8.6.05

Mostrando mi Verdadera Identidad

EXPERIENCIA de GABRIEL MAZZEI
Miembro de SGIV. 04-2005
¡Cuán difícil resulta describir los instantes de nuestra vida que conmueven hasta las fibras más escondidas de nuestro ser! Mi nombre es Gabriel Mazzei, tengo diez años de práctica Budista y es tanto lo que me ha ofrecido mi fe que sería muy extensa la descripción de todos los beneficios recibidos.

Conocí el Budismo de Nichiren Daishonin por medio de un amigo el año 1981, hace ya 24 años, pero esa fue apenas la siembra de la semilla en mi vida ya que comencé a practicar de manera constante el 1º de Junio del año 1994, mi momento tuvo que esperar casi 13 años. Fue mi esposa quien me hizo Shakubuku el día de su cumpleaños y desde entonces no he dejado de entonar la Ley.

¿Qué había sido mi vida? Tendría que definirla como un tren repleto de vicios y conductas equivocadas, no dudo en aseverar que mi tendencia de vida eran los cuatro mundos más bajos (Infierno, Hambre, Animalidad, Ira).

La felicidad que creía poseer se alimentaba de superficialidades e ilusiones, ¡Qué efímera resultaba mi alegría!, ¡Qué duros los momentos de tristeza que agobiaban mi vida que perdía su rumbo con cada segundo que pasaba! Comencé a fumar cigarrillos a la edad de 14 años, ¡Qué torcido el concepto de moralidad que tenía! El humo que despedían mis pulmones nublaban mi visión de futuro. ¡Qué débil se hacia mi vida en sus comienzos frente a lo que significaba respetar mi existencia! Me encontraba en franca rebeldía contra lo que había en mi entorno: el divorcio de mis padres, mis relaciones personales que no eran muchas y una soledad que me agobiaba. Cuando me gradúo de bachiller, consigo ir al exterior a realizar mis estudios de arquitectura. En ese país me dediqué, entre otras cosas, a reafirmar mis vicios y mis tendencias. Esta vez le tocó a las drogas y vaya que las conocí: tuve siete años de adicción, hipnotizado en un mundo que apenas me hacía notar mis responsabilidades.

Dejé las drogas gracias a un esfuerzo personal por mejorar mi futuro y un miedo inmenso a una sobredosis de cocaína, pero seguía fumando y bebiendo con regularidad, así fueron pasando los años, con los altibajos con los que me conectaba casi siempre, huyendo de mis responsabilidades y dándole la espalda a mi realidad.

En el año 94, cuando comienzo a practicar el Budismo de Nichiren Daishonin, mi vida comienza a cambiar. No obstante, mis vicios seguían atacando el aprecio por mi vida y sin darme cuenta, fui destruyendo lo poco de arterias que tenía mi corazón. La alimentación desbalanceada, plena de grasas y desordenada, el cigarrillo, el licor y una terquedad que torcía los mensajes que me enviaba mi entorno, fueron poco a poco obstruyendo el amor que tenía por mi mismo. Participaba activamente en las actividades de la SGIV, al tiempo que me nombraron encargado de Grupo y asistente de Distrito. A pesar de muchos cambios en mis hábitos y transformaciones de mis venenos, que bastante me hicieron sufrir, había aspectos de mi mismo que no quería ver. Aspectos en los que mi oscuridad fundamental tomaba ventaja frente a mi Budeidad. Mis tendencias me dirigían hacia una muerte segura y mi práctica me protegía de mi mismo.

Mis fuertes problemas de salud comenzaron a manifestarse hacia el año 2000. La cúspide de todo este proceso de causa y efecto fue en septiembre de 2003, cuando me dio un infarto estando a solas con mi hija en nuestro apartamento de San Antonio de los Altos, fue en ese instante cuando comprendí el verdadero valor que tenía mi vida y decidí vivir. “Una vida vale mas que todos los tesoros del universo”, dice Nichiren, y “un día de vida tiene más valor que cualquier posesión en la tierra”, ¡Cómo retumban aún esas palabras en mi corazón! ¡Quiero vivir!, pero ¿qué estaba haciendo para vivir, para mantenerme con vida? Francamente, no me estaba ayudando mucho, a pesar de ciertos cambios en mi actitud hacia las reglas que manejan la vida, algunos aspectos que sabes que has mejorado y te hacen sentir mejor contigo mismo, seguía fumando y bebiendo y aún no entendía las palabras de respeto que transmite nuestro mentor Daisaku Ikeda sobre la vida y la salud.

Acudí al médico para saber cómo me encontraba, el cardiólogo me mandó a hacer un sinnúmero de exámenes antes de tomar cualquier decisión. Hacia el mes de Octubre de 2003, me hacen un cateterismo, diagnosticándome una fuerte obstrucción en la arteria ilíaca inferior izquierda (95%) y varias obstrucciones en las coronarias, la derecha con dos obstrucciones del 70% y la izquierda con una obstrucción del 25% y otra del 40%. La conclusión del Doctor fue la de colocarme al menos dos stents (una especie de tubo con malla que abre las obstrucciones), uno en la ilíaca y otro en la coronaria derecha. Para ese entonces, comenzaba esa carrera entre la existencia y la no existencia, comenzó para mí el proceso para entender qué tenia en mi vena de practicante de Budismo y cómo entendía mi práctica, si estaba en lo correcto o mi equivocación me llevaba a la muerte; comprendí que el Budismo tiene una sola interpretación, que las palabras de Nichiren sólo poseen una dirección, el respeto a la dignidad de la vida, el aceptar nuestra Budeidad y estar convencido de la eternidad de nuestras existencias.

La empresa de Seguro a la que estoy afiliado me negó en ese momento, las intervenciones futuras, por clasificar mi enfermedad arterial como preexistente. Llegó a tal punto, que, estando en la sala de operaciones, afeitado y presto a ser intervenido, me pararon de la mesa de hemodinamia y me dijeron que me fuera para la casa. La lucha encabezada por mi fe y mi entonación de Daimoku, comprendiendo que tenía que cumplir con la misión de apoyar el crecimiento de la SGIV en el distrito donde era asistente, el han donde era responsable y mi futura lucha en los Altos Mirandinos, con el entendimiento de que mi vida es valiosa y es digna de respeto, todo ello fue motivo suficiente para que aprobaran la colocación de un stent en la ilíaca izquierda ya que si no se efectuaba esa intervención tenía un alto riesgo de perder la pierna a corto plazo. Fui a la clínica el día pautado y otra vez a punto de ser intervenido fui parado de la mesa de intervención porque al médico se le había olvidado pedir el stent correspondiente. No fue sino una semana después (el 11 de Noviembre) que me colocaron la pieza correspondiente en la arteria. ¡Qué bueno!, me dije a mi mismo, la práctica me protegió de perder una pierna y me dio aliento para seguir adelante. Pero.... ¡qué cosas!, la vida no es un juego, y yo seguía fumando y bebiendo. Aprendí a darle valor a mis esfuerzos, pero todavía no comprendía del todo lo que era respetar mi existencia, parecía que cierta parte de mi no quería vivir, habían aspectos a los que parecía temerle y no abría los ojos frente a ello.

