendiendo. Era fácil descartar muchos de estos grupos porque descansaban fuertemente en mezclas de budismo esotérico Zen, Nembusu, Tibetano, y otras enseñanzas provisionales Mahayana, con enseñanzas de Nichiren Daishonin
Esto me llevó a una posición entre escoger entre las personas del templo y las personas de la SGI. Me di cuenta que cuando tenía diálogos on line con los amigos del templo, siempre terminaba enojado. Ellos siempre atacaban a la SGI, no desde la perspectiva doctrinal, sino criticaban el liderazgo, especialmente a Ikeda Sensei. Parecía como si ellos no pudieran encontrar lagunas en los planteamientos de la SGI, asi que atacaban a las personas. Yo estaba interesado en la Ley mas que en las personas. “Siga a la Ley, no a la persona”.
Para este momento ocurrió algo horrible en mi vida. Murió mi maravilloso animal de compañía. No solo era un gato, sino uno de mis mejores amigos. El fin de semana posterior a su muerte, yo estaba en un café en Raleigh cuando me encontré con dos miembros de la SGI de Greensboro. Ambos mencionaron que me echaban de menos en las reuniones, pero estaban mas interesados en como estaba yo manejando la muerte de mi gato.
Algo de este encuentro me movilizó . Comencé a comprender que la Ley Mistica, cuando se practica correctamente, cambia a las personas. Hace que las personas se preocupen por los demás. Mientras mas estudiaba el Gosho y cantaba, mas sabía en mi corazón que la Soka Gakkai representaba el pensamiento correcto de practicar el Budismo de Nichiren Daishonin. Afortunadamente no había solicitado recibir Gojonzon de otro grupo. De nuevo, comencé a asistir a las reuniones y escuché de verdad lo que se decía en vez de proyectar mis ideas preconcebidas. Me di cuenta de que habia una comunidad que estaba experimentando la Ley Mística y estaba permitiendo a esta Ley, moldear sus vidas en forma positiva. Quiero ser una parte de esta comunidad que esta trabajando incansablemente por la revolución humana y el kosen rufu.Las dudas en mi corazón han desaparecido, su lugar ahora está ocupado por un amor centrado en esta práctica . Tengo gran respeto por aquellos que han luchado durante tanto tiempo para propagar la comprensión correcta de este Budismo.Juntos, podemos decidirnos a tener diálogos de corazón a corazón unos con otros y con aquellos que todavía tiene que ecuchar sobre las verdades del Budismo de Nichiren Daishonin. Juntos podemos cambiar el mundo, cambiando una persona a la vez.Gracias a mi familia de la SGI por su amor y apoyo a mi familia y a mi mismo y por mantenerse firmes, con amor, a la verdad de la Ley Mística.
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