28.1.05

LA VITALIDAD DE LA FE

EXPERIENCIA de SALUD de la Sra. Dinna Roman.
Responsable de Distrito de la SGIV.
Enviada por: Dinna Roman

En este significativo encuentro que celebramos hoy, me gustaría trasmitirles algunos de mis retos y la alegría de poder luchar por el Kosenrufu para lograr el sueño de Nuestro Mentor y el nuestro. Me siento feliz de pertenecer desde hace 17 años a esta noble Organización.

En éstos momentos estoy asumiendo la responsabilidad del distrito Flor de Loto en la División de Damas en el Cabildo Unión.

Cuando miro atrás y recuerdo lo que ha significado mi práctica constante “ pase lo que pase”, verifico lo que “ he ganado”: siento una estabilidad y una confianza que la atribuyo a la fuerte conexión con la Organización y a la lucha tenaz, de corazón que he mantenido gracias al daimoku sincero y sobre todo al apoyo de señoras responsables de la División de Damas.

Al conocer la práctica mi vida giraba en torno a la arrogancia, trabajaba todo, el día en dos Instituciones y estudiaba de noche , era madre divorciada con dos hijos. Aún cuando lograba cumplir con todo queriendo ser perfecta, lo hacía con actitud de queja. Pronunciaba Nan Miojo Rengue Kio para solucionar uno que otro problema sin profundizar. Pero un día de 1985 se me presentó una diarrea sangrante que mantuve por 2 días, sin darle la debida importancia. Tuve que ingresar a una clínica de emergencia y fui conducida por mi hijo de 13 años porque me había desmayado dos veces por una baja de hemoglobina . Bajo éstas circunstancias y queriéndome aferrar a la vida pronunciaba Nan Miojo Rengue Kio, hacía esfuerzos para visualizar el Gojonzon ya que lo había conocido en varias reuniones .

Así pronunciando vagamente comencé a tener confianza y resistir . Después de dos días y de haber manifestado una aparente mejoría, perdí los signos vitales y me revivieron con masajes al corazón. Me intervinieron de emergencia con alto riesgo eliminándome el estómago debido a un tumor de 16 cm. que abarcaba la totalidad del mismo y me unieron el esófago con los intestinos .El tumor resultó benigno. Perdí la noción del tiempo en terapia intensiva por más de una semana , sólo pensaba en Nan Miojo Rengue Kio para poder vivir y cuidar de mis hijos.

Cuando al fin pude hablar y desear comer me enteré que sólo debía ingerir líquidos y posteriormente alimentos sólidos acompañándolos de medicinas. Debía hacer un gran esfuerzo por comer cada tres horas. Mi vida dio un vuelvo radical y todo dependería de la constancia y del respeto que debía generar hacia mi propia vida. La psiquiatría sólo me ofrecía tranquilizantes. Yo me negaba a aceptar la realidad . ¿ El por qué me había pasado esto a mí? . Me quejaba y sufría mucho.

En medio de este infierno, llamé a las encargadas de mi zona y comencé a entonar Daimoku constantemente apoyada por miembros . Con dificultad visitaba algunas casas de miembros para entonar frente al Gojonzon. Aprendí a disfrutar del Daimoku, haciéndolo penetrar por todo mi cuerpo centrando mi oración en el aparato digestivo. Entonces el proceso de mi alimentación que era bastante penoso debido al esfuerzo de todos mis órganos comenzó a mejorar día a día y sin darme cuenta ya podía comer y degustar los alimentos sin miedo.

Las orientaciones y el apoyo de los miembros me fue de muy valiosa ayuda. Asistí a clases de gonguio y aprendí a entonarlo rápidamente, lo cual me producía alegría confianza y coraje.

Sentí la necesidad de recibir Gojonzon pero cuando se acercaba la fecha me obstaculizaba y capté que era mi tendencia a no apreciar la vida. Continuaba entonando Daimoku, leía y releía las orientaciones del Presidente Ikeda y logré sustituir la queja por agradecimiento. Recibí felizmente mi Gojonzon en 1987. Aprendí agradecer al Gojonzon en cada oración, valorar cada órgano de mi cuerpo y estaba convencida de la maravillosa fuerza vital que se manifestaba al estar en contacto de corazón con el Gojonzon y la capacidad sorprendente que posee nuestro cuerpo para regenerarse.

En agradecimiento, abrí mi casa para toda clase de reuniones colocando como centro de mi vida el Gojonzon captando cada vez más el compromiso de mi misión. Avanzaba rápidamente en el cambio de mi karma haciendo Revolución Humana, y apoyando a miembros.

Me reté a prolongar mi vida logrando así también cambio de mi karma Familiar pues muchas personas de mi familia mueren siendo jóvenes aún. Logré incorporarme al trabajo y obtener la jubilación para dedicarme de lleno a las actividades por el kosenrufu.

Ya completamente restablecida pude viajar y compartir con los miembros de la República Dominicana en el Festival de la Amistad, aprendiendo de su ejemplo. Eso me incentivó a tomar la decisión de cuidar y apreciar más el kaikan. Asumí la responsabilidad de suscribir y distribuir el Seikyo Criollo y animar a los miembros a aportar Zaimu. Todas éstas actividades me hacían sentir más cerca de Sensei y de sus propósitos. Mis hijos me sentían más fuerte y se alegraban cuando iba al Kaikan y uno de ellos se hizo miembro . Logré así mismo animar a muchas otras personas a hacer lo mismo.

En Septiembre de 1996 la manifestación de mi karma de salud volvió a presentarse de forma más leve. Tuve que ingresar de emergencia a la clínica y me operaron de una Obstrucción Intestinal sin evidencias de lesión tumoral. Mi Daimoku sincero y confiado me permitió resistir. Hubo que extraerme la vesícula biliar y cortar 24 cm. de intestino, mis pulmones se congestionaron y me mantenían con oxígeno.

Nuevamente tuve todo el apoyo de los miembros, sólo deseaba recuperarme rápidamente para dar Prueba Real de su daimoku sincero, constantemente pensaba en los miembros y en mis hijos. Sacaba fuerzas extrayendo valor. Y seguía disciplinadamente las instrucciones de los médicos, éstos me elogiaban por ser una excelente paciente; “ no se queja “ decían. Sorprendidos me manifestaban que mi organismo respondía cada vez mejor. ¡Tú eres un fenómeno! Y agregaban “a comenzar de nuevo”. Recordé que el último estudio que había preparado fue Hon ni myo (comenzar de nuevo). Pero con el apoyo de los miembros y mi Fe hacía más esfuerzo por recuperarme. Recordaba y me animaba con gratitud y esperanza un poema del Presidente Ikeda: LUCHEN... Resistan , aunque el cuerpo no resista más y al final alcanzarán aquella estrella que parecía inalcanzable.

Llegué a mi casa y sentándome frente al Gojonzon agradecí con tal fervor, percibiendo nuevamente toda su grandiosidad . La respuesta de mis oraciones era evidente, había prologado mi vida y además ésta vez no quedé con deudas . la operación pudo realizarse a tiempo a tiempo ya que el intestino se hubiera podido romper. Por otra parte mis hijos sufrieron menos, se mostraron valientes y confiados .

Agradezco a ellos tanto el amor que me dan y se los retribuyo manifestándoles más respeto y amor hacia ellos. Hoy ya son hombres sanos , profesionales luchadores, honestos , independientes y prósperos.

Comprendí que ésta práctica nos favorece más cuando la Fe se fortalece, entonces los problemas se empequeñecen con el cambio de nuestra condición de vida.

Logré recuperarme con gran rapidez, la digestión volvió a normalizarse en menor tiempo y asimilar los alimentos. Mi organismo respondía con su propia fuerza natural. Tengo la convicción de que cuando estoy frente al Gojonzon mi daimoku produce simultáneamente la respuesta.

He podido participar en cada una de las actividades de la S.G.I.V. y he disfrutado plenamente de ellas venciendo completamente mis limitaciones. Estoy aprendiendo a apreciar la vida y a no desperdiciarla un solo instante porque es demasiado valiosa. Oro para fortalecer y lograr que la Misericordia sea mi base para actuar, proteger a los miembros, apoyarlos con sabiduría y calidez, como me inspiran siempre las orientaciones que estudio de Presidente Ikeda.

Mi oración diaria está dirigida agradecer cada vez más, volcando esta energía dando apoyo continuo sin escatimar esfuerzo. Es un ritmo de dar y recibir. Así muevo mi vida, no podría quedarme con ésta energía después que gracias al Daimoku mi cuerpo responde bien.

Para finalizar , trasmitirles que ya he experimentado : cuando nos proponemos actuar con alegría y convicción para el kosenrufu, brota una enorme fuerza vital y una buena fortuna inmensa . Vamos entonces a luchar unidas armoniosamente por la Felicidad de toda la humanidad. Sensei confía en nosotras.

Muchas Gracias,

27.1.05

Venciendo mi tendencia a escapar


Profesor José Alberto Romero León
Tomado de Seikyo Criollo Octubre 1999


El año escolar 98-99 finalizó el 7 de julio de 1999 con el acto de graduación de bachilleres. Yo, me desempeño como profesor en una institución educativa en los Valles de Tuy, específicamente en Charallave. Desde hace algún tiempo había venido entonando Daimoku para que el año escolar en mi liceo tuviese un final feliz. Cuando llegué a ese liceo, en noviembre de 1995, la institución venía saliendo de una crisis de la cual las relaciones personales habían salido derrotadas. Yo llegaba, como profesor a tiempo completo proveniente de un liceo en donde sentí que había escapado.

Mi arribo al liceo donde actualmente laboro, significó en ese momento la sobrevivencia a un holocausto psicológico que por poco me destruye. Yo pensaba, inocentemente, que trasladarme de centro de trabajo era la solución al problema. Me mudaba de liceo, pero me traía, sin saberlo, eso que yo llamo la maletita karmática. Yo no conocía Budismo en ese momento, pero es importante resaltar en este punto que fue aquí donde entré en contacto con esta filosofía a través de una representante budista, miembro de la SGIV, a quien conocí y puse en contacto, casi inmediatamente con mi esposa y mi suegra, la primera se estaba acercando al Budismo, la segunda ya tenía alrededor de 12 años de práctica.

Mientras tanto, mi trabajo en el liceo continuaba su curso. Paredes agrietadas o con pintura deteriorada, maleza, basura y filtraciones eran los signos más evidentes del grado de deterioro de ese lugar. El chisme, la envidia y otros sentimientos bajos comenzaban a envolverme y me asaltaba un malestar ya conocido por mí: las ganas de partir, o mejor dicho, de huir, de escapar de allí. Sentía que merecía estar en un mejor lugar. Al año siguiente, en noviembre de 1996 comencé a practicar Budismo y empecé a cantar, entre otras cosas, por irme de allí. Hacía Daimoku, oraba fervientemente por trabajar en otro lugar, pero aparentemente no pasaba nada. Continuaba allí, estancado, creía yo que consumiéndome.

Empecé a cuestionarme acerca de los efectos del Daimoku, no entendía qué pasaba y mientras más cantaba por irme más me iba quedando. Entonces, enfoqué mi oración para el mejoramiento de mi lugar de trabajo, comencé a ver hacia mi entorno y me determiné a cantar fuertemente porque mi lugar de trabajo fuese un sitio armonioso, una tierra de paz. Y los cambios se hicieron tangibles. El liceo empezó a mejorar su aspecto lenta pero progresivamente. La grama y las flores comenzaron a crecer donde hasta hacía poco sólo habían piedras. Una pared fue construida donde antes había una cerca semiderrumbada, las oficinas fueron acondicionadas y las áreas verdes se hicieron más visibles. Pero faltaba algo.

Las relaciones interpersonales en todo el liceo y la salud de los que dirigían el mismo seguía en franco deterioro. Yo continuaba entonando Daimoku y los problemas iban profundizándose. Las últimas tres personas que habían tenido la responsabilidad de la dirección del liceo se habían enfermado, dos de ellas gravemente, en el ejercicio de sus funciones. La situación hizo crisis y en marzo de este año 1999, mi centro de trabajo era un barco a la deriva. No había quien lo gerenciara. La situación se hacía casi insostenible. Entonando Daimoku profundamente entendí en ese momento, por otra vía (había graves problemas de irrespeto en mi entorno familiar) que tenía que hacer Daimoku profundo por ese aspecto o área de mi vida. Tenía que y quería ser una persona más respetada, un hombre más respetable. Entoné fuertemente por extraer esas potencialidades desde lo más profundo de mí.