Cuando hacía mis oraciones, tenía la convicción de seguir adelante, hasta que un día, esos en los que comienzas a analizarte frente al Gojonzon, me di cuenta de lo perdido que estaba. Oraba sin saber qué quería, oraba por un futuro mejor sin saber cómo sería mi vida en 5, 10, 15 ó 20 años. Había perdido la visión de mi futuro, sentí que había perdido mis sueños, ¡qué duro golpe me di!, ¡Cómo estrellé mi percepción de mi mismo!, ¡No sabía quién era ni qué quería! A pesar de justificarme, mi enfermedad me cegó y por un momento me dejé arrastrar. ¡Qué Karma!, me decía, me aferré al Gojonzon y decidí vivir...

Mi vida tenía una fuerte lucha, mi estado de Buda contra mis tendencias negativas, abrir los ojos o seguir ciego, asumir la responsabilidad de mi vida o terminar de destruirla, intentaba reafirmar que “el Gojonzon existe sólo en nuestra carne mortal de gente ordinaria que abraza el Sutra del Loto y entona Nam Myojo Rengue Kyo”.

A medida que pasaban los días mi salud se iba deteriorando, al punto de sufrir anginas de pecho (mal llamadas pre-infartos) casi a diario. De nuevo los exámenes y las pruebas: me hicieron un eco doppler con dobutamina en el que me diagnosticaron isquemia miocárdica y fallas en el ventrículo derecho. El médico decidió hacerme otro cateterismo y colocarme entre dos y tres stents. Otra vez comenzaba una lucha aparentemente económica contra las limitaciones que nos ponía, entre otros, la empresa de seguros, ya que sólo aprobaba la colocación de un stent, costando cada uno entre tres y cuatro mil dólares. Mientras pasaban los días mi salud se deterioraba debido a las obstrucciones coronarias que tenía, y aunque ustedes no lo crean, yo todavía fumaba y bebía y ya lo hacía a espaldas de mi esposa, a sabiendas del daño que me estaba haciendo. Las mentiritas “blancas” que uno cree no le hacen daño a nadie.

Cuando mi futuro comenzó a vislumbrarse, las llaves del corazón abrieron las puertas de mi vida. Cuando desperté a mi misión, mi contacto con el mundo exterior tuvo sus frutos: el seguro aprobó un stent, la empresa que suple los stent a las clínicas y hospitales me donó el segundo, y el tercero lo conseguí gracias a una gran amiga (ex esposa de mi Papá), quien me regaló 2500 dólares, y mi esposa que disponía del dinero faltante para completar la adquisición de ese tercer stent. Todo parecía bien encaminado a intervenirme el 28 de Febrero de este año.

Me sentí muy animado por el gran apoyo de mi esposa, de mi familia, amigos y por supuesto, los miembros de la SGIV y mis responsables, así que me tracé la meta de que el 23 de Febrero tendría definido lo que tenía que hacerse. El 22 me dieron dos fuertes anginas de pecho, fui hospitalizado el 23, entrando por emergencia, haciéndose el cateterismo ese mismo día, tal como lo había decidido, definí mi vida ese día. No me pudieron colocar los stents debido a un aumento bastante fuerte de las obstrucciones que antes tenía. Lo cierto es que descubrieron que la coronaria derecha estaba amputada (100% obstruida), la coronaria izquierda estaba tan deteriorada que tenía todos los ramales con obstrucciones superiores al 50%, el tronco de las coronarias igualmente se encontraba obstruido. El médico no podía creer lo que veía, se preguntaba cómo seguía con vida y justamente en ese milagro que es vivir surgieron dos ramales de la coronaria que estaba totalmente obstruida (la derecha). La solución entonces era colocar unos Bypass y la operación tendría que esperar una semana debido a que estaba tomando un anticoagulante. Teníamos, entonces, la disyuntiva entre el irme a casa o quedarme hospitalizado, pero por lo delicado de mi salud y por lo inestable que me encontraba, tuve que quedarme esa semana de espera, hospitalizado. Fui visitado por mis compañeros de fe, ¡Qué hermosa es nuestra Organización!, ¡Cómo el apoyo de todos mi compañeros de fe lo sentía correr por mis venas!, ¡Qué sensación tan bella es saber que cuentas con todos los amigos del mundo! Un verdadero ejército de Bodisatvas de la Tierra que te abrigan y protegen, ¡qué orgulloso me siento de la Soka Gakkai y qué compromiso tan grande me puso la vida!, ¡No me permitiría quedarle mal a ninguno de los miembros de mi Organización!, ¡No haría sufrir mas a los que amo!, ¡Tenía que vencer sobre mi mismo, sobre mis temores!, ¡Tenía que triunfar para demostrar mi amor por las personas que dependen de mi y de mis luchas (mis hijos, mi esposa, mis padres, mis amigos, tanta gente...)! Esta vez la decisión de vivir iba acompañada de la firme determinación de no fumar y de no beber, como lo he hecho desde entonces, y con la convicción de luchar por cumplir con mi misión de vida, luchar junto a Ikeda Sensei por alcanzar los objetivos de Kosen Rufu.

Mi esposa me alentaba constantemente, me daba fuerzas para seguir adelante. Imagino su lucha y mi corazón se infla de orgullo al saber que la tengo a mi lado, luchando codo a codo junto a mí.

El jueves 3 de marzo salí de la operación. Me colocaron un bypass, sustituyendo la coronaria izquierda casi en su totalidad desde el tronco, por la arteria mamaria izquierda. La arteria coronaria derecha no se sustituyó por ninguna otra, ya que su obstrucción venía desde el tronco. Comenzaba una vez más otra batalla: ahora contra el dolor, contra la desesperación y la impotencia. Las primeras 16 horas post operatorias fueron muy duras, de hecho hice 14 horas consecutivas de Daimoku para no enloquecer. A mi lado en la Unidad de Cuidados Intensivos, tenía a dos personas que fueron operadas del corazón al igual que a mi, recuerdo el sufrimiento de esos dos seres humanos y su desesperación, en mi Daimoku los incluí y en mi dolor los comprendía.
Poco a poco fui dando síntomas de mejoría a tal punto que el domingo me querían dar de alta, yo solicité quedarme hasta el martes cosa que aceptaron, el asombro del personal de la clínica era inmenso frente a mi actitud y mi mejoría.

Nuestra Misión, he ahí el sentido de nuestras vidas, es ahí donde mi existencia en este mundo comenzó de nuevo, en descubrir mi Misión, convencerme de ella y tener el coraje de luchar por alcanzarla y hacerla parte de mi. Ahora comienza una nueva etapa, una lucha que casi termina con mi vida hace que me determine a conseguir mi futuro con mis luchas del presente, asumir mi responsabilidad como miembro de la Soka Gakkai luchando codo a codo con Ikeda Sensei, responsabilizarme por mis seres queridos y todos los miembros de la organización, culminar el libro que escribo desde hace 12 años, organizar el grupo de traducciones de la SGIV, apoyar para la creación de la Biblioteca de la SGIV, apoyar a mis encargados y miembros de la División de Caballeros y Grupo Alborada, hacer que nuestro país sea la tierra del Buda. Si continúo irán a decir que lo quiero hacer todo a la vez, no se equivocan… Cuando creí que no había nada… encontré al final de ese túnel, que representa mi actual existencia, una luz que reafirmó mi fe, que hizo que viviera de nuevo.

Hoy, una vez más, la SGIV me ofrece otra oportunidad, ofreciéndome una hermosa responsabilidad en los Altos Mirandinos, aprovecharé al máximo esta oportunidad, definitivamente. ¡Gracias Gojonzon!, ¡Gracias a mi esposa!, ¡A todos y absolutamente todos los miembros de la Organización!, ¡A mi familia y amigos! El agradecimiento que siente mi corazón tendrá sus frutos en la medida en que todos comprendamos la importancia de nuestras vidas y el valor que le damos a ellas. Mi deuda con el Universo es inmensa y mi lucha será saldarla... una vez más:
¡¡¡Gracias!!!

30.5.05

Experiencia Mi Cáncer, Mi Victoria

Autor: Ariel Ricci SGIB

Al final del día 05 de Abril de 2005, algo extraño comenzó a manifestarse en mi organismo. Simplemente, no conseguía orinar y como consecuencia, sentía la vejiga hinchar.
La mañana siguiente, mi esposa Marly conversó con una doctora, que trabaja en la misma clínica, y ella le dijo para que yo fuese a una consulta con su padre, uno de los más reconocidos especialistas en vías urinarias de la ciudad y marcó la consulta con su padre para esa misma mañana, en su clínica particular.
Cuando llegamos, supimos que era su cumpleaños y que no iría trabajar ese día. Estaba yendo sólo para atenderme, y gratuitamente.
Luego de una breve consulta, el médico indicó la colocación de una sonda.
Al ser colocada, expelí tres litros de un líquido del color de Coca-Cola.
El doctor pidió una serie de exámenes a ser realizados en su propia clínica, sin ningún gasto para nosotros, ya que no tenemos planes de salud.
El día 11, retiré la sonda y, nuevamente, no conseguía orinar. Volví a la clínica y fue colocada otro tipo de sonda, permanente.
El día 13, tanto de mañana como a la tarde, hice los exámenes prescriptos en la mejor clínica urológica de la ciudad, gratuitamente.
La mañana del día 18 de Abril, con los resultados de los exámenes, el médico diagnosticó lo que ya me imaginaba: cáncer. Pero en la vejiga y no en la próstata.

El tratamiento debería ser realizado a través del sistema de salud pública.
A la tarde, llamaron de la clínica a mi esposa informando que se habían olvidado de entregarnos el resultado de un examen. Cuando Marly fue a retirar el resultado, se encontró con otro de los socios de la clínica, también un conceptuado especialista en vías urinarias y cirujano, que le preguntó qué estaba haciendo ahí. Informado de mi enfermedad, le dijo para que fuéramos a la mañana siguiente al Puesto Municipal de Salud Pública que él mismo nos atendería!
En ese mismo día, escribí para tres grupos budistas que integro a través de la internet (uno en portugués y dos en castellano) lo siguiente:
Mi cáncer, mi victoria!
Ayer, 18 de abril de 2005, recibí la noticia de que estoy con cáncer en la vejiga y que tendría que ser operado y posteriormente hacer tratamiento.
El motivo de estar escribiendo para Uds. es para contar mi decisión de lucha y tratar de alentar a quienes están sufriendo la maldad de la enfermedad.
En el instante que recibí el diagnóstico del médico, acrediten, sentí una sincera y profunda alegría.
En un instante, volví a mi punto primordial, a Kuon Ganjo.

Mentalmente, agradecí al Gohonzon por darme la oportunidad de enfrentar este desafío, con la certeza de que, como en otras ocasiones, también conseguiré manifestar, a través de mi lucha, de mi fe, de mi daimoku, la prueba real de esta práctica maravillosa.

Conocí el Budismo, en esta existencia, en 1995. Con menos de tres semanas de práctica, comprendí en lo más profundo de mi vida que soy un Buda y supe cual es mi misión en esta existencia. Luego enseguida, mi vida recordó uno de los principios fundamentales del Budismo: como Bodhisattva de la Tierra, vengo propagando la Ley existencia trás existencia, lo que nos permite, cada vez que vamos a renacer, crear a propósito el karma adecuado para cumplir nuestra misión.

Es por eso que Ikeda Sensei siempre nos enseña que no debemos pensar en karma y sí en misión.
Por eso, si hoy estoy con cáncer es porque yo escogí nacer con esas circunstancias y a través de mi victoria mostrar la grandiosidad de la Ley.
Eso, sinceramente, y haber acumulado mucha buena fortuna en las existencias pasadas! Por eso mi felicidad frente al desafío que ya comencé a enfrentar.
Cuando llegué en casa, abrí el butsudan para ofrecer al Gohonzon mi más poderoso daimoku de agradecimiento. Y la primera cosa que vino a mi mente fue la lucha de Pascual Olivera contra el cáncer. Muchos de Uds. se acordarán de cuanto, en aquella época, me identifiqué con su lucha, incluso traduciendo al portugués su lucha y sus palabras de aliento. Nunca entendí la profunda causa que me unía a Pascual. Hasta hoy. Poder enfrentar el mismo desafío que Pascual es, para mi, un gran privilegio.
Pueden estar seguros que estaré a altura de él.

Pero, vivir mucho para qué? Cómo vivir?
Algunos años atrás, hice un juramento de vivir hasta 10 años después de la muerte de Sensei para, como discípulo, luchar para mantener la pureza de sus enseñanzas.
Determiné vencer la maldad. Determiné vencer el cáncer. Y cuando un Buda determina la victoria delante del Gohonzon, crea la causa para la victoria. Sólo falta mi daimoku para hacer manifestar el efecto de esta causa.
Para eso, cuento con el poder del Gohonzon, el poder de la Ley y el poder de mi práctica y de mi fe. Y principalmente, cuento con las orientaciones de Nichiren Daishonin y de Ikeda Sensei.
A él ofrezco mi lucha y mi victoria.
Nam-myojo-rengue-kyo.

El día 19, fuimos al Puesto de Salud Pública Municipal en el horario indicado por el médico, a las 7:30 hs. Había pocas personas aguardando, algo raro en Brasil (lo común son largas colas) y fui el primero en ser atendido por el especialista en vías urinarias. Analizando los resultados de los exámenes, confirmó el diagnóstico de cáncer e informó las diferentes opciones de tratamiento. Todas pasaban por procedimientos quirúrgicos y, en última instancia, dependería del cuadro que se encontrase en la primera opción, que sería la tentativa de retirada total del tumor a través de la uretra, sin necesidad de corte.