Y sucedió lo místicamente explicable: colegas, secretarias, obreros y estudiantes comenzaron a ver en mí a esa persona capaz de tomar las riendas del liceo y evitar que éste fuese una nueva versión del Titanic. La sola idea de encargarme de la dirección me aterraba. Me designaron en comisión para plantear la problemática de la falta de dirección en la gerencia del liceo. Fui a la Zona Educativa del Estado Miranda y la respuesta que obtuve fue: Encárguese usted. Fui a la Asamblea Legislativa del Estado Miranda donde me fue concedido un derecho de palabra ante la Comisión de Educación a fin de buscarle solución inmediata a un problema karmático que ese liceo tiene desde que fue fundado en 1987 y la respuesta de la comisión fue una interrogante: ¿Y por qué no se encarga usted? Mi respuesta siempre era la misma: Es que yo no tengo tiempo.

Mientras tanto, yo continuaba entonando Daimoku por más respeto en mi vida y lo que obtenía en retribución era más responsabilidad. Yo no entendía aquello. Me parecía fuera de toda lógica. ¡Claro! No podía entenderlo lógicamente, tenía que comprenderlo místicamente, con mi vida. Comprendí entonces, que si casi todos creían que yo era la persona indicada, era porque ellos me percibían como la persona respetable por la que yo había venido entonando Daimoku. Al fin y al cabo, ¿no era por más respeto por lo que estaba cantando? Comprendí, que eso era una evidente respuesta a mis oraciones y que yo había hecho las causas para desempeñar tan relevante y exigente posición. Digo esto porque siempre tengo presente frente a cualquier circunstancia de mi vida aquel fragmento del Sutra Shinjikan que Nichiren Daishonin cita en su tratado "La Apertura de los Ojos" que dice: Si quieren comprender las causas que existieron en el pasado, miren los resultados que se manifiestan en el presente. Y si quieren conocer los resultados que se manifestarán en el futuro, miren las causas que existen en el presente.

Finalmente, tomé la decisión, y un día de Junio de este año 1999 pasé a ser el Director encargado del liceo "Creación Charallave". No podía continuar evadiendo, por miedos muy profundos, esa responsabilidad. He comenzado, gracias a esta extraordinaria práctica, a vencer mis temores, mi ira hacia mi mismo, porque el miedo no es sino una mezcla donde confluyen tres de los cuatro bajos mundos, ira hacia uno mismo (por no sentirse seguro que no es otra cosa que no sentirse digno), animalidad por aquello del instinto de conservación que invade a todo animal asustadizo, e infierno por el sufrimiento en el cual el miedo nos sumerge.

Comencé a gerenciar el liceo y los cambios positivos se hacían más notorios tanto en lo físico como en lo espiritual. Fui sumando aliados y todos me transmitían verbal o actitudinalmente una sensación de agradecimiento que yo no podía retribuir sino con más compromiso. Trabajé mucho más horas de las que me correspondía trabajar. Desde el primer día de mi gestión vi, no sin asombro, como los problemas y sus respectivas solucione se presentaban como una cadena de circunstancias con final feliz. A mi llegada al cargo, varios colegas cayeron enfermos, una colega fue operada, dos sufrieron un accidente automovilístico, otra colega sufrió traumatismos en la cara producto de una pedrada y la madre de una de las secretarias de mi antigua seccional sufrió un Accidente Cerebro Vascular.

Todo esto generaba ausentismo, es decir, obstáculos para mi gestión. Pero yo, siguiendo aquella orientación de Nichiren Daishonin plasmada en el Gosho la "Felicidad en este Mundo" sufría lo que tenía que sufrir cuando se presentaban los obstáculos y gozaba lo que tenía que gozar cuando "llegaban" las soluciones. Yo continuaba entonando Nam Miojo Rengue Kio con la misma convicción con la que llegué al cargo de director: hacer del liceo una tierra pacífica, un lugar para la paz. Donde quiera que esté, ese lugar debe ser un espacio armonioso y tengo en Nam Miojo Rengue Kio el instrumentopara lograrlo. Creo firmemente que, como dijo Nichiren en el Gosho "Sobre el logro de la Budeidad" que si el corazón de las personas es puro, su tierra también lo será. Como budista, debo preocuparme por atesorar a mis compañeros, sean budistas o no, y yo en concordancia con esa idea he mantenido contacto con todos ellos y ya por cierto le he hablado de Budismo a alguno de ellos.

En mi primera semana como director se cristalizó la visita, con mis ahijados de promoción de 2° de Humanidades, no sólo a la Exposición sobre Armas Nucleares sino también al Kaikan. Fue una experiencia muy reconfortante si tomamos en cuenta el extravío en el cual se haya sumida nuestra juventud. Por cierto algunos manifestaron su interés por el Budismo. Uno de ellos ya ha entonado y me ha comunicado que ha tenido prueba inmediata. La práctica del Budismo me ha fortalecido ese sentido al que todo docente debe despertar. Tal y como lo dije al comienzo de la narración de mi experiencia, yo había venido cantando para que el año escolar tuviese un final feliz. El 29 de Julio de 1999 se celebró el acto de graduación de bachilleres. Ese día obtuve grandes beneficios. Me fueron otorgadas dos placas de reconocimiento, una por parte de mis ahijados de promoción de 2° de Humanidades y la otra (era una sorpresa) me fue otorgada por los graduandos de las cinco secciones, quienes previa votación, me habían seleccionado como el profesor que se hacía acreedor de tan alta distinción.

Por primera vez en mi vida fui ovacionado de pie por una audiencia y hoy no dejo de agradecer a la Ley Mística que el año escolar haya terminado así. Hoy, siento que los efectos de mi práctica han comenzado a manifestarse en mi entorno laboral. Mi liceo luce hoy como una edificación a ser inaugurada porque fue incluida en el Plan Bolívar 2000 y ha sido casi totalmente refaccionada. Actualmente continúo orando profundamente para que esos efectos se manifiesten más fuertemente en mi ambiente familiar, pero este es tema para otra experiencia. Espero narrarla pronto. Muchísimas gracias.

Escribí una nueva historia para mi vida

Experiencia de Jack DiPietro
Rancho Santa Margarita, California. World Tribune, junio 4, 1999.
Tomado de Seikyo Criollo Diciembre 1999

Jack DiPietro explica cómo su vida pasó de ‘infierno a felicidad’ durante sus 26 años de práctica budista. Aparte de disfrutar de numerosos tesoros del corazón, él está actualmente trabajando para adquirir un Ph. D. en Inglés, a pesar de haber sido diagnosticado con afasia congénita: "pérdida total o parcial del poder de usar o entender las palabras". En 1971, quedé devastado por el asesinato de mi amigo Eddy en Santa Mónica. Con 13 puñaladas, debido a una deuda de $30 con unos tipos, Eddy murió a mis pies, rogando: "Ayúdame, Jack, me estoy muriendo". A pesar de tener pesadillas cada noche y temer por mi propia vida, señalé a los criminales, lo cual condujo a la policía a encontrar el arma homicida y una chaqueta ensangrentada en casa del principal sospechoso, los componentes de un caso sólido, o al menos así lo pensé
yo.

En el proceso, el juez desechó la evidencia, desestimó al testigo ocular (yo), y descartó el caso. A esas alturas de mi vida, me convertí en un nihilista activo; no creía en nada; para mí, el mundo físico era todo lo que existía, y estaba convencido de que el universo era indiferente hacia mí. No creía en ninguna existencia, influencia o significado sobrenatural ni espiritual. Mi vida era el infierno. Sartre se equivocó. Recuerdo que en ese entonces pensaba: "el infierno no es 'la otra gente', el infierno soy yo. El diccionario Webster debería colocar una foto mía, de 8 x 10 pulgadas, junto a la definición de infierno". Luego, cuando mi novia, Tricia, una conejita de Playboy, me abandonó un año después, me sumergí en el más profundo y oscuro, la madre de todos los infiernos.

Afortunadamente, para mí, sin embargo, mi amigo Cleve se había unido a la SGI-USA en 1971. Cleve había sido algo así como mi guru. Por un par de años, tuve una relación pseudo maestro discípulo con Cleve. Sin embargo, me alejé de él cuando se unió a lo que yo supuse era algún tipo de culto extraño. Aún así, fue a Cleve a quien llamé cuando la conejita Tricia me dejó. Me quedo corto cuando digo que manifesté una absoluta incredulidad cuando me dijo que entonara Nam-miojo-rengue-kio para que mi chica regresara. A pesar del hecho de que me perdería el Show de Sonny y Cher (n.t.: popular programa de televisión de la época), asistí a mi primera reunión budista esa noche, y en ese momento y lugar me uní a la SGI-USA.

Veintiséis años después, me siento increíblemente feliz por haberlo hecho. Todo cambió , mi vida pasó del infierno a la felicidad. Desde que estoy practicando este budismo he recibido beneficios extraordinarios, he superado obstáculos tremendos y constantemente he profundizado mi fe en el Budismo del Daishonin. A modo de ilustración diré que, en 1976 me casé con una joven quien desde entonces ha sido la base y el apoyo principal de mi vida. Me había unido a la SGI-USA porque quería que mi conejita Tricia regresara. Realmente creo que lo que regresó desde mi pasado eterno fue mi esposa, mi pareja espiritual. Irónicamente, su nombre también es Tricia. Durante los 22 y tantos años que hemos estado juntos, nos hemos tenido que respaldar el uno al otro muchas veces. Por ejemplo, por 12 años intentamos desesperadamente tener hijos. Sin embargo, los muchos doctores que visitamos en el curso de esos años, no pudieron diagnosticar la causa. Finalmente, buscamos orientación de una persona con experiencia en la fe, quien nos dijo que nos esforzáramos en tratar a los miembros de la SGI como si fueran nuestros hijos, hablando figuradamente, por supuesto. Como responsables de cabildo que éramos en ese momento, pusimos su orientación en práctica de inmediato. Poco después, el problema fue diagnosticado, y hoy en día tenemos dos preciosos hijos, Tom y Tracy, a quienes estamos criando con una tremenda alegría, amor y agradecimiento. Estos recuerdos y estos niños son ambos mis preciosos tesoros del corazón. Los miembros de la SGI también son preciosos tesoros del corazón para mí.
Recuerdo en 1992, por ejemplo, como Jon, un miembro de mi cabildo, salvó mi vida. En realidad, sólo estaba devolviéndome el favor, porque unos cuantos años antes yo había ayudado a salvar la suya. Jamás olvidaré cuando me llamó para decirme que sus médicos le acababan de dar 30 días de vida: debido a un estado avanzado de cáncer de pulmones. "Jack", me dijo: "los doctores me dijeron que arreglara todas mis cosas". Quedé petrificado. Casi le digo que le diría a alguien con más experiencia que le devolviese la llamada porque sentía que no tenía la sabiduría para ayudarlo. Entonces recordé que casi 20 años antes mi amigo Eddy había muerto a mis pies mientras yo permanecía impotente, y sabía que no iba a dejar que eso ocurriese de nuevo, porque esta vez no estaba desarmado. Una inmensa confianza brotó a la superficie de mi vida; las palabras salieron de mi boca casi como si tuvieran vida propia. Le dije a Jon: Tus médicos no saben nada acerca del poder del Gojonzon, Jon, el poder de Nam Miojo Rengue Kio. Tú no te vas a morir, ¡te lo prometo! ¡Tú vas a vivir porque tú tienes una misión que cumplir por el Kosen Rufu! ¿Por qué no entonas Daimoku durante 10 horas cada día para poder vivir con el propósito de cumplir con esa misión? Jon vivió y dejó confundidos a todos los doctores en el Hospital City of Hope quienes erróneamente habían anticipado su fin.

Hace un par de años, Jon se me acercó después de una reunión de diálogo y me preguntó si me acordaba de cuando le dije que entonara 10 horas de daimoku por día. Dijo: "Nunca te dije esto antes, pero no logré entonar las 10 horas por día porque me sentía terriblemente mal todo el tiempo, debido a las grandes dosis de
Quimioterapia y radiación que recibía. De manera que sólo pude entonar tres horas por día. Lo siento Jack." Los miembros son sin duda alguna tesoros del corazón tan maravillosos. Como dije anteriormente, sin embargo, Jon sólo estaba devolviéndome el favor.

Para enero de 1992, el negocio familiar (Mi esposa yo somos consultores financieros que trabajamos por nuestra cuenta) había estado "circundando el WC" por los dos últimos años debido a la fea depresión económica que sufrió California desde principios hasta mediados de los años 90. Ya habíamos perdido nuestra propiedad de tres acres, carros, caballos y ahorros. Ya habíamos experimentado obstáculos similares diez años atrás y los habíamos superado con nuestra práctica budista. Por alguna razón, sin embargo, fui tan tonto como para pensar que al sobrepasar esos obstáculos financieros una vez, ya nunca tendría que enfrentarlos de nuevo. Y me sorprendí mucho cuando volvieron a presentarse, en una escala mucho mayor aún, diez años después.