Pero, como ese cáncer ya estaba en mi organismo por aproximadamente dos años, no se descartaba la retirada total de la vejiga o de otros órganos que pudiesen estar afectados. Como todos sabemos, la peor hipótesis en un cáncer es que se haya extendido de tal manera que sea imposible su cura.
Al final de la consulta, el médico solicitó mi internación en el Hospital Regional, de la red pública.

Ese mismo día, determiné acabar con la sangre en la orina, porque ya había cumplido con la función de alertarme respecto de la enfermedad.
El día 20, viajé para São Paulo e hice shakubuku a dos funcionarias del Consulado del Uruguay que conozco hace más de 20 años.
Después del almuerzo, conversé con mi antiguo dirigente, un veterano en la práctica, que una vez más fue riguroso y me dijo que yo no podía morir ahora porque tenía que cuidar de mi papá de 85 años y, así, cumplir mi función de hijo.
Volviendo para mi ciudad, hice shakubuku a una joven madre desesperada por problemas de desarmonía familiar.
El día 21, ya no había ningún rastro de sangre en mi orina!
El 26 de Abril, escribí el siguiente mensaje para mis compañeros budistas de internet:

La Gran Victoria
La mayor victoria, la verdadera victoria, ya fue conquistada.
Esa victoria se llama "volver al punto primordial".

Había dejado que mi mente dominase mi vida, filosofando y cuestionando (cosa de seudo-intelectual), lo que yo llamo de "síndrome de Sharihotsu".
Así, mi fe fue abalada y, como reflejo, mi práctica también.
Por ese motivo, no veo esta enfermedad como un sufrimiento sino como un beneficio. Fue necesario un hecho tan grave para retornar al juramento que hice en Kuon Ganjo junto al Buda Original.

Cuando escuché el diagnóstico, sentí que esta existencia toda estuve esperando por ese momento. Me acordé de la respuesta de Nichiren a Shijo Kingo cuando iba a ser decapitado...
Mi daimoku volvió a surgir desde lo más profundo de mi vida. Un daimoku sin cuestionamientos. Un daimoku vivo, libre, espontáneo, alegre, vibrante, al punto de estremecer el Universo. Ese es el beneficio! Esa es la verdadera victoria!

Y esa es la manifestación de la benevolencia del Gohonzon!
Al mismo tiempo, no existe la posibilidad de lamentarse. Es vencer o vencer!
Entonces, nos deparamos con nuestra esencia. Es en momentos así cuando se hace más viva aquella enseñanza de Sensei en el sentido de que "no importa el cargo dentro de la organización o la posición social"... No existe nada más allá de la fe, del Gohonzon y del daimoku. Es en ese instante que nuestra vida determina cumplir la misión o ser derrotado. Nadie puede vencer esa batalla por nosotros.
Es evidente que en el momento que estoy viviendo, acabamos reflexionando mucho. Eliminamos lo superfluo y ahondamos en lo esencial. Otro beneficio.

Nos acordamos que somos Budas de Kuon Ganjo. Nos acordamos que no somos diferentes en nada de Nichiren Daishonin y de Ikeda Sensei, que podemos lograr la sabiduría, determinación y coraje de ellos. Sólo depende de nuestro daimoku.
Qué hacer, entonces?
Mostrar a la gente como vive, como lucha y como vence un discípulo de Ikeda Sensei, un budista!
Esa es nuestra función, realizar el shakubuku.
No existe otro motivo, a no ser el shakubuku, para estar enfrentando este desafío!
La gente tiene que mirar en nosotros y percibir que somos "diferentes"... Por la manera corajosa como encaramos la adversidad, por nuestro aspecto radiante frente a la situación que es "terrible" para el mortal común. La gente tiene que sentir "admiración" por nuestra tranquilidad, por nuestra determinación, por nuestra capacidad de alentarlos con nuestra lucha, con nuestra vida. La gente tiene que sentir el deseo de saber de dónde surge esa energía vital que nos lleva a vencer esas circunstancias. Como resultado de esa lucha, de ese daimoku, la vida de esas personas "pide" para que hagamos shakubuku!

Cómo no sentirme feliz! Cómo no sentirme victorioso!
El día 02 de Mayo, fue retirada, definitivamente la sonda, volviendo a orinar normalmente.
Enseguida, llamaron del hospital informando que debía comparecer al día siguiente porque había sido marcada la cirugía para el día 11 de Mayo.
Al día siguiente, 03 de Mayo, llamaron nuevamente del hospital informando que había acontecido una oportunidad y preguntando si no gustaría de anticipar la cirugía en una semana y realizarla al día siguiente 04 de Mayo!
Eso pasaba al mismo tiempo que todos los medios brasileros estaban denunciando la muerte de jubilados por falta de atención en la red de salud pública!!!

Como explicar mi buena fortuna sino como el resultado de nuestro daimoku!
Decidí no anticipar la cirugía, porque no quería desperdiciar una semana de daimoku por el éxito de la misma.
No me sentía enfermo.
Mi organismo ya no manifestaba ningún síntoma de la enfermedad y llevaba una vida absolutamente normal.
Las personas que sabían de mi enfermedad, y se encontraban conmigo, se sorprendían con mi aspecto y buena disposición. Simplemente no creían que estuviese con cáncer.
El día 06 de Mayo, escribí otro mensaje a los compañeros budistas por internet:

El Gran Beneficio
Una compañera de Venezuela, se acordó del objetivo que yo había lanzado para el día 03 de Mayo de 2005 y me preguntó a ese respecto. Debo confesar que, analizando como mortal común, no llegué ni cerca de lograr ese objetivo. Y la causa es muy simple: yo fui flojo.
Pero, si analizo mi situación del día 03 de Mayo de 2005, como budista, la victoria fue estruendosa, mucho más allá de lo imaginado en la época que lancé el objetivo!
Dejando de lado los detalles, el objetivo era demostrar como, a través de la práctica del Budismo de Nichiren Daishonin, nada es imposible. Mostrar que toda y cualquier victoria está a nuestro alcance.
Conversando sobre ese tema con mi esposa Marly, una profunda conocedora del Gosho (en su sentido más profundo), supe que ella también había llegado a la misma conclusión. Y, para definir mi victoria, me dijo:
"También pensé sobre eso, y me acordé de la "Carta a Abutsu-bo"...
Perfecto!
Existe beneficio mayor que comprender, con la propia vida, que "yo soy la propia Torre de Tesoros"?
Eso es realmente maravilloso!
Comprobar con la propia vida aquello que ya sabíamos en la teoría...
El mensaje que deseo pasar para cada uno de Uds. es el siguiente:

Paren de pensar como mortales comunes!
Mientras enfrenten sus actuales circunstancias negativas como "karma", estarán pensando, sintiendo y actuando como mortales comunes. Esas circunstancias, se transforman así en un sufrimiento y nuestro daimoku en un lamento, un "pedido" al Gohonzon consagrado en el oratorio.
Por otro lado, si vemos esas mismas circunstancias como beneficio, como un medio para profundizar nuestra revolución humana, como algo que nosotros mismos elegimos con el propósito de cumplir nuestra misión, intransferible, de demostrar la veracidad del Budismo de Nichiren Daishonin, de demostrar con nuestra propia vida la veracidad de las palabras de nuestro Mentor, entonces, estaremos pensando, sintiendo y actuando como Budas.
Eso es "abrazar el Sutra del Loto".