Aún así, comencé a entonar dos, después tres, cuatro, cinco horas de daimoku por día para superar estos obstáculos. Pero sin importar cuanto daimoku entonara, nada parecía cambiar. Después de dos años en esto, un domingo por la mañana en enero de 1992, después de hacer el gonguio, le dije a Tricia que iba a abandonar la práctica. Caramba, nunca había visto a mi esposa tan enojada; pero, dijera lo que dijera, estaba decidido a abandonar después de casi 20 años de práctica. Estaba frustrado y enojado por no poder salir del estancamiento kármico, con todo lo que estaba practicando. Mientras mi esposa me estaba regañando a gritos, el teléfono repicó. Era Jon. Su grupo estaba organizando una reunión en la que el tema era citas favoritas de los escritos de Nichiren Daishonin. Me preguntó si podía localizarle un pasaje en especial. Yo ya sabía exactamente cual era el pasaje que estaba buscando. Se lo leí por el teléfono: "Esta vez estoy seguro de que abandonará su fe. Si lo hace, no tengo la menor intención de reprochárselo. De igual manera, tampoco debe usted culparme a mí, Nichiren, cuando haya caído en el infierno. De ninguna manera es mi responsabilidad". (Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 2, (2da. ed.), p.243).

Cuán maravillosamente increíble el hecho de que Jon me llamase en ese momento crucial y me pidiera leerle esta orientación tan apropiada. Mientras le leía el pasaje, sentí como si el Daishonin me hablase a mí directamente. De manera que me encontré a mí mismo de nuevo en la condición de vida de infierno, de la cual había emergido hacía ya 20 años cuando comencé a practicar. Supe en ese instante que no iba a abandonar; comprendí que no iba a rendirme ante mí mismo, ni ante Jon y todos los demás miembros que contaban conmigo. Recuerdo haber pensado: "Juro, Daishonin, que nunca abandonaré; nunca me rendiré; nunca olvidaré mi promesa. Yo venceré, no importa qué suceda; sólo obsérvame". En ese preciso momento superé el estancamiento.

Consecuentemente, en los siguientes tres meses nuestro negocio arrojó ganancias por más de $100.000. Desde entonces, mientras que tres cuartas partes de nuestros competidores se han tenido que salir del negocio, nuestra pequeña compañía de dos personas se ha convertido en una de las primeras firmas ejecutivas de consultoría de la industria financiera de California del Sur. Por contraste, no me atrevo a pensar qué hubiera sido de mí si mi querido amigo no hubiese llamado ese domingo por la mañana en 1992. He querido escribir mi experiencia en la fe desde hace muchos años. Sin embargo, no lo había hecho debido a que tengo muchas dificultades con el lenguaje, ya que tengo afasia, que según el diccionario es "una pérdida total o parcial de la capacidad para usar o entender las palabras, quedando intactos los órganos vocales, sin alteración de la inteligencia. Resulta comúnmente de daño en el cerebro". Aún cuando sí sufrí una fractura severa de cráneo siendo pequeño, actualmente se me ha diagnosticado afasia congénita, lo cual tiene sentido ya que mi hijo de 10 años de edad también la ha heredado. Sin embargo, el caso de Tom es mucho más severo que el mío. Mientras que mi afasia provoca una pérdida moderada de la habilidad verbal, la suya causa una pérdida importante no sólo de la habilidad de usar las palabras sino también de entenderlas. Tom no habló hasta que tuvo 7 años de edad, y no construyó una oración completa hasta que tuvo casi 9. Debido a estos síntomas, un psicólogo de la escuela primaria nos dijo una vez que nuestro hijo era retardado mental.

Hace dos años, sin embargo, después de entonar una tremenda cantidad de daimoku por el bien de Tom, finalmente fue diagnosticada su verdadera condición afásica. Encontramos un terapista de lenguaje muy especial, cuya habilidad y determinación han permitido a Tom avanzar en sus habilidades de lenguaje exponencialmente en los dos últimos años. Gracias a Tom, pude ver con más claridad mi propia incapacidad afásica. Me sentí tan feliz de descubrir que el mal que me había plagado toda mi vida era claramente fisiológico. Las palabras simplemente no salían, especialmente cuando trataba de expresarlas en forma escrita. Siempre pensé que sólo se debía a estupidez mía. A pesar de esta condición, sin embargo, estoy terminando un Ph. D. en Inglés en la Universidad de Graduados de Claremont. Comencé mi master en enero de 1992, y he estado trabajando muy duro desde entonces. ¿Cuán duro? Bueno, por ejemplo, cuando tenía que escribir alguna tesis, me llevaría cuatro veces más tiempo escribirla que a mis compañeros. Desde 1992, he tenido que escribir 68 tesis.

Además de mis estudios y mi trabajo de tiempo completo como consultor, también soy profesor adjunto de Inglés en el Instituto Saddleback. He estado dando clases a tiempo parcial en pregrado desde 1993. Mi materia es Introducción a la Composición - ¡Qué ironía! Al fin he terminado el período regular del curso de Ph.D., y mis exámenes finales serán en agosto. En ese momento tendré que escribir una disertación de 200 páginas. Debido a que escribir me resulta tan difícil, esta disertación me ha preocupado desde que comencé mis estudios de postgrado. Aún así tengo que hacer un buen trabajo - no, un gran trabajo - en esta tesis final. Estoy escribiendo acerca del presidente de la SGI Daisaku Ikeda, comparando sus escritos con los escritos trascendentalistas de Emerson, Thoreau, y Whitman. El jurado de mi disertación será: el director del departamento de Inglés de la Universidad de Graduados de Claremont; el director del departamento de Inglés de la Universidad del Estado de California, en Los Angeles; el Dr. Alfred Balitzer, profesor de ciencias políticas en Claremont y el presidente honorario de la Universidad Soka de América. Es por esto que pienso que ha llegado el momento de escribir esta experiencia.

23.1.05

La relación sentimental de mis sueños

Experiencia de Robyn Thaw
Experiencia extraída del “World Tribune”, publicación de la SGI-USA, del 3 de abril de 1998.
Tomado del Seikyo Criollo Junio 1998


Después de 22 maravillosos años de práctica budista, Robyn Thaw logró exactamente lo que estaba retada a lograr, la relación sentimental de sus sueños. Ella puede ahora atestiguar
que en el Budismo no hay esfuerzo perdido, y que vale la pena esperar el verdadero amor.

He esperado mucho tiempo para tener esta experiencia y la emoción que siento de poder compartirla, finalmente, es enorme. Lo que voy a contar se refiere a ese pedazo de roca kármica que nunca parece moverse a lo largo de los años. Para mí, esta roca era la de las relaciones sentimentales y, en particular, la de encontrar y casarme con la persona correcta para mi vida; esa, a la que muchos llaman “el alma gemela”. En cada Gonguio de año nuevo yo me determinaba a cambiar esto y para entonces, al final de cada año, el 31 de diciembre, me veía de nuevo entonando Daimoku, sola, frente a mi Gojonzon, dispuesta a retomar mi determinación. Esta situación se repitió durante 20 años. Mi práctica budista se mantuvo fuerte a lo largo de los años. Como resultado, cambié mi vida. También llegué a un punto en el que dejé de sufrir por encontrar la persona con quien compartir mi vida. Me di cuenta que ya la estaba compartiendo con muchísima gente que realmente me importaba y aunque pensaba que para ese momento ya yo debía haber estado casada y con hijos, no podía quejarme. Estaba feliz y, a pesar de los ataques de soledad, tenía una vida maravillosa que incluía una atractiva y satisfactoria carrera que hace tres años me trajo de Boston a San Francisco.

Decidí que realmente yo ya no necesitaba orar sobre ese asunto. Sabía que, mientras me mantuviera entonando Daimoku y practicando por el bien de los demás, esta área de mi vida se iba a resolver cuando llegara el momento adecuado. El Gojonzon no está fuera de mi vida, esto me llevó a sentir que no tenía que cantar específicamente por algo en particular para que el Gojonzon conociera mi deseo. Hablé con la Sra. Clark, responsable de la División de Damas de la SGI de los Estados Unidos cuando visitó mi zona. Al final de nuestra conversación se me ocurrió contarle sobre mi nueva manera de pensar. Se mostró un poco sorprendida. Me preguntó si todavía quería casarme. Le dije que sí. Ella entonces me preguntó que cómo era posible que no estuviera orando por eso. Me explicó que, a veces, está muy bien que no oremos por todo lo que queremos, pues en la medida que nos devocionamos a la felicidad de los demás, nuestra vida se inunda de
beneficios. Me explicó que si tenemos un área débil en la vida que evitamos enfrentar, se nos abre una brecha que, con el tiempo, se llena de dudas y se hace cada vez más profunda. Me dijo que, si esto era algo que yo realmente deseaba, era muy importante que mantuviera el reto hasta hacerlo realidad. Así lo hice. Un maravilloso beneficio siguió.

Fui al Japón y estuve con el presidente Ikeda el 3 de mayo de 1997, en la reunión conmemorativa llevada a cabo en el Salón Makiguchi. En esa oportunidad el presidente Ikeda habló sobre lo que significa sostener una fuerte determinación para triunfar. Dijo que, con frecuencia, nuestra determinación es muy superficial, mientras que la verdadera determinación se mantiene día tras día, año tras año, sin fallar, suceda lo que suceda, tome el tiempo que tome. Comprendí que limitarse a sólo mantener la expectativa de que nuestros sueños se conviertan en realidad, sin la determinación de mantener esos sueños, es una visión superficial de nuestra práctica budista y que una visión así nos puede conducir a dudas e infelicidad. Durante muchos años esperé pasivamente que ciertas áreas problemáticas de mi vida cambiaran gracias a mi fuerte práctica, en lugar de usar mi práctica para atacar esas áreas. Había confundido expectativa con determinación. A pesar de que ambos son importantes, llegué a comprender claramente la diferencia. Me sentí emocionada, tremendamente agradecida y llena de esperanza. Cuando llegué a casa, estaba verdaderamente decidida a atacar muchas áreas de mi vida, incluyendo la de encontrar a la persona correcta con la cual compartir mi vida. Mi oración era simple: encontrar a alguien que me amara y me valorara, y que amara y valorara a la SGI. Sentía que ya tenía el resultado cada vez que oraba al Gojonzon. Cada vez que contaba una experiencia o que hablaba con otros les decía que yo sabía que iba a conocer esta persona muy pronto. No tenía dudas sobre ello.

Dos semanas después conocí a Alan. Ocho meses después Alan me pidió que me casara con él. Acabo de cumplir cuarenta y siete años y este será mi primer matrimonio. ¡Muy por encima de lo que dicen las estadísticas sobre las oportunidades que tiene una mujer para casarse cuando ha sobrepasado los 35 años! Debería mencionar lo maravilloso que es Alan como persona. Tenemos una relación increíble, mejor de lo que me hubiera atrevido a imaginar con cualquier persona. Hay amor, respeto, pasión, alegría, y profunda amistad. Él no practica pero me apoya de todas las formas posibles, hasta en la lectura y en las profundas conversaciones que sostenemos sobre el budismo. Somos “almas gemelas”. Algunas personas, cuando nos ven juntos, nos comentan que una relación como la nuestras es la que quisieran tener.

Alan es la persona con la que soñé toda mi vida. Realmente agradezco haber tenido la tremenda fortuna de esperar. Aun cuando eso no era lo que sentía a lo largo de los años. Nos conocimos en el momento absolutamente preciso para ambos. Estoy segura de que, según mis tendencias, si me hubiera casado hace muchos años como yo deseaba, no hubiera podido desarrollar la fuerte práctica y profunda convicción que tengo ahora en la fe. Mi captación de lo que soy y de dónde está mi felicidad, habría permanecido superficial. De esto estoy segura.

Un vicepresidente de la SGI de los Estados Unidos me contó una vez su hermosa experiencia sobre cómo conoció y se casó con su esposa. Me dijo que en su juventud había tomado la decisión de casarse y que desde entonces había comenzado a orar para encontrar la persona correcta para su vida, que entonara Daimoku y practicara con fuerza dentro de la organización, pero que los años pasaban y no aparecía la esposa. Cuando finalmente la conoció, supo que esa era la persona, sintió una profunda conexión con ella. La parte de su historia que más me conmovió fue que para el momento en que él había tomado la determinación de casarse, su futura esposa tenía sólo ¡catorce años! Obviamente, el tiempo no era el correcto y no se conocieron por muchos años, hasta que ella alcanzó la edad adecuada y estaba lista para casarse. Su espera me recuerda lo que el presidente Ikeda dice en el Volumen 1 de sus Disertaciones sobre el Sutra del Loto: “Puede haber momentos en los que pensemos ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ Sin embargo, no debemos permitirnos ser desviados cada vez que surge algún fenómeno; porque desde ya es seguro que seremos felices al final.

Deberíamos tomar como un entrenamiento todo lo que nos ocurre en nuestra práctica, para alcanzar el destino de nuestra felicidad. Si lo hacemos, más adelante veremos el profundo ‘significado’ e ‘intención’ subyacente a cada uno de estos fenómenos”. Mi experiencia de que mi oración haya sido respondida, no es el resultado de una cosa en particular. No se debió a que yo, de repente, recibiera la orientación correcta, o a que encontrara el área débil de mi vida que debía cambiar. No tiene que ver, simplemente, con que yo haya profundizado en cómo cuidar de los demás, o que haya cambiado un aspecto de mi práctica, o que me haya determinado por primera vez. Es una combinación y una acumulación de todo.

Con toda claridad, pude traspasar la barrera porque nunca me di por vencida. Esto no fue fácil en los momentos en que fueron surgiendo las dudas, año tras año. El presidente Ikeda escribe: “El Daishonin dice: ‘si no albergamos dudas en nuestros corazones, con seguridad alcanzaremos el Estado de Buda’. Quienes evitan sucumbir ante las dudas, suceda lo que suceda, son ganadores en la fe. Son las personas que verdaderamente comprenden la intención del Daishonin”. Cambié mi situación gracias a que año tras año, por muy fuerte que fuera la duda o el obstáculo que estuviera enfrentando e independientemente de lo que estuviera sintiendo en un momento determinado, siempre regresaba al Gojonzon y daba el máximo de mí por el bien de los demás dentro de la SGI, sin detenerme. Aun cuando había momentos en que hacía las actividades budistas por mi propio beneficio o desde mi propio ego, no importaba. Siempre trataba de estar cerca del corazón del presidente Ikeda, de trabajar mis propias debilidades , y de devocionar mi vida por apoyar la práctica de mis amigos de la SGI. Por eso gané. Qué increíble fortuna podemos acumular viviendo este tipo de vida, día tras día, año tras año. Aunque es maravilloso lo que siento al estar comprometida en matrimonio con alguien a quien amo tanto, tengo que decir que el verdadero beneficio no tiene en realidad nada que ver con haber encontrado a esta persona. El centro de mi alegría es saber con cada célula de mi vida que lo que el Gojonzon encierra es verdadero y que nuestra práctica por los demás realmente trae beneficios a nuestras propias vidas. Quiero agradecer al presidente Ikeda y a tantos amigos y dirigentes de la SGI en todo el país, que han estado conmigo y me han animado a través de los años. Ustedes son mis “tesoros del corazón”.

Hay una última cosa que quisiera decir. Cuando estuve en el Japón en 1990, recibí orientación de la Sra. Hachiya, Asistente a la Responsable de la División de Damas de la SGI, sobre cómo traspasar la barrera que nos impide encontrar a la persona correcta. Ella me dijo que mi reto no era encontrar un esposo sino desarrollar un corazón cálido y abierto y que, así, yo atraería a mi vida a la persona correcta. Una noche, Alan me sentó frente a él y me dijo “tú tienes el corazón más hermoso que yo jamás haya conocido. ¿Quieres casarte conmigo?”. Imagínense lo que le contesté.

Si no hubiese sido por esta maravillosa práctica...

EXPERIENCIA DE LA SRA. ANGÉLICA DÍAZ, MIEMBRO DE CALI, COLOMBIA. DICIEMBRE 1997
Tomado del Seikyo Criollo, Marzo 1998


Buenos días queridos compañeros: saludo cariñosamente al Sr. Mazequina que viene desde el Perú a visitarnos - Angélica Romero encargada de las damas en Colombia y el Sr. Yesid Machado encargado de la organización en Colombia.

Señoras y señores:
Para mi es muy placentero representar al Dpto. del Valle del Cauca en tan importante asamblea como integrante del grupo budista y a la vez doy mis más sinceros agradecimientos por tenernos en cuenta, esperamos que estas reuniones se hagan con más frecuencia en las diferentes ciudades del país donde hayan integrantes de nuestra organización para lograr objetivos como la paz mundial. Les contaré la historia de mi vida antes de conocer este maravilloso Budismo Ortodoxo de Nichiren Daishonin.

Desde mi niñez he estado carente de mucho amor y comprensión y esto me trajo muchas amarguras a mi vida; me casé y fui muy infeliz. Elegí a la persona menos adecuada, me separé después de haber estado en clínicas de reposo y tomando calmantes en cantidad para mis angustias. Mi separación fue muy traumática pues me quitaron todo, lo único que faltaba era que me quitaran a mis hijos y mi esposo y su familia lo intentaron hacer. Debido a esta situación tan terrible decidí irme para Venezuela con mis dos hijos pues yo vivía en Medellín sumida en la amargura más grande, con un maletín en la mano y sin casa donde vivir; mis hijos vivían con mi suegra.

Me fui con ellos para Venezuela y fue también para sufrir, tomaba mucho licor y como el sufrimiento era tan grande odiaba a la gente y todo lo que me rodeaba. Me encontraba sola, muy sola, en un país extraño, pero ese odio era lo único que me hacia sentir fuerte y segura. Encontré un trabajo en una empresa en Caracas como secretaria y la persona que dirigía esa empresa era budista. Ella comprendió sin que yo dijera nada toda mi angustia y mi sufrimiento y me dio escrita en un papelito la palabra Nam Miojo Rengue Kio.

Empecé a practicar con mucha dificultad porque me daba miedo que Dios me castigara, así pensaba yo. Empecé a repetir Nam Miojo Rengue Kio y al poco tiempo vi como lograba las cosas con más facilidad. Al cabo de un año ya no sentía casi deseos de tomar, pero mi mente estaba como un rompecabezas y por lo tanto, mi vida estaba igual. Ahora, después de 18 años de práctica he visto y experimentado una profunda transformación. Los cambios que han habido en mi vida a través de mi práctica son: mi estabilidad emocional, laboral, familiar y el gran beneficio de tener mi casa propia para el Kosen-rufu y para que se hospeden en ella miembros de Colombia y de cualquier parte del mundo. Otro cambio que he tenido en mi vida ha sido el ya no sentir miedo de estar sola. La determinación que tengo ahora es la de luchar por el Kosen-rufu de Colombia, concretamente en Cali, ayudar a que sean felices las personas que ya conocen esta maravillosa práctica y las que deseen ingresar a ella y además apoyar a nuestros jóvenes que son el futuro de nuestra querida Colombia y para concluir les puedo decir que si no hubiese sido por esta maravillosa práctica del Budismo Ortodoxo de Nichiren Daishonin y la guía, aliento y orientación que a diario recibo del presidente Ikeda, yo ya no existiría y les puedo decir muy humildemente que se puede lograr con ella la felicidad y mucho más.

22.1.05

Experiencia: En el combate, no permanecer solo

Por Gwenael Colin. (originalmente publicado por Troisième Civilitation. Feb. 1997)
Tomado del Seikyo Criollo. Junio 1997

Gwenael Colin Después de muchos meses, he resuelto hablar de mis andanzas para relatar mi compromiso con el Budismo de Nichiren Daishonin. Ha sido el miedo lo que me ha detenido en esta iniciativa, porque el asunto aquí es, por una parte, el Sida y por la otra, mi homosexualidad. Lo que es claro, es que todas las diferencias pueden ser fuente de rechazo por parte de los demás, en mi caso, enfrentando esta situación, lo que obtuve fue amargura y miedo. “Haz de tu vida una aventura”, con frecuencia me viene a la memoria esa frase que había ronunciado Sor Emmanuelle.1

Esa toma de conciencia de que sólo yo podía escribir la historia de mi vida se produjo a través del Sida. El punto de partida fue el día en el que supe que era seropositivo. Me hizo decir “no” a ese destino e intentar actuar y preguntarme ¿el ser humano puede cambiar su destino?

Una fábula de J. La Fontaine
¿Cuál es en la vida la parte de determinación y de libre albedrío? Esos dos aspectos me remitieron con frecuencia a la fábula de La Fontaine. Cuenta la historia de dos ranas que habían caído en una vasija de leche. La primera intentó infructuosamente saltar el recipiente y se desalentó, perdió la esperanza, se dejó hundir y finalmente se ahogó. La segunda, por el contrario, se movió tanto que la leche terminó convirtiéndose en mantequilla y se salvó. Hoy, considero que el Budismo me permite darme la oportunidad para intentar ser la segunda rana, me ha permitido establecer la dignidad de mi vida y no encerrarme dentro de una jaula de desesperanza.

En tan sólo un instante, aquellas palabras...
27 de diciembre de 1990: Centro de despistaje anónimo y gratuito del hospital La Grave- Toulouse. Para confirmar, tras las puertas de la habitación en la que había entrado, escuché a la doctora decirme con voz clara: “El resultado es positivo”. Un huracán me atravesó el cráneo. En tan sólo un instante, aquellas palabras y todo en mi cabeza se derrumbó. Me quedé aterrado. Tengo 24 años. Comienzo mi vida activa. Soy seropositivo del virus HIV. Ahora sabía que los rodeos se habían terminado, que la barra es alta y me enfrento a un combate de larga duración. En verdad soy muy obstinado, pero este combate parece superior a mis fuerzas.

Vuelvo a recordar el Budismo
Llegué a Toulouse en Marzo de 1990 por razones profesionales, mi compañera de trabajo me había hablado del Budismo. Durante un tiempo había juzgado la filosofía muy interesante, muy buena para los demás, pero inútil para mí. Sin embargo, vista la situación presente, las nociones de combate y de “Victoria o derrota” volvieron a mi cabeza. Fue igualmente mi compañera, quien me incitó a hacerme el examen de HIV, hoy día me doy cuenta que a ella le debo mucho. Ese 27 diciembre de 1990, de regreso a mi lugar de trabajo, a las 2:00 de la tarde, mi compañera Jocelyne, que sabía de mi visita al hospital me preguntó las nuevas sobre la serología, vió el resultado positivo y su respuesta no se hizo esperar: “Practica Budismo Gwen o al menos inténtalo”. Le respondí: “Ok, en el punto donde yo estoy no me cuesta nada intentar”. Creo que tuve la oportunidad de poder hablar enseguida acerca de mi seropositividad a alguien cercano. (Conociéndome, esperar algunos días no hubiera favorecido a que se abriera mi caparazón de ostra, cerrado para no poder abrirse nuevamente) Los días que siguieron anduve como un zombie, errante por la vida.

El suicidio, compañero fiel
Aunque mis reflexiones con relación al Budismo me brindaban un poco de esperanza, el suicidio, compañero fiel de mis días de infierno, hizo su aparición con más fuerza. Pasadas las festividades de fin de año descubrí el Budismo, asistí a las prácticas y reuniones de discusión. Recuerdo bien a los practicantes, cómo se comportaban, sus relaciones entre ellos. La perspectiva de la muerte y la decadencia me habían debilitado psicológicamente. No me quiero comprometer con una organización y una filosofía que podría aprovecharse de esa fragilidad.


Decidí brindarme la oportunidad de combatir
Marzo de 1991: Decidí partir a Japón por 2 semanas para intentar darme cuenta por mi mismo qué era la Soka Gakkai. Trabajando en una línea aérea, el precio del billete es muy reducido. Un amigo japonés, Toshiaki, me recibiría en el seno de su familia. De regreso a Francia, decidí valientemente brindarme la oportunidad de combatir. Me sumergí más seriamente en la práctica, en la lectura y en asistir a las reuniones. El Budismo me atrapó más y más y se convirtió en un bastión muy sólido donde apoyarme para poder sacar la fuerza de levantarme y continuar el camino. Mis fórmulas sanguíneas se mantenían firmes: mis CD4 aumentaban pasando de 700 en enero del 91’ a 900 en junio de 91’2 . Pero sé que la tormenta que se avecina en el horizonte viene derecho sobre mí. Tengo que fortalecerme al máximo. Junio del 91’: Me mudé y decidí alquilar un apartamento compartido con un practicante. Eso me brindó paralelamente la posibilidad de practicar delante de un Gojonzon mañana y tarde.

Mi compañera viene al rescate
27 de enero de 1993: Mis resultados de los CD4 han caído:407 y sin aviso. Llamaron a mi trabajo, la doctora al teléfono me habla del tratamiento y de AZT. Estoy aterrado. Una vez más mi compañera viene al rescate. En los días que siguen ella me prestará las llaves de su apartamento con el fin de que pueda ir a hacer Daimoku entre las 12 del mediodía y las 2 de la tarde. Siento que cedo terreno al pánico y la desesperación.


Reaccionar, exponer la situación.
Por cierto, luego que me anunciaron que era seropositivo, sé que el rostro de la muerte está frente a mí, cuando antes lo veía a lo lejos, en el horizonte, en el anonimato. Pero de un solo golpe se acercó a mí en silencio y me sentí desprotegido. Me hizo reaccionar. Recuerdo al encargado de un seminario quien en el curso de éste, nos había dicho: “En el combate no permanezcan solos”. En los días que siguieron, me fui a visitar a los practicantes más allegados y les expuse la situación. Para entonces, percibí que necesitaba hablar con mis padres pero eso era superior a mis fuerzas. Por supuesto, cuando a los 19 años mi bachillerato técnico fracasó, me abrí las venas. Había necesitado decirle a mis padres de mi mala alimentación, de mi atracción por las mujeres pero también por los hombres y todo eso que me pasaba, pero que no comprendía. Sin embargo, al hablar con ellos, he visto por igual su dolor y su confusión.