Eso es haber conquistado la Libertad para nuestra práctica y para nuestra vida.
Un Bodhisattva de la Tierra que piensa como mortal común es una calumnia a la Ley.

Hoy, puedo encontrarme con mi Maestro, y mirándolo a los ojos, con una sonrisa decirle: "Gracias, Sensei! Yo vencí!".
El domingo 08 de Mayo, hicimos shakubuku a un matrimonio amigo. La esposa estaba con problemas de salud.
El lunes 09 de Mayo, alenté a una vecina, shakubuku de Marly, para venir a casa e iniciar su práctica y conocer mejor el Budismo de Nichiren.

El 11 de Mayo, me desperté pensando: "Un Buda se levanta para ir al hospital. Hoy es un día maravilloso en la vida de este Buda. Este Buda será operado y manifestará la prueba real. Hoy, una vez más este Buda será victorioso!".
Mi esposa y yo invocamos un profundo daimoku de agradecimiento.

Me interné en el hospital, a las 6:00 hs.
A las once menos cuarto de la mañana, entré en el centro quirúrgico e invoqué daimoku sansho.
Una hora y media después, mientras el médico terminaba el procedimiento quirúrgico, fui informado que la cirugía había sido un éxito y que el cáncer había sido totalmente removido!
La previsión de alta para ese procedimiento es de 48 hs., pero, yo tuve alta ya al día siguiente. Todas las enfermeras que hablaron conmigo durante el post-operatorio, no creían que no sintiese ningún dolor o que no hubiese sufrido ninguna reacción por la anestesia.

Al final de la tarde del día 12 de Mayo tuve el alta y volví para casa.
Después de algunos minutos, le pedí a mi esposa para que me acompañase a un pequeño paseo por las calles del barrio...
Al día siguiente, pasé por la panadería del matrimonio al que le habíamos pasado la Ley el domingo anterior para mostrarles "mi prueba real".
Perplejo con el hecho de estar andando y con un óptimo aspecto, el marido me dijo: "A pesar de no conocer bien la palabra que Uds. nos enseñaron (Nam-myojo-rengue-kyo), nosotros oramos por tu salud y queremos hacerles una visita para conocer mejor el budismo".

A la tarde, me entregaron en casa la nueva computadora que compramos de una empresa de São Paulo. Durante su instalación, hicimos shakubuku al técnico de la empresa que se manifestó muy interesado al saber que somos budistas. Antes de irse, hizo daimoku sansho delante de nuestro Gohonzon y determinó que haría daimoku durante los próximos 90 días, decidido a obtener su propia prueba real.

Al final de la tarde, fui a buscar a mi esposa en la clínica donde trabaja.
Hicimos shakubuku a la médico que había marcado la primera consulta con su padre y que diagnosticó el cáncer. Cuando su padre llegó para buscarla, no creyó, siendo uno de los mejores especialistas de la ciudad, que ya hubiese sido operado y estuviese en esas condiciones de salud! La próxima semana, ella y su novio, vendrán a nuestra casa para conocer el Budismo de Nichiren Daishonin y el Gohonzon. Existe retribución mayor que pasarle la Ley Mística a una persona con la que tenemos una deuda de gratitud?

En 22 días, desde que fue diagnosticado el cáncer, hasta hoy, realizamos 9 shakubukus y estoy alentando 2 shakubukus que me contactaron por internet en función de mi enfermedad.
Más, se engaña quien piensa que fue una victoria personal mía.
Se engaña quien piensa que realicé algo excepcional.
Mi único mérito fue mi fe en la Ley Mística y la comprensión de que mi lucha no era por mi vida y sí una lucha por el kosen-rufu. En ningún momento invoqué por mi vida, o para no morirme, y sí para manifestar, una vez más, la prueba real. Fue una batalla más de un Buda por el kosen-rufu.

Y, por este motivo, manifesté un gran poder de convocatoria, una poderosa cadena de daimoku, llegada de las diez direcciones, que pasó por lugares tan distantes como Noruega, Alemania, España, Francia, Japón, Canadá, Estados Unidos, México, Panamá, Venezuela, Argentina y de los cuatro rincones del Brasil...
Cómo esa oración podría no tener respuesta?
Por eso, mi victoria es la victoria de ustedes!
En última instancia, es la victoria de Ikeda Sensei que fue quien convocó a cada uno de ustedes para luchar en esta época por el kosen-rufu!
Mi eterno agradecimiento, por las tres existencias, a cada uno de ustedes que están construyendo el kosen-rufu.

3.4.05

Experiencia de Lee Shan Hwa - Penang

(publicado en “Cosmic”, Septiembre de 2001)
Traducido amablemente por Elizabeth Ryske

En 1973, contraje matrimonio con un malayo residente en Kaoshiong, Taiwan. Mi esposo, Tan Tiang Hock, es un hombre con los pies firmemente plantados en la tierra. De profesión veterinario, sus negocios eran en la industria ganadera.

A pesar de sus esfuerzos, los negocios no marchaban bien. Repetidos fracasos le causaron una pérdida de confianza en sí mismo como para seguir adelante. Algunos de sus mejores amigos solían decir: “Tiang Hock es un hombre bueno y honesto pero no tiene suerte! ”

En un tiempo mi esposo tuvo una granja de aves de corral donde criaba a miles de pollos. Necesitaba una gran cantidad de dinero para cubrir los costos de alimentarlos. El destino quiso que el precio de los pollos cayera abruptamente para entonces. No sólo fue incapaz de recuperar su inversión sino que además Tiang Hock terminó con grandes deudas. Fue muy desalentador escuchar de los amigos críticas tales como: “No tienes noción de cómo hacer las cosas adecuadas en el momento oportuno”.

Habiendo fracasado con las aves, mi esposo decidió criar cerdos. La crianza de estos animales requiere mucha atención, hay muchas tareas que atender y además es una labor sucia y maloliente. Sugerí a mi esposo cambiar hacia otra industria pero él se rehusó a escuchar.

En 1990, mi mejor amiga Chong Chooi Ngoh, me introdujo con gran entusiasmo al Budismo de Nichiren Daishonin. Me dio algunos ejemplares de la revista “Cosmic” y me alentó a tomar la fe, diciéndome con determinación: “Esta es una religión que responde a todas tus oraciones!”. Siendo ignorante y arrogante, rechacé sus buenas intenciones y silenciosamente hice un gesto de desprecio a sus “tonterías”. Incluso le dije que no fuera una tonta, haciendo propagación religiosa

Mientras tanto, yo estaba encerrada en mi pena. Me atormentaba ver cómo mi esposo adelgazaba día a día. Intentando resolver nuestra situación financiera, regresé a Taiwan para obtener algún dinero ayudando a mi familia en sus negocios de puestos de venta de comida. Le entregué ese dinero duramente ganado a mi esposo, para ser reinvertido en un nuevo emprendimiento. Pero éste se convirtió en un nuevo fracaso. Finalmente me pregunté: “¿Por qué la vida es tan dura conmigo?”