Dormir, comer, practicar y trabajar
Lunes 8 de febrero de 1993: He sido convocado por mi director. Trabajo en el área de fletes de una compañía aérea. Me comunicó que él está descontento con la calidad de mi trabajo. Los resultados comerciales de la estación no son buenos. Me habla de un despido. El sentimiento de urgencia es total. Durante ese período mi vida se organiza en torno a cuatro polos: dormir, comer, practicar y trabajar.


Ganar una amplia ventaja sobre el virus HIV
Decidí poner todas mis fuerzas en la batalla: práctica, reuniones de discusión, estudios, seminarios, actividades en Trest son mis citas. Mes tras mes, combate tras combate, todo esto va a contribuir a que yo restablezca una amplia ventaja sobre el virus HIV. Mi situación laboral evolucionó favorablemente


La Familia
Domingo 14 de febrero de 1993: Acordé con mi hermano menor Yann de reunirme en su casa. Él es alumno de enfermería en el hospital. Creo que comprenderá. Esa tarde, le hablé de mi vida, de la homosexualidad, del Sida, de mis resultados anteriores. Martes, abril de 1993: Voy a pasar algunos días de vacaciones en compañía de mis padres. He decidido hablarles de mi seropositividad. Mi hermano Yann estará presente. Practico mucho, tengo que basar mis acciones en el Gojonzon.


Diálogo con mis padres
Miércoles 14 de abril de 1993: durante la cena, aguanté la respiración y recité las frases que había más o menos preparado en mi cabeza. Hice el máximo esfuerzo para mostrarme seguro de mí. Vi a mi madre sentarse en su silla y llorar. Mi padre no dijo palabra. Él tiene esa manera de callarse que tienen los bretones cuando se afligen por tanta emoción. Después les hablé del Budismo. Ellos comprendieron mejor en lo sucesivo el por qué de mi compromiso. Hablamos hasta tarde en la noche. Al día siguiente fui con mi padre a comprar madera. La víspera de la cena le había hecho partícipe de mi deseo de construir un pequeño altar budista en mi antiguo cuarto. Aprovechamos los tres días siguientes para hacerlo. El domingo 18 de abril de 1993, regresé a Toulouse. Antes de partir, mis padres me dijeron que siempre estarían conmigo, que no me dejarían caer jamás, que sería hasta que la muerte nos separe. Me agradecieron que les hablara de mi seropositividad. Ellos preferían saber. Mis dudas se atenuaron. Para entonces, había conocido una familia practicante que vivía a 50 metros de la casa de mis padres. Desde entonces, cada vez que visito a mis padres, más o menos una vez al mes, ellos siempre me abren su puerta para una práctica o un café. Yo les estoy infinitamente agradecido.


Yo recibí el Gojonzon
El 31 de marzo de 1993, me mudé a un apartamento. A finales de junio mi padre vino a pasar algunos días en Toulouse con el objeto de rehacer la tapicería. El 26 de junio recibí Gojonzon en Trest. Es para mi un período de compromiso más profundo. En su estancia en Toulouse mi padre me acompaña en el carro, percibo su contacto. El discurso del señor Yamasaki y la ceremonia lo conmueven. Finalmente, él guardará un recuerdo imperecedero. Nos hablamos a menudo.


Alguien con quien hablar verdaderamente en los momentos de tempestad
Durante el verano de 1993 conocí a Francoise, ella había dejado de practicar por siete años y empezaba poco a poco. Más que ser una amiga, ella se convirtió igualmente en mi responsable en las reuniones de discusión. Ese encuentro me hizo pensar en lo que describe Antoine de Saint-Exupéry en el Principito: “Así he vivido, sólo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que una avería en el desierto del Sahara, hace seis años...” Parafraseando al presidente Ikeda, yo diría que en esos momentos de tempestad, Francoise ha permanecido siempre a mi lado, bajo la lluvia, incluso hasta mojarse los huesos a fin de que encontráramos un medio de escapar juntos de la tormenta.


Estar cerca de la muerte para comenzar a vivir
Domingo 2 de enero de 1994: me he citado con el Dr. Yamasaki para una orientación. Siendo médico, su apreciación budista del Sida contribuye a reforzar mi decisión de avanzar lo más lejos posible. Miércoles 7 de junio de 1995: Nuevo resultado sanguíneo CD4 a 209. El AZT no hace más efecto, debemos cambiar la molécula. Siempre tengo miedo de morir pero la muerte me da mucho menos miedo. Leí un día que debíamos estar cerca de la muerte para comenzar a vivir. Estoy de acuerdo. Domingo 25 de junio de 1995: Me cité con el Sr. Hasegawa. Francoise me acompaña. Hablamos principalmente de la homosexualidad. Decidí entonces profundizar en ese aspecto de mi vida con una psicoterapia. Siendo miembro de AIDES, contacto a una
psicóloga que trabaja allí. La veré durante más o menos seis meses, después me volveré hacia el psicoanálisis, trabajo que perseguí siempre.


Hacer de una prueba dolorosa un cambio
Durante mi infancia y mi adolescencia me había acostumbrado a callarme. Ahora no hago sino hablar, hablar, hablar. Hacer que una prueba dolorosa, una crisis, no sea más un drama sino un cambio constituye, sin duda alguna, una parte de la Revolución Humana de una persona. Amo ese término, especialmente la palabra revolución. Escuché un día a André Malraux, citar al escritor Salmon hablando de la Revolución Bolchevique de 1917: “Los hombres habrán vivido según sus corazones”. Hacer Revolución Humana es para mi inseparable de esa palabra.


De un ser impotente a un ser activo
Hace algún tiempo, Francoise me prestó un texto publicado en un diario para la mujer, en el cual el autor hablaba de la importancia de educar el corazón. Enunciaba cinco ángulos de ataque.
• Llegar a ser uno mismo sin huir de la realidad presente (Confrontación)
• Llegar a apreciar aquello que no nos agrada (Aceptación)
• Llegar a comprender aquello que no se entiende (Desarrollo)
• Llegar a hacer aquello que no se es capaz de hacer (Progresión)
• Pasar de ser impotente a ser activo.

Intente aplicar esas recomendaciones en los diferentes aspectos de mi vida, siempre con un telón de fondo, un traje de Daimoku permanente.

Apreciar a los seres queridos
Hoy, continúo el combate. Después del AZT, el DDI, el DDC mis balances sanguíneos son nuevamente satisfactorios. Los tratamientos han sido detenidos por algunos meses. Profesionalmente, no hay muchos avances. Jocelyn y yo debemos mejorar sin cesar los resultados comerciales de la oficina. Afectivamente estoy siempre solo. Con relación a mis padres, poco a poco, el rencor que me cegaba fue reemplazado por mucha misericordia. Puedo, entre tanto, abrir mi corazón y así apreciar más a los seres queridos de mi familia.


NOTAS:
1 Se refiere a una religiosa católica que consagró su vida a los habitantes de los barrios de Egipto.
2 Se considera en general que el umbral entre 200 y 500 linfocitos CD4 prefigura la declaración de Sida.

21.1.05

LA FUERZA DE UN INSTANTE, PARA SIEMPRE

Tomado de: Il Nuovo Rinascimento, nº 110
Traducción: A.C.Revisión: E.L. / C.P. / B.G.

Experiencia de Elena Silvia Bonini
Roma

Empecé a practicar en 1980 en Roma. Después de quince días de práctica constante tuve el primer gran beneficio: vencer el miedo a la oscuridad que llevaba dentro desde siempre y por primera vez en mi vida, logré dormir sola y tranquila. En ese tiempo vivía una vida llena de confusión. Hacía varias actividades sin una meta precisa: modelo, actriz y hasta fotógrafa para revistas musicales, y de vez en cuando presentaba algunos exámenes en la universidad. Después de algunos meses se abrió lo que sería el camino de mi vida, preciso, seguro, sin duda alguna: terminar los estudios y trabajar después como geólogo.
Mis padres, dadas mis buenas intenciones, me compraron una casa muy cerca de la universidad. Practicaba bien para la salud de mi padre, ex-minero del carbón, gran fumador y poco cuidadoso de su salúd, o bien para superar un exámen dificilísimo en poco tiempo, sin haber asistido al curso específico, empresa prácticamente imposible. Para ello estudié mucho y con mayor organización y, gracias también a algunas coincidencias afortunadas, superé, al primer intento, el exámen escrito y obtuve la nota más alta de todos los candidatos. Empecé a pensar que nunca dejaría de prácticar este Budismo.

Mientras tanto mi padre empezó a cambiar su estilo de vida: era más tranquilo y fumaba menos y, lo más importante, había recuperado la relación con mi madre y yo la mía con ellos: finalmente el gran lazo afectivo había encontrado su justa y armoniosa dimensión. Entonces los objetivos por los cuales había empezado a prácticar se estaban haciendo realidad. El primero de Agosto de 1982 recibí el Gojonzon. La misma noche encontré un anillo que pensaba que me habían robado. Deben saber que en ese entonces yo era muy a menudo robada por personas que frecuentaban mi casa. Con la llegada del Gojonzon esa tendencia poco a poco empezó a cambiar y en poco tiempo se verificó un cambio casi total en relación a las personas que yo frecuentaba. El nivel de mis amistades se elevó sensiblemente, quedaron solo aquellas más verdaderas con las cuales mantengo todavía relaciones. En los meses siguientes la tendencia a sufrir robos tuvo un cambio determinante: por tres veces sorprendí al mismo ladrón mientras intentaba salir de mi casa con los brazos cargados de todo lo que había podido agarrar.
Estaba recibiendo grandes beneficios: a pesar de esto la calidad de mi vida cambiaba lentamente. En efecto, aun practicando todos los días, no lograba hacer actividades. Me parecía que nuestra organización era inútil y estorbante. Por eso mi práctica se hacía pesada y fatigosa. Se manifestaron algunas de mis tendencias negativas como la presunción, el egoísmo, la inseguridad y continuaba sin entender el profundo significado de Kosen Rufu.

En 1983 participé en el primer curso europeo en Trets como biakuren. Y allí fue el gran encuentro con el Presidente Ikeda. El último dia estábamos comenzando un gran almuerzo al aire libre y cientos de personas iban y venían entre las mesas llenas de frutas procedentes de todo el mundo, cuando el propio Presidente Ikeda parecía llamarme con amplios gestos y una gran sonrisa. Me acerqué con temor. Sí, me estaba llamando a mí. Me ofreció un paquetico diciendo que era el objeto más bello que había traído de Japón y que lo había traído para mí. Sonriendo me animó para que me sentara en la mesa frente a él. A lo largo del almuerzo me sonrió a menudo. Estaba sumergida en un halo de energía positiva y de felicidad. No entendía. ¿Porqué a mi entre tanta gente? Sólo después de muchos meses sentiré con profundidad el efecto de este encuentro y de la atmósfera de cálida humanidad que me transmitió.

Al regreso de Trets leí varias veces esta frase: «Lograr la Budeidad no es para nada más fácil que para los hombres de bajo rango acceder a los círculos de la Corte o para una carpa subir la Puerta del Dragón» (del Gosho La Puerta del Dragón). A los pocos días de mi regreso repentinamente mi padre murió. Yo caí en un terrible estado de postración. El sufrimiento me llevó a una grave inapetencia y poco a poco mi cuerpo empezó a debilitarse. Con fatiga continué entonando todos los días pero me aislé totalmente de los otros miembros. Cada vez que hacía Gonguio pedía llorando la fuerza y el coraje de seguir viviendo y practicando. Mi mamá y yo gozábamos de gran protección, estábamos rodeadas de personas que nos brindaban mucha ayuda y afecto.

Con la muerte de mi papá, faltó el único soporte económico de mi familia. Por lo tanto era absolutamente necesario que yo me graduara lo antes posible para poder trabajar, pero me faltaba todavía un año para terminar la tesis. Otra vez más experimenté la protección del Gojonzon porque algunos de mis compañeros de la universidad trabajaban conmigo hasta altas horas de la noche. A veces hacía Gonguio a las tres de la madrugada trastornada por el cansancio pero decidida a no rendirme. Hasta que llegó el día en que tuve que defender mi tesis con coraje, pero con dolor en mi corazón y me gradué con altas notas. Capté cuánto el Gojonzon me sostuvo en esa prueba y decidí así proyectar y construir yo misma un nuevo butsudan para el Gojonzon. El esfuerzo empleado para realizarlo hizo surtir efectos inmediatos: recibí propuestas de trabajo interesantes, ante el asombro de mis compañeros que se habían graduado antes que yo y que todavía estaban desempleados.

Sin embargo mi salud seguía empeorando. Continuaba practicando pero me encerraba siempre más en mí misma. No iba a las reuniones de dialogo, hablaba poco con los miembros y mi contrariedad hacia los responsables y las responsabilidades continuaba inexorablemente. Y así hasta Marzo del '84 cuando participé en la primera reunión de jóvenes en Italia. Había llegado ya al final de mis fuerzas. Los otros estaban llenos de vitalidad; quizás cada uno tenía sus problemas, pero en sus rostros no se veían. Mientras que en mí se podía leer todo mi sufrimiento. Una vez me habían dicho: «No existe un Buda infeliz, un Buda desafortunado, un Buda enfermo».

Decidí que al regreso a mi casa debía transformar mi sufrimiento. ¡Ya! Había llegado la hora de dar un salto cualitativo. Me hice examinar por un especialista: estaba enferma de una grave forma de tuberculosis y los exámenes de sangre arrojaron muchos valores alterados. Fui internada de emergencia. Ahora deseaba verdaderamente y con todas mis fuerzas sanarme. Pensaba en esta frase del Gosho: «NamMiojoRengueKio es como el rugido de un león; ¿Qué enfermedad puede ser un obstáculo?» del Gosho Respuesta a Kyo'o. Las terapias eran fortísimas y me obligaban a permanecer en cama. Empleaba una hora para hacer el Gonguio con un hilo de voz. Después de solo dieciocho días aparecieron los primeros resultados. Los médicos estaban sorprendidos: los exámenes de sangre estaban perfectos. La enfermedad había sido derrotada en muy poco tiempo, ahora había que restablecer el cuerpo debilitado. Hacían falta otros meses de hospital y dos años de convalescencia entre el mar y la montaña. El salto cualitativo interior que había pedido tuvo lugar. Deseaba profundamente ser una persona feliz y ayudar a los demás a serlo también. Decidí que habría transcurrido aquel período de tiempo practicando y profundizando la filosofía Budista para prepararme bien para hacer actividades con los demás miembros. Para mí ahora la organización tenía otro aspecto: personas que han experimentado la eficacia de NamMiojoRengueKio y la quieren transmitir a los demás.

Al regreso a Roma me designaron responsable de un grupo. Abrí la casa para reuniones. ¡Que felicidad me producía todo esto! Estaba descubriendo la profunda belleza de la vida. Me llovieron los beneficios. El Seguro Social me otorgó finalmente, después de dos años de Daimoku y de lucha, una indemnización de varios millones por la enfermedad que había tenido, aunque empleados y funcionarios me habían repetido durante meses que nunca lograría eso por causa de la burocrácia. Al culminar mi convalescencia me ofrecieron un trabajo en la universidad como colaboradora de un grupo de investigación en el campo de la geofísica. ¡Eso era mi sueño! Ahora, no sólo sané de aquella enfermedad sino que mi físico, antes frágil y con tendencia a perturbaciones en el aparato respiratorio, está fuerte y sano.
En 1988 participé en un curso en Trets donde se estudió el Gosho La Herencia de la ley Fundamental de la Vida y de la Muerte. Otro gran salto cualitativo en mi vida interior. Descubrí que todavía estoy sufriendo por la muerte de mi padre. Entiendo profundamente que en estos años he vivido con el remordimiento de no haber hecho nada por él. Pero lo más grande es que descubrí que ahora puedo hacer mucho más. Puedo llegar a él a través de mi vida: su tranquilidad se logra a través de mi Iluminación. Entiendo el profundo significado de la quinta oración. Capté profundamente mi encuentro con Daisaku Ikeda que tuvo lugar justo allí, en Trets, justo antes de la muerte de mi padre y sólo entonces percibí el efecto: un padre maestro de vida, podía tomar el puesto de un padre que había faltado dramáticamente. Este era otro paso hacia la plena conciencia del valor y de la profundidad del Budismo. Y no fué casualidad que a mi regreso de Trets resolví un problema relacionado con la muerte de mi padre.

De vez en cuando me pasaba algo raro: de repente empezaba a sentirme mal, me sentía desmayar, sentía nauseas, sudor frío, no podía razonar. Para mí era la muerte. Eran crisis de origen psicológico y se estaban haciendo cada vez más frecuentes. Una noche me pasó mientras estaba sóla en mi casa. Por primera vez no podía recurrir a la ayuda de nadie. Entré en pánico. Intenté hacer algunas llamadas por teléfono para pedir ayuda, pero nada. Por fin me recordé del Gojonzon. Me arrastré de rodillas hacia el Gojonzon. Lo abrí. Me coloqué en posición correcta, sentada sobre los talones, la colúmna derecha, las manos juntas en un esfuerzo sobrehumano. Empecé a recitar. «¡Ya!, pensé, esta historia tiene que terminar. Ahora yo, de aquí adelante, quiero sanarme para siempre». Cinco minutos, diez minutos, una eternidad. Estaba peor, pero no me rendía. Quince minutos, empecé a sentirme mejor, veinte minutos y todo el mal parecía haber desaparecido como por arte de magia. Desde entonces nunca tuve otra "crisis". ¡Pero cuanto Daimoku por detrás de aquellos veinte minutos! A veces arrastramos algunos problemas por años sólo porque no tenemos el coraje de enfrentarlos directamente con la fuerza de un león al ataque. En esos momentos, lo que no obtuve en tanto tiempo se obtuvo en un instante.

En Julio del '91 vuelve a presentarse el karma de la enfermedad en mi familia. Mi mamá que nunca tuvo problemas de salud, repentinamente se sintió mal y fue internada de emergencia en el hospital. El diagnóstico fue nefasto. Cáncer en el páncreas, no daban esperanza, podía vivir al máximo un año. Ví las fotos obtenidas por vía endoscópica que mostraban una masa informe entre el páncreas y el duodeno. Tomada por la desesperación fui a Roma, tomé el Gojonzon y lo llevé adonde vivía mi mamá y comencé a entonar Daimoku cuatro horas al día. Ella, que no sospechaba nada y que nunca quiso pronunciar NamMiojoRengueKio, me confesó que en el hospital estaba entonando una hora diaria, así, sin que yo le hubiera dicho nada.

Empezó un período frenético de investigaciones, análisis, controles de todo tipo a ritmo ultrarápido y sin interrupciones. El medio ambiente a nuestro alrededor nos protegía. Ella, aún en los primeros pasos de práctica, soportó todas las pruebas con gran paciencia y coraje mereciéndose las felicitaciones de los médicos. Estaba rodeada de mucho afecto y su cuarto estaba siempre alegre y adornado de flores. Después de tanto buscar los médicos decidieron operarla, pero se trataba de una operación dificilísima. Era la última posibilidad. Me informé sobre el mejor cirujano existente, pero ella, fuerte con su Daimoku, decidió no cambiar hospital. Luego se revelará que su elección fue correcta.
Yo entonaba horas y horas delante del Gojonzon, pero algo me impedía salir de una turba de pensamientos: «Mi mamá morirá, enfrentaré sus últimos meses con coraje, renunciaré a Roma, a todos, para estar cerca de ella». Externamente estaba fuerte y segura de mi lucha diaria pero adentro algo profundamente arraigado me bloqueaba. Deseaba leer muchos Gosho pero el único que tenía a disposición era La dificultad de mantener la fe. ¡Mantener la fe! Faltaban pocos días para la operación, tenía mucho miedo y sentía la necesidad de hablar con alguien. Llamé a un encargado. Las palabras que usó para darme coraje no fueron muchas, una sola: ICHINEN. Conozco el significado literal de este término, o sea la fuerza y la determinación contenidas en un sólo instante, pero profundamente no lo entendía. Entoné Daimoku. Todavía no entendía. Entoné más. Algo empezó a romperse adentro y algo empezó a abrirse. Una orientación del Presidente Ikeda que había leído en aquellos días decía: «Antes de teorizar, entonen, la teoría existe en función de la práctica, a través de la práctica de Ichinen Sanzen podrán abrir nuevas e inmensas realidades». Aquella palabra, Ichinen, había llegado adentro de mí y había dado en el blanco. ¡Pero cuanta preparación había sido necesaria! ¡Cuanto Daimoku! Yo seguí entonando. La horrible realidad que me oprimía no existía más. En frente del Gojonzon existían solo el Gojonzon y yo en un lazo fortísimo y el Daimoku no salía de mi boca sino de todo mi ser con una potencia indescriptible, nunca probada antes, era el rugido de un león al ataque. Nadie podía parar mi fuerza. Sentí que estaban en juego mi vida, mi karma, la vida de mi madre, la de mi padre, las enfermedades, el trabajo, los sentimientos y todos mis errores. Pedí disculpas. Clamé la ayuda de todas las fuerzas positivas dentro y fuera de mí, me recordé del Presidente Ikeda. Sentí que estaba tocando aquel sufrimiento interior que llevamos adentro toda la vida y que está muy en el fondo y no sabemos porqué. Yo lo llamo sufrimiento innato. Sentí: «Abriré nuevas y vastas realidades, para mi, para mi familia, para todos. Mi vida es igual al universo».

Llegó el día de la operación. Mi madre estaba serena, la saludé mientras entró al quirófano: «Chao mami, ¡Verás que lo lograremos!». Esperé y conmigo esperó mucha gente, amigos y familiares. Siempre mucha protección. Una hora, dos horas, cinco horas, diez horas. Ya no aguantaba más, pero de vez en cuando tenía explosiones de alegría que frenaba con dificultad por el miedo a que los demás me consideraran loca. Por fin se abrió la puerta. El cirujano salió con una cara rarísima y caminó hacia mí: «Mire yo no sé que decirle, la hemos abierto y no hemos encontrado nada. ¡Hemos hecho cinco biopsias y han resultado todas negativas!» ¡Habíamos ganado! Mi madre, yo y todos aquellos que habían creído en la vida y no en la muerte, y sobretodo aquella persona que me telefoneaba todos los dias de Roma con una gran fuerza y un gran optimismo: «Verás, tu mamá lo logrará y tu contarás esta experiencia en el curso de verano». Y así fue. Agradezco haberme transmitido ese coraje y por haber sentido una vez más cuan fuerte es el lazo con los demás y cuánto lo necesitamos todos. Hoy en dia mi mamá está bien y sigue practicando el Budismo.

¿Para que sirvió esta experiencia? «Para no rendirse», nunca, para no ceder frente al peligro, para descubrir lo que significa Ichinen. Pero ¿Esa palabra habría llegado así directamente a mí si no hubiera entonado tanto Daimoku? ¡Creo que no! Aplicaré esta fuerza a todo lo que todavía tengo que cambiar en mi vida y a todo lo que tengo que mejorar, para mí y para aquellos que todavía tienen que experimentar el poder de NamMiojoRengueKio. Estoy construyendo una felicidad interior indestructible y nada ni nadie podrá nunca detener este camino, ni siquiera yo misma. Siento que la Iluminación se conquista un pedacito cada día. Como dice el residente Ikeda: «¡Abran nuevas y vastas realidades!».

Experiencia sobre trabajo

Experiencia sobre trabajo enviada por CRISTINA VALARINO

Para los que no me conocen, mi nombre es Fabiana, tengo 37 años y estoy en el han La Paz. Recibí Gohonzon en diciembre del ’99 y la verdad es que conocer el budismo es lo mejor que me podía suceder.
Al igual que mucha gente en la actualidad, mi situación económica era desastrosa, no conseguía trabajo por ningún lado, y por supuesto, llegué a convencerme de que en realidad la culpa era del país, ¿acaso podría cambiar algo si invocaba?: sí y así fue. A mediados del año pasado me cansé de no tener dinero, de no tener trabajo, de pedir prestado y de vivir al día, por lo que comencé a invocar para transformar esta situación. Hablé con mi responsable de Hombu, y ella me dijo que, hasta conseguir trabajo, tendría que tomar el daimoku como si fuera un trabajo, o sea, invocar unas ocho horas diarias, lo cierto es que tengo que ser sincera: no invoqué tanto, pero los resultados fueron excelentes. En ese momento decidí presentarme a examen de primer nivel –que se rindió en octubre del 2002- y, a partir de esa decisión, junto con el daimoku, muchas cosas comenzaron a cambiar –en mi- y por supuesto, en mi entorno.

A punto de rendir el examen, un amigo se acercó un día y me dijo la frase que tanto había deseado escuchar: “tengo trabajo para vos”, así es que comencé a trabajar con él en su empresa de comunicaciones donde debía dedicarme a la venta –cosa que me disgustaba enormemente, ya que una de mis frases favoritotas era: “¿yo?, ¿vender? nunca!!-, pero había escuchado de mis antecesores algunos comentarios como por ejemplo: si te desafiás a realizar en forma excelente un trabajo que no te gusta y continuás invocando con una fe firme y sincera, en algún momento se manifestará lo que realmente deseás hacer, así es que mantuve abierto el corazón haciendo mi trabajo con amor, aprendiendo y tomándolo como un medio hábil para transmitir la Ley, de esta forma, en la oficina le hice shakubuku a casi todo el personal e incluso a uno de mis clientes, un sonen, que está invocando desde hace unos tres meses con maravillosas pruebas reales.