Un día, inconscientemente comencé a quejarme con una de mis amigas. Luego de escucharme, inmediatamente dijo: “Ambos están desperdiciando su buena fortuna en la vida. ¿Por qué no intentas invocar Nam - Myoho- Renge-Kyo?”

Ahora bien, ¿no fueron exactamente las mismas palabras que Chooi Ngoh me había dicho? Como esta muchacha conocía poco con respecto a la fe, le acerqué los ejemplares de “Cosmic” que Chooi Ngoh me había dado anteriormente, y comencé a estudiarlos seriamente. En uno de estos artículos (una orientación del Presidente Ikeda de SGI), encontré aquello que me dio aliento: “Basándose usted mismo en la Ley Mística, se manifiesta el ilimitado potencial de su vida, creando la energía que puede cambiar definitivamente su karma”.

Comencé a darme cuenta de lo único que es este Budismo. No habla de un poder que viene de afuera sino del poder que se encuentra en uno mismo para cambiar nuestro destino.

Esta repentina conciencia me hizo ver que el Budismo era realmente una gran filosofía de vida. Después de algunas consideraciones, decidí finalmente tomar la fe. Para sorprender a Chooi Ngoh, quien había sido mi primer contacto, le pedí a otra amiga que me llevara a una reunión donde pudiese aprender más acerca del Budismo de Nichiren Daishonin. Me llevaron al “Centro Budista Sutra del Loto”, donde la gente estaba entonando “Nam-Myoho-Renge-Kyo”, y no tuve dudas respecto a este lugar ni respecto a la práctica, y continué mis actividades durante medio año.

A los pocos meses desde que había comenzado a cantar daimoku, Chooi Ngoh me llamó nuevamente. Con excitación le conté las novedades: “ Chooi Ngoh, empecé a invocar Nam-Myoho-Renge-Kyo y además estoy participando en las actividades!”. Para mi sorpresa, quedó desconcertada y me preguntó “¿Dónde estás yendo? ¿Por qué no te he visto en las reuniones?” Cuando le dije el nombre del centro, ella me dijo exasperada: “Shan Hwa, has ido al lugar equivocado”.

¿Qué? ¿El lugar equivocado? Ellos invocan Nam-Myoho-Renge-Kyo, también!, le contesté. Fue allí cuando ella me hizo dar cuenta que existe una diferencia entre los centros administrados por la Secta Nikken y la Soka Gakkai. Le dije que me sería necesario saber algo más del tema, y prometí encontrarme con ella.

La búsqueda para discernir qué es el Bien y el Mal

Un día, solté una pregunta sobre mis dudas entre el Centro y la Soka Gakkai en el Centro Budista del Sutra del Loto de la Nichiren Shoshu. Las tres personas a cargo exclamaron: “Por supuesto, es diferente. El Gohonzon en la Soka Gakkai no procede del Sumo Sacerdote y es una falsificación que no tiene poder y no concede beneficio alguno”. “La Soka Gakkai no tiene Sumo Sacerdote ni monjes, el clero de la Nichiren Shoshu los excomulgó. No hay herencia, legado, ni el alma del Daishonin”. “La Soka Gakkai le rinde culto a Daisaku Ikeda como si él fuese su Buda”.
¿Podían ser ciertas estas explicaciones que me daban los seguidores de la Nichiren Shoshu?
Me sentí confundida y decidí tener una buena charla con Chooi Ngoh, y al encontrarnos le conté todo lo que había escuchado.

La persona de Soka Gakkai de Malasia que la acompañaba replicó directamente: “Shan Hwa, en el Gosho titulado “El verdadero aspecto del Gohonzon”, Nichiren Daishonin dice “nunca busque el Gohonzon fuera de usted mismo. El Gohonzon existe sólo en la carne mortal de nosotros, la gente ordinaria que abraza el Sutra del Loto e invoca Nam-Myoho-Renge-Kyo” (WND, pág. 832). En este Gosho, Nichiren Daishonin nos enseña que el Gohonzon no necesita provenir de un Sumo Prelado, en ningún lugar está escrito que podemos obtener la Budeidad sólo a través del Sumo Sacerdote o de los monjes”.
Luego compartieron conmigo muchas de sus conmovedoras experiencias y los beneficios que ellas recibieron, refutando el argumento de la secta Nikken de que “el Gohonzon de la Soka Gakkai es falso y no puede otorgar beneficios”.

Chooi Ngoh también me iluminó con respecto al abominable comportamiento del Sumo Prelado, Nikken Shonin, y la inmoralidad y vileza del clero, quienes se permiten satisfacer todo aquello a los que los lleva su búsqueda de placer y hedonismo. Ella me citó un extracto de “Las 26 Admoniciones de Nikko” donde se dice que: “No sigan ni siquiera al Sumo Prelado si éste va contra la Ley del Buda y propone sus propios puntos de vista “, y me dijo que la Soka Gakkai se mantiene resueltamente lejos de la secta Nikken y del clero actual de la Nichiren Shoshu para proteger y continuar el verdadero espíritu de Nichiren Daishonin. Y esto, dijo, es el espíritu eternamente invariable y la práctica correcta de la Soka Gakkai.

“¿Por qué no le preguntas a los seguidores de la secta Nikken si es que ellos hubiesen tenido la buena fortuna de abrazar la Ley, si el Presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, no se hubiera arriesgado adelantándose a hacer el kosen-rufu mundial? Sin la dedicación que puso el Sr. Ikeda durante 40 años en la propagación de la Ley Mística, ellos tal vez ni hubiesen tenido el chance de escuchar hablar de este gran Budismo. Todos los miembros de la Soka Gakkai y la SGI respetan al Sr. Ikeda, pero no le rendimos culto como a un “Buda” - dijo ella con vehemencia- Sus argumentaciones realmente muestran una carencia extrema de gratitud!”

Después de escuchar la firme explicación de Chooi Ngoh, me encontré en una encrucijada. No podía sentirme más aprensiva en aquel momento en que comprendí las espantosas consecuencias si seguía las enseñanzas equivocadas, y le dije a Chooi Ngoh: “Por la felicidad de mi familia, asistiré a los encuentros en ambos lugares para descubrir por mí misma la diferencia entre los dos”.

Así, a mediados de 1997, asistí a actividades de la SGM en el Centro Cultural de Penang, la primera vez junto con mi hermana que se había establecido en Malasia y había tomado la fe. Era una brillante tarde de sábado, soleada, y dos entusiastas miembros de la División de Damas nos llevaron al Centro Cultural de la SGM en Penang para participar de un grupo que estaba entonando daimoku.

Al llegar al centro, me impresionó qué ordenados y corteses eran, y esto me hizo pensar “Si la Soka Gakkai no es correcta en las enseñanzas del Budismo de Nichiren Daishonin, no sería capaz de atraer a tanta gente joven y entusiasta que voluntariamente ofrece su tiempo y su energía para desempeñar tareas bajo este ardiente sol”. Mentalmente comparé esta escena con aquella en el Centro del Sutra del Loto y me di cuenta de que había muy pocos jóvenes y que había poco entusiasmo y vitalidad en aquel centro.

Subiendo al hall del primer piso, me sorprendí al ver tanta gente. Y quedé aún más impresionada con la fuerza del vibrante daimoku que entonaban los miembros. Nunca había escuchado una fuerza vital como aquella en el daimoku! Me hizo comprender las palabras de Nichiren Daishonin “No hay mayor felicidad para los seres humanos que entonar Nam-Myoho-Renge-Kyo” (WND. pág. 681)

Mi hermana y yo teníamos en la mente la misma pregunta: “Si es el mismo Nam-Myoho-Renge-Kyo, ¿cómo puede haber tal diferencia?”

Mi segunda actividad en la SGI de Malasia fue asistir a un debate al día siguiente. En este encuentro, fui nuevamente sorprendida por la vitalidad y la energía que desplegaban los miembros de mayor edad. Sus discusiones sobre el Budismo de Nichiren Daishonin y las experiencias basadas en la fe estaban llenas de convicción y sabiduría. El entusiasmo y la sinceridad de los miembros nos impresionaron tanto a mí como a mi hermana.

En comparación al Centro del Sutra del Loto, me di cuenta de que la persona que allá estaba a cargo carecía de entusiasmo y energía vital como la que mostraban los líderes de la SGIM. Sus discusiones sonaban vacías, secas y teóricas, sin el “toque humano” de las experiencias personales. ¿Por qué había una diferencia tan grande? Es la prueba real, la cual confirma la validez de una religión correcta.

Lo que finalmente me alejó de la influencia de esta secta pervertida del clero, fue el modo en el que ellos me presionaron para hacer el peregrinaje a Japón. A pesar de mi dificultosa situación económica, mostraron no importarles nada que no fuera exhortarme a hacer el viaje “para cambiar mi karma!” ¿Cómo podía ser posible que me pidieran que tomara dinero prestado para hacer el viaje, sabiendo lo agobiada que estaba económicamente?

Con la sabiduría para diferenciar el bien y el mal entre los dos lados, finalmente le dije a mi hermana: “ la Soka Gakkai tiene razón y su práctica es la correcta”. Con esto, resolvimos salir del sendero del mal y elegir transitar el correcto camino de la fe.

Poco tiempo después, mi esposo también tomó la fe siendo alentados por la sinceridad y la calidez demostrada por los miembros de la SGIM. Junto a nuestros cuatro hijos, la familia ingresó como miembros y recibimos Gohonzon el 31 de Mayo de 1998.

Huyendo de la epidemia de Nipah

En 1997, cuando mi esposo estaba por negocios en China, una epidemia de fiebre aftosa brotó violentamente en Taiwan. Este incidente me hizo dar cuenta que podría haber sido un desastre para nuestra familia si nuestros cerdos hubieran sido atacados por la misma enfermedad, y esto fortaleció mi determinación de encontrar otra clase de negocios para nuestra manutención.
Pero muy pronto algunos de los cerdos de nuestra granja comenzaron a caer enfermos. Puntos rojos aparecían en sus cuerpos. Pensando que era una dolencia menor, creí que administrándoles algunos antibióticos inyectables se resolvería la cuestión. Más y más cerdos se fueron infectando. Los puntos rojos derivaron en otros síntomas tales como diarrea, falta de apetito, tos, problemas de piel y asma. Los veterinarios farmacéuticos eran de la opinión de que los cerdos estaban infectados de HIV y que no había cura, incluso mi esposo, veterinario de profesión, no podía hacer nada que ayude a nuestros cerdos.

Justo en esos momentos fue cuando Malasia fue golpeada por la crisis económica y los bancos empezaron a apretar con el dinero. Recibimos un ultimátum de pagar nuestro giro en descubierto de 40,000 RM en quince días. La única manera de pagar esta deuda era vender los pocos más de cien cerdos que no estaban infectados aún. Asumiendo que si nuestros cerdos podían ser vendidos a un precio de 400 RM por cabeza, pensamos que liquidando un cierto número de hembras podríamos hacer el pago al banco, pero, como siempre, estábamos muy equivocados. Mucha gente se negó a comprar a pesar de que bajamos el precio a 200 RM por cabeza, ya que temían que nuestros cerdos pudieran infectar también a sus ganados.

Bajo tales circunstancias, no hicimos ningún progreso hasta que al quinto día le dije a mi esposo: “Sólo podemos resolver esto a través del daimoku”. Con el objetivo de “obtener 40,000 RM en diez días”, mi esposo y yo invocamos con impávida determinación.

Al décimo día, un comprador miró a nuestros cerdos y ofreció comprar todas las hembras. ¡Esto nos daba la suma requerida para pagar al banco en la fecha tope! Nuestra apreciación hacia el Gohonzon luego de este beneficio está más allá de las palabras. La transacción fue efectuada inmediatamente y mi esposo fue al extranjero por negocios una vez más. Mirando a los pocos demacrados cerdos de nuestra granja, tomé la decisión de restablecer su salud basándome en la sabiduría proveniente de mi fuerte convicción en la fe. Los rocié con la medicina que mi esposo me había prohibido usar y al mismo tiempo cambié la estrategia de no alimentarlos más con los costosos antibióticos, vitaminas y otros minerales, sino solamente con su comida diaria.

Increíblemente para todos, los animales enfermos comenzaron a recuperar salud y vitalidad. Uno por uno, gradualmente se recobraron y tuvieron nuevamente apetito. Mi esposo no podía estar más asombrado al verlos a su regreso.

Logramos vender nuestros gordos y saludables cerdos a 220 RM por cabeza sin ninguna dificultad. Incluso pudimos subir el precio a 300 RM debido a la demanda que hubo por entonces. Además, con esto pude poner fin al negocio de la ganadería aunque la gente decía que no era lo indicado justamente cuando las cosas empezaban a mejorar. Pero yo tenía una profunda convicción de que mi decisión era la correcta.

A finales de 1998, justo un mes después de concluir con nuestro negocio, el país entero fue acosado por una epidemia del virus de la encefalitis japonesa (Japanese Encephalitis Nipah virus). Esta epidemia se extendió de modo amenazador causando la muerte de muchos criadores de cerdos, llevando a otros a la quiebra y destruyendo muchas familias.

Reflexionando, si no nos hubiésemos enfrentado anteriormente con la enfermedad de nuestros animales, el requerimiento del pago bancario y la decisión de concluir con el negocio, podríamos haber sido víctimas de esta epidemia. Rebosante de gratitud, me arrodillé rápidamente frente al Gohonzon para ofrecer mis oraciones de agradecimiento. Fue la protección del Gohonzon la que nos salvó de ser víctimas de esta fuerza destructiva. Fue la SGIM la que me enseñó a conducirme en la vida basada en la correcta fe en la Ley Mística y me guió para tener una absoluta confianza en el poder del Gohonzon y ofrecer una oración sincera con ichinen y sin ninguna vacilación, lo cual brinda protección a mi familia.

Con esta gran prueba real, comprendí que la SGIM es realmente una gran y correcta organización religiosa. Estoy contenta de tener la buena fortuna de haber hecho la elección correcta, eligiendo la SGIM como el faro de mi vida, mostrándome la ruta a seguir en el sendero de la vida y hacia la meta de la felicidad. Decidí ser más agradecida y dedicarme al kosen-rufu, y propagar las correctas enseñanzas de la SGM y la grandeza del Gohonzon.

Enfrentar el sufrimiento a través de nuestra práctica del Budismo de Nichiren Daishonin redundará en una gran buena fortuna considerando lo que sería el sufrimiento enfrentado a través de las creencias seculares. Basándome en el Gohonzon, no me sentiré intimidada aún si grandes dificultades y obstáculos se presentan en mi camino.

He determinado vivir como nos alienta nuestro mentor en la vida, el Presidente Ikeda de la SGI, y convertirme en “el sol de la familia, el sol del distrito”. Deseo una vida brillante no sólo para mí sino también para los demás, llevando una existencia plena de gratitud.

19.3.05

Experiencia de Angie Ng Foong Chan - Kuala Lumpur

Tomado de “Cosmic”, Enero 2002
Traducido amablemente por Elizabeth Ryske

En mis 30 años de práctica del Budismo de Nichiren Daishonin, luché con muchas dificultades pero mi experiencia durante 1996- 1997 fue el desafío más inesperado que enfrenté.

“Cuando uno está limpiando el propio karma, experimenta grandes dificultades”, así me dijo un antecesor, un pionero, cuando yo era miembro de la División Juvenil Femenina hace muchos años, antes de mudarme a Hong Kong en 1986. Mi experiencia en combatir el karma de enfermedad cuando estuve en Hong Kong me recordó justamente qué difícil puede ser limpiar un pesado karma. Me ayudó a comprender que es fácil hablar de fortaleza y coraje hasta que uno tiene que vivir una situación así.

La primera valla

Los primeros síntomas de mi enfermedad aparecieron a fines de 1995. Para entonces, sufría de un bloqueo nasal que me deparaba muchas noches de insomnio. Finalmente, en abril de 1996 los doctores encontraron un tumor justo detrás de mis cejas. Su crecimiento bloqueaba el pasaje de aire, y desafortunadamente, era maligno, o sea que lo que yo tenía era un carcinoma naso-faríngeo.

Fue una “sentencia de muerte” para mí. Las noticias eran shockeantes , increíbles y amedrentadoras.
Inmediatamente me sentí indefensa, y me la pasaba preguntando cómo podía sucederme algo así.

El tratamiento de radiación comenzó poco después. Las primeras dos semanas fueron indoloras. A la tercera comencé a sentir un intenso dolor en la garganta. Comencé una dieta líquida e inmediatamente empecé a perder mucho peso. No podía dormir por las noches y me la pasaba tragando saliva para atenuar el intenso dolor. Con el apoyo de los miembros logré completar las 6 semanas de radiación. El tratamiento prometía una chance de recuperación del 90%. Pensé que lo peor ya había pasado, e incluso planifiqué una fiesta para Acción de Gracias, para lo que no faltaba mucho.

El segundo golpe

Subsecuentes exámenes en la octava semana confirmaron que el tumor estaba aún allí y que era necesaria más radiación. Me sentí devastada y llena de temor. Comencé a hacer 6 horas diarias de daimoku e insistí para que mi esposo invocara también por mí. Tenazmente invocaba para manifestar mi Budeidad y poder así sobreponerme al temor que me tenía atrapada.

Al sexto día de mi régimen de 6 horas de daimoku, entré al estudio y tomé un libro de Richard Causton: “A Buddha in daily life” (“Un Buda en la vida diaria”). Al ver la palabra “Buda” inmediatamente comprendí que yo era un Buda, y recordé que siendo un Buda está en mí el coraje inherente para afrontarlo todo. Pronto se desvanecieron los temores y nuevamente me sentí llena de valor y alegría..Esto me ayudó a enfrentar la segunda etapa de radiación.

Ocho semanas después, el siguiente examen mostró que el tumor aún estaba presente, y que si no era erradicado en 4 semanas, sería necesaria una operación. Pasaron las 4 semanas y el tumor no se había ido. La operación era inevitable y fue programada para finales de enero de 1997.

Un estudio pre-quirúrgico también reveló que mi riñón estaba perdiendo valiosas proteínas. Mi sistema inmunológico estaba muy débil y la circulación de líquidos estaba siendo bloqueada, lo cual produjo hinchazón en los tejidos. A pesar del estado de mi riñón, la operación debía llevarse a cabo. Así que antes de poder tratar de lleno mi cáncer, otra enfermedad había aparecido.

Una terrible recuperación

La operación salió bien y el tumor fue extirpado exitosamente. Como siempre, yo no estaba preparada para el tratamiento pos-operatorio.

Tenía vías de suero en ambos brazos y respiraba a través de tubos insertados dentro de los pulmones. Al mismo tiempo, empeoró el estado de mi riñón, me empecé a hinchar y a retener orina. Los doctores me administraron diuréticos (drogas para tratar la retención de líquido), para ayudarme a eliminar los fluidos de mi cuerpo. Siendo una persona muy activa antes de esto, me sentí indefensa, miserable e incapaz de mover algo tal como lo hacía antes. Entendí que mientras uno puede huir de un jefe difícil, un trabajo, una pareja, familiares e incluso los propios padres, uno no puede escapar del propio entorno: el cuerpo.

Debido a mi reciente operación, los doctores decidieron que no era indicado administrarme esteroides para tratar el riñón. Luego de pasar 6 semanas en el hospital, me permitieron regresar a casa, pero llevando a cabo una dieta alta en proteínas y limitando la ingestión de líquidos a un litro por día.

Cuando estuve en casa, me sentí deprimida y casi suicida. No podía aceptar la nueva dieta y la limitación de líquido. El futuro se mostraba sombrío. Afortunadamente, mi esposo me recordó lo fuerte que yo solía ser e insistió en que superase mi depresión. Me di cuenta de que estaba siendo influenciada por la función demoníaca de la enfermedad y resolví no permitir que este demonio me sobrepasara.

Mi sistema inmunológico estaba muy débil y me volví susceptible a las infecciones, en los siguientes ocho meses fui admitida en el hospital mensualmente. Mi estado de vida subía y bajaba.

También sufría de severos dolores en el pecho, lo cual