Gracias a este trabajo pude conectarme con una revista de bodas que recién se inicia en el mercado, comencé a trabajar con ellos y le trasmití la Ley al dueño, Alejandro, que la aceptó inmediatamente y ya comenzó a hacer shakubuku a su familia y amigos. Esta relación ha sido muy importante ya que soy docente en caligrafía y estoy a punto de recibirme de perito calígrafo por lo que me asocié con una compañera de la facultad (a quien también le transmití la ley e invoca desde hace un año) para comenzar una empresa de tarjetas artesanales para casamiento completadas con pluma y tinta. El dueño de la revista me ofreció publicar en ella dos avisos gratis que yo realmente no podía pagar ya que salen cerca de $130.- y además nos va a incluir en el compac disc que trae la revista recomendando nuestro servicio de tarjetería, para lo cual incluso nos hizo una producción fotográfica gratuita de mi, de mi socia y de nuestro trabajo; la revista tiene una tirada de 5.000 ejemplares, lo cual es una ayuda más que grande para mi emprendimiento.

Una de las frases que más me ayudó a tomar la decisión de cambiar mi mal karma financiero fue justamente un comentario de Josei Toda, segundo presidente de la Soka Gakkai, que dice así: “La gente usualmente se queja de no tener suficiente dinero. El dinero está a nuestro alrededor, igual que el aire que respiramos. El verdadero problema es que así como hay personas asmáticas, también hay personas con problemas en su vida interna que restringen su habilidad de atraer dinero a sus vidas”. Me gustó tanto que comencé a invocar diciendo: “el dinero está en el aire y yo no soy asmática”.

También influyó mucho en mi la experiencia de Marcelo González, uno de nuestros responsables -y miembro de Sokadance-, que me hizo tomar conciencia sobre un principio budista: verdadera entidad; de su experiencia aprendí lo siguiente: uno puede ser fenómeno (si se deja arrastrar por las circunstancias externas) o verdadera entidad de la Ley Mística, donde se decide con fe y convicción las circunstancias que se desean para la propia vida.

Según palabras de Marcelo: “YO SOY VERDADERA ENTIDAD Y SI YO DECIDO, TODO LO QUE ME RODEA PASA A SER FENOMENO QUE ACTUA EN BASE A MI DECISION...”. Creo que esto lo dice todo ¿no?

Sería maravilloso contarles que me hice millonaria con mi trabajo pero no sería cierto –por ahora-, en realidad, cuando uno cuenta su experiencia, lo más importante son los cambios internos; hay un principio budista llamado beneficio que explica precisamente que toda persona, sea budista o no, puede concretar sus objetivos si se lo propone, pero la diferencia con nosotros que hacemos daimoku, es justamente la transformación interior que se produce en el camino hacia la concreción de ese objetivo.

Otro tema fundamental que aprendí de mis antecesores es a no quejarme, los budistas siempre decimos que la queja borra la buena fortuna, entonces cuando uno se queja, inmediatamente borra el daimoku que hizo, por lo tanto la queja es un factor importantísimo para que nuestra vida de trabajo no se transforme.
Nuestra actitud hacia el dinero es síntoma de nuestra actitud global hacia la vida. A veces nos resulta conveniente pensar que el tener o no suficiente dinero ejerce una importante influencia en nuestras vidas, cuando en realidad es el resultado de nuestras vidas.

Resumiendo, hoy puedo decir, con respecto a mi vida, que he triunfado, que la lucha continúa pero tengo en mi poder la mayor arma de la paz: la Ley Mística, y, basándome en ella, no hay nada que no pueda lograr. Gracias a todos por escucharme.

Mi experiencia en internet con otras sectas de Nichiren

Experiencia de Craig Fox (SGI USA)
Greensboro, NC. USA
Enviadas por Cristina Valarino y Palmyre Montiel

Nunca olvidaré un dia de Junio 1998, en que se me ocurrió buscar en internet alguna práctica espiritual que encajara con lo que ya creia acerca del mundo. Yo venía de ser un fundamentalista Cristiano quien, por muchas rezones, había abandonado la fe durante la infancia. Ahora era un humanista agnóstico sin una verdadera comunidad para explorar lo que significa ser una persona espiritual.
Recuerdo que estaba tipeando las palabras “Budismo/Carolina del Norte” en el motor de búsqueda. La primera página que apareció fue la de SGI-USA. Abri la página y lei “Nam Miojo Rengue Kio”. Fue como si yo tuviera una conexión mística con esta frase. Llame al Centro de Carolina del Norte y me puse en contacto con miembros budistas aqui en Greensboro.
Mi primer encuentro fue en un apartamento de una pareja de japoneses. Me enamoré totalmente de la práctica desde ese momento. Las personas eran maravillosas y el Budismo de Nichiren Daishonin que practicaba la SGI de Estados Unidos me servía perfectamente. Lo mas maravilloso es que era humanística. No dependía de factores esotéricos para funcionar. Yo estaba en el cielo!!. Recibí Gojonzon en Enero de 1999 durante el gonguio de año Nuevo de kosen rufu
Algunos meses mas tarde me reuni con un grupo de información en internet e hice algunos amigos de varias escuelas del Budismo de Nichiren. En la medida en que comenzamos a intercambiar, comencé a tener dudas acerca de la Gakkai y sus doctrinas. Comencé a alejarme de mi Distrito. No estaba preparado para discutir asuntos con una persona en vivo, prefería la seguridad de mi computadora que la de cara a cara, diálogo de corazón a corazón. Yo estaba siendo dominado sin ni siquiera saberlo
Comencé a explorar otros grupos Budistas que demandaban una conexión con Nichiren Daishonin. Contacté algunos de ellos, incluyendo un templo de la secta Nikken.Yo lei, observé y canté acerca de todo lo que estaba aprendiendo. Era fácil descartar muchos de estos grupos porque descansaban fuertemente en mezclas de budismo esotérico Zen, Nembusu, Tibetano, y otras enseñanzas provisionales Mahayana, con enseñanzas de Nichiren Daishonin
Esto me llevó a una posición entre escoger entre las personas del templo y las personas de la SGI. Me di cuenta que cuando tenía diálogos on line con los amigos del templo, siempre terminaba enojado. Ellos siempre atacaban a la SGI, no desde la perspectiva doctrinal, sino criticaban el liderazgo, especialmente a Ikeda Sensei. Parecía como si ellos no pudieran encontrar lagunas en los planteamientos de la SGI, asi que atacaban a las personas. Yo estaba interesado en la Ley mas que en las personas. “Siga a la Ley, no a la persona”.
Para este momento ocurrió algo horrible en mi vida. Murió mi maravilloso animal de compañía. No solo era un gato, sino uno de mis mejores amigos. El fin de semana posterior a su muerte, yo estaba en un café en Raleigh cuando me encontré con dos miembros de la SGI de Greensboro. Ambos mencionaron que me echaban de menos en las reuniones, pero estaban mas interesados en como estaba yo manejando la muerte de mi gato.
Algo de este encuentro me movilizó . Comencé a comprender que la Ley Mistica, cuando se practica correctamente, cambia a las personas. Hace que las personas se preocupen por los demás. Mientras mas estudiaba el Gosho y cantaba, mas sabía en mi corazón que la Soka Gakkai representaba el pensamiento correcto de practicar el Budismo de Nichiren Daishonin. Afortunadamente no había solicitado recibir Gojonzon de otro grupo. De nuevo, comencé a asistir a las reuniones y escuché de verdad lo que se decía en vez de proyectar mis ideas preconcebidas. Me di cuenta de que habia una comunidad que estaba experimentando la Ley Mística y estaba permitiendo a esta Ley, moldear sus vidas en forma positiva. Quiero ser una parte de esta comunidad que esta trabajando incansablemente por la revolución humana y el kosen rufu.Las dudas en mi corazón han desaparecido, su lugar ahora está ocupado por un amor centrado en esta práctica . Tengo gran respeto por aquellos que han luchado durante tanto tiempo para propagar la comprensión correcta de este Budismo.Juntos, podemos decidirnos a tener diálogos de corazón a corazón unos con otros y con aquellos que todavía tiene que ecuchar sobre las verdades del Budismo de Nichiren Daishonin. Juntos podemos cambiar el mundo, cambiando una persona a la vez.Gracias a mi familia de la SGI por su amor y apoyo a mi familia y a mi mismo y por mantenerse firmes, con amor, a la verdad de la Ley Mística.

13.1.05

Practicando Budismo en la milicia

Experiencia de King-Sau Kenneth Siu, MD
Teniente coronel, Fuerza Aérea de los EE.UU., cirujano de vuelo
Base Aérea de Yokota, Japón

enviado por: "pablorocca" a la lista Gente Soka

Soy un médico que trabaja para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en la Base Aérea de Yokota en el Japón. Fui introducido al Budismo de Nichiren Daishonin en 1987, cuando los padres de uno de mis pacientes me invitaron a mi primera reunión de la SGI. Aunque yo había estudiado el Budismo cuando era pequeño, la novedosa idea de que la Budeidad es alcanzable en nuestra existencia brilló como un rayo de esperanza en mi corazón, y me uní a la SGI en esa misma semana. Por entonces, mi vida parecía estar empantanada en la confusión y la frustración; sin embargo, mi práctica budista me ayudó a transformar estos sentimientos en esperanza por el futuro.

En 1987 yo estaba en mi práctica privada, y también trabajaba a tiempo parcial como pediatra reservista de la Fuerza Aérea en la Base de Hickam en Hawai. Yo siempre había querido viajar mucho para poder encontrarme con personas de todo el mundo. Después de mi invocación y reflexión sobre mis metas personales y mi futuro, decidí unirme a la Fuerza Aérea. A lo largo de los pasados 13 años, mi familia y yo habíamos estado radicados en diversas localidades de los Estados Unidos, Canadá, Egipto, Turquía, y en otros cinco países de Europa, y ahora estamos de vuelta en el Japón en un segundo viaje. Lo que he aprendido, como resultado de mi encuentro con personas de todo el mundo, es que el deseo por la felicidad y la alegría por ayudar a otros son universales.

Ahora trabajo como cirujano de vuelo, cuidando de los pilotos y demás personal, así como de sus familias. Como pediatra, después de estudiar el Budismo, he llegado a valorar más el potencial de los niños. He desarrollado mucho mayor respeto por cada niño con quien me encuentro: los niños son, en verdad, los líderes del futuro. Cuando miro a sus ojos y veo su alegre actitud, sus espontáneas sonrisas y su capacidad para ver a todos como iguales, me lleno de esperanzas y se fortalece mi convicción de que el estado de la Budeidad existe en todos.

El doctor Siu (al frente) sirve como comandante de la “Expedición de apoyo médico” durante un ejercicio en la Base Aérea de Yokota (mayo de 2002)
Me siento honrado de ser un representante de la SGI en la Base Aérea de Yokota. Nos hemos ganado la confianza de los demás en la base. La capilla ha registrado a nuestra organización budista como un grupo religioso. Los seminarios que hemos estado realizando todos los años han dejado una fuerte impresión en el capellán de la base, quien posteriormente comenzó a abogar porque la capilla se convirtiera en un lugar de oración para todas las creencias religiosas. En la actualidad, nuestro grupo budista se reúne semanalmente en la capilla principal, con muchos invitados que asisten espontáneamente para hacer preguntas respecto a la práctica. También hemos realizado diálogos interreligiosos con otros grupos religiosos, comenzando con la primera reunión budista-musulmana en la base. Hemos forjado amistades con personas de otras religiones basados en el mutuo interés de la paz, la cultura y la educación.

Yo creo que, en el mundo, todos deberían encontrarse y saber de primera mano el innecesario sufrimiento que soportan tantos seres humanos en los países en vías de desarrollo. El año pasado fui en un viaje de trabajo de un mes al Timor oriental. Pasamos 30 días en una isla que había sido devastada por la opresión y la violencia.

Yo trabajé como pediatra, tratando enfermedades de las que casi no se oye en los países desarrollados: la tuberculosis, la malaria y la desnutrición eran comunes. Veíamos a más de 200 pacientes cada día. Los orfanatos que están camino arriba, en las montañas, albergan a cientos de niños que han perdido a sus padres durante el conflicto. Aunque la mayoría de los huérfanos no tenían zapatos y estaban claramente desnutridos, sus cálidas sonrisas derretían nuestros corazones. Estos niños parecen perfectamente contentos jugando en el lodo, en el agua o en la playa.

Una determinación mía, surgida de mi práctica budista, es comenzar un seminario PAIN (palabra inglesa que significa dolor, pena, sufrimiento) diseñado para ayudar a la gente que está sufriendo de P (pain) dolor físico o psicológico; A (anxiety) ansiedad y depresión o adicción; I (imnsomnia) insomnio, desórdenes heredados o problemas interpersonales; y N sentimientos de estar insatisfechos o no apreciados. Debido a que no soy psiquiatra clínico, estoy colaborando con colegas del Departamento Conductual de la base, los servicios del capellán y el Centro de Salud y Bienestar.

Yo estoy decidido a demostrar la prueba real del Budismo en mi vida cotidiana en la sociedad y aliviando el sufrimiento de los demás.

MEDICO DE MI MISMA

Experiencia de Franca Emaldi Rvenna
publicada en El Nuovo Rinascimento nº127 de Septiembre de 1992

Traducida por: Alessandro Cattani
Revisión: Celia Prades


Si miro atrás, me doy cuenta que he estado muchas veces cerca de la muerte. Sin embargo mi determinación de vivir siempre ganó. Nacida de un embarazo de riesgo con cesárea, salí del hospital después de tres meses, dado que tenía una insuficiencia pulmonar.


A los seis meses me diagnosticaron una displacía congénita en la pierna izquierda con la cabeza del femor desplazada; empecé a caminar a los tres años, era una niñíta de apenas trece kilos, pero fuerte como un toro.
A los cinco años, tuve un gravísimo accidente de transito en el cual mi padre, que yo quería muchísimo, perdió la vida. Mi adolescencia transcurrió en la búsqueda de un padre que no había regresado nunca, rechazando una madre, a quien yo no quería en lo más mínimo, y corriendo hacia mis abuelos que me consentían en manera extrema.

A los 22 años partí con una beca estudiantil rumbo a Ginebra, y regresé con mi grado en medicina. Sola, sin mis viejos amigos, acepté casarme con un muchacho que conocí nueve años atrás sin estar convencida, solo porque parecía la honesta conclusión de nuestra historia. Pero pronto empezaron las deudas, las palizas, mi lucha para ser más atractiva que una mesa de juego y, luego también heroína.

A la edad de 27 años, tuve otro accidente de tránsito, en el cual perdí la niña que estaba esperando y que representaba todas mis esperanzas; quedé en estado de coma por cincuenta y tres días y, cuando desperté, era un esqueleto de diecinueve kilos, no hablaba, no caminaba, no reconocía ni siquiera a mis familiares. Al salir del hospital, tuve que ir a casa de mi primo, dado que mi esposo no podía perder tiempo y dinero en mis curas.

Después de aquel accidente me reconocieron una invalidez del 100% por las lesiones sufridas, pero mi determinación me llevó de todas manera a conducir una vida normal. Me retiré del trabajo rechazando la jubilación anticipada, volví a empezar los estudios, gané un concurso y empecé a trabajar como investigadora y docente en el Instituto de Bioquímica y Genética Aplicada en la Universidad de Ferrara en donde había estudiado años atrás. Introduje los recaudos para la separación de mi esposo: fue una pelea con exámenes psiquiátricos que volvió a abrir viejas heridas. Las difíciles pruebas que había tenido que superar habían endurecido mi carácter al punto que mis amigos y colegas me adjudicaron el sobrenombre de "bloque de hielo".

No podía definir mi vida como un camino suave: huérfana de padre, con un matrimonio fracasado, una madre afectada por el mal de Párkinson que, no obstante los barbitúricos y los tranquilizantes, creaba situaciones que me producían tanta vergüenza como para desear su muerte. Me había dedicado totalmente al trabajo pero, por debajo de mi armadura de mujer fuerte y auto suficiente, sufría muchísimo por el vacío que yo voluntariamente había creado a mi alrededor.

Me hablaron de este Budismo a finales de 1988, en dos ocasiones, en ambientes y por personas muy diferentes y nunca conocidas antes y el 12 de Mayo participé en mi primera reunión. La vez siguiente mi joven encargado me regaló el primer Sutra. Después de veinte días descubrí que él era camionero. Yo odiaba todos los camioneros a causa de los accidentes que había tenido en pasado y sin embargo, hacia él sentía amor y odio. Fue aquella la primera ocasión en que pude comprobar el poder del Gojonzon: cuando supe de su trabajo, la misma noche entoné seis horas de Daimoku porque, aunque por un lado me sentía como traicionada, por el otro sentía hacia él muchísimo agradecimiento. La mañana siguiente, todo lo que quedaba era un gran deseo de encontrarlo y agradecerle. Sentía que me había liberado de una parte de mi pasado.
Los beneficios logrados desde el principio han sido muchos: he abierto un consultorio de nutrición infantil, tengo muchas ocasiones de participar en charlas internacionales para mis estudios de genética, he fortalecido y creado nuevas amistades y, no obstante haber decidido no enamorarme nunca, encontré un hombre que comparte conmigo mis metas de vida y de fe. Estaba muy satisfecha de lo que había conquistado y ya no me sentía tan solo una "maquina-trabajo".

En febrero de 1990 unos síntomas de cansancio, apatía y desmayos me presentaban el fantasma inexorable de alguna enfermedad. En marzo la situación se derrumbó. Me hice una revisión completa y el resultado fue: leucemia aguda promielocitaria.

Me asaltaron muchas dudas, me preguntaba en donde se había ido la fortuna acumulada en dos años de practica budista, y si mi karma negativo sería de verdad inmutable. Las bases de todas mis certezas se derrumbaron en un instante, quedaban solo rencor y desprecio hacia mi cuerpo que era demasiado frágil respecto a mi voluntad y mucho, mucho miedo a morir. Todos los planes y las esperanzas del futuro se estrellaban inexorablemente en contra de la infausta prognosis, según la cual, en la mejor de las perspectivas, me quedaban apenas seis meses de vida, con profundos sufrimientos. Rechacé de manera absoluta la hospitalización, huía de la idea que alguien tuviese lastima por mi. Mis esfuerzos estaban todos concentrados en esconder la enfermedad que, de manera siempre más evidente, continuaba su camino.

Mi mamá, con quien yo intentaba mantener el máximo secreto, vivía en el terror de contradecirme, a cada cariño suyo yo reaccionaba de mala manera y la expulsaba de mi casa. Sin embargo, igualmente la sentía llorar, porque vivíamos en dos quintas contiguas, y ello aumentaba mi rabia.
En la noche recibía a mi compañero después de tres horas de Daimoku, perfectamente escondida detrás de un maquillaje impecable... vivía la enfermedad como una vergüenza, me sentía inútil, me despreciaba a mi misma.

Pasaba muy a menudo que no lograba ir al trabajo y esto me creaba una angustia tremenda; me encerraba en mi casa, entonaba Daimoku, lloraba. Luego, desesperada y sin voz estudiaba las escrituras del Daishonin y del Presidente Ikeda, con cada uno de estos medios intentaba despertar el Estado de Buda dentro de mi, pero era una lucha contínua: era difícil creer que en aquel cuerpo, que se reflejaba tan destruido en el espejo, estuviera la Budeidad.

Me puse en contacto con una clínica de París y empecé a preparar un eventual transplante de médula, aunque las esperanzas eran casi nulas y los problemas muchísimos. Transcurría mis días entre transfusiones y sueros en cuyo efecto no tenía la mínima confianza.
Allí en mi cama, los datos a la mano, entonaba Daimoku resignada a que el único beneficio que podría lograr era no causar dolor a nadie. Me esforzaba en convencer a las personas más cercanas que mi color verde, tan feo, era solo el efecto del verano y del estress. Intentaba conducir una vida casi normal: volví al trabajo, pero muy pronto la mascara no me protegía más y dejé de salir. Cuando mi responsable me preguntó si pensaba que podría participar en el curso de verano que se iba a realizar dentro de cuatro días o si prefería renunciar a ir, me sentí atrapada y caí en la desesperación más absoluta: mi comedia no había servido para nada. Todos sabían cual era mi futuro. Y quizás sabían también cuanto la muerte me asustaba o cuan débil e incierta era mi fe.

En un solo instante percibí todo el Daimoku que mis amigos recitaban por mí: decidí que debía participar en el curso de verano, que debía pedir una orientación a alguien, y que de todas maneras debía enfrentar la enfermedad con dignidad, nadie debía recordarme como una persona cobarde. El tercer día de curso hablé de mi problema con la responsable nacional de la División de Damas. Todavía están impresas en mi mente sus palabras: «Estás sufriendo de una grave enfermedad, porque tu no amas la vida. Vete al Gojonzon y pide disculpas por haber faltado el respeto a ti misma y determina al usar todos tus próximos días para kosen-rufu». Me aconsejó estudiar bien una escritura del Daishonin: La prueba del Sutra del Loto y de regar mi cuerpo con Nam-Miojo-Rengue-Kio, de hacerlo correr de la cabeza hasta los pies, inclusive a la sangre.
Apenas regresé a Ravenna me esforcé en poner en practica el consejo recibido. Era durísimo entonar Daimoku para una vida en la cual no tenía más esperanza. Delante de la pared de mi cuarto he llorado, he gritado de rabia, pero las palabras de Nichiren Daishonin: «Ahora que parece seguro lograr la Budeidad, el demonio de Sexto Cielo y otros demonios están tratando de utilizar la enfermedad para asustarte», me inyectaron coraje; mi orgullo poco a poco se transformaba en determinación, me desafiaba en aumentar el Daimoku.

En aquel período también el trabajo no me daba satisfacción, estaba preparando una investigación para un congreso en Ginebra, pero entendía que era superficial y decididamente incompleta. Decidí llevar a su término mis investigaciones acerca de las influencias ambientales sobre las miopías congénitas en los morochos, porque no quería dejar nada en el aire.
Hacía particularmente Gonguio en la mañana para levantar mi fuerza vital y cada noche agradecía al Gojonzon para mis días "casi normales" con la seguridad que Nam-Miojo-Rengue-Kio habría brotado adentro de mi.

Una mañana de junio estaba sola en el laboratorio cuando llegaron dos pedidos de mapas cromosómicos para dos niños afectados de leucemia. Haciendo mi mapa cromosómico descubrí que en el cromosoma 5 se había producido una inversión mutante en correspondencia al gene Myc-1 60.
Por primera vez después de tanto tiempo saqué coraje: cuando se conoce el enemigo es más fácil enfrentarlo. Muy confiadamente empecé una terapia con "Etretinato 1000" (un compuesto sintético de retinolo: vitamina A), y en casi siete días encontré mi dosis óptima. Fue un período bellísimo, me di cuenta del cambio de muchos de mis aspectos negativos y empecé a comunicarme con mi mamá que vino a vivir conmigo. El 3 de agosto determiné hacer siete horas de Daimoku hasta la curación total.

Al regreso de una vacación en Córcega volví a empezar la actividad en mi grupo, sentía que tenía que agradecer a todos aquellos queridos amigos por su apoyo. Le expliqué a mi mamá (que había tenido la certeza de mi enfermedad curioseando en mi escritorio durante mi ausencia), que había definitivamente abrazado la práctica Budista y que el Gojonzon había venido a vivir con nosotros. Era la primera vez que le confiaba mis proyectos; su cara se iluminó de felicidad como si ella fuera madre solo en aquel momento..
El 15 de octubre de 1990 decidí que había llegado el momento de controlar mi curación, por pura formalidad: mi DNA, pura manteniendo la inversión al gene Myc-1 60, estaba compensado y funcionaba según la única verdadera Ley universal de Nam-Miojo-Rengue-Kio. Los datos bioquímicos hablaban claro: había ocurrido una remisión total. Siete horas de Daimoku y siete dosis de "Etretinato 1000" habían sido la terapia ideal diaria.

Telefoneé a París y anulé la reservación en la clínica en donde tenía que hacer el transplante, dado que tenía una cita no prorrogable, dos día después, el 6 de noviembre, con mi Gojonzon.
Mi madre hoy es una persona nueva, gradualmente le he suspendido todas las medicinas. Ahora es muy serena, muchas personas tienen dificultad en reconocerla. Ella, que se perdía saliendo de la casa ahora es mi "secretaria", no se olvida ni siquiera de una llamada telefónica. Quizás el mal de Párkinson en su mente no es ya ni siquiera un recuerdo.

El trabajo me ha dado muchas satisfacciones: he entrado en el grupo de investigadores del Instituto Nacional de Bioquímica de Milán, y me han sido confiadas colaboraciones con el Centro Internacional de Sanidad en Ginebra - aún con aquella investigación "así incompleta" sobre la miopía de los morochos - en donde he participado en un equipo de estudio sobre las leucemias. No había nunca amado el contacto con los pacientes, que para mi representaban solo carpetas para meter en el archivador, luego he descubierto que mi rol es también aquello de darle coraje a no temer a la enfermedad, a superar el miedo de estar siempre peor.

Así he empezado a colaborar con dos asociaciones de voluntarios que se ocupaban de niños afectados por graves enfermedades: distrofia muscular y leucemia. El tiempo para dedicárselo a esta actividad era muy poco, por lo tanto he escogido la pre-jubilación manteniendo una actividad a medio tiempo, porque así puedo estar más cerca de los niños y de sus padres; aunque sea grande el dolor y el miedo en estos casos, lo conozco bien y mi misión es hacerles descubrir el enorme potencial que cada vida encierra. El miedo es humano pero yo se que es humano también el Daimoku que puede ganarle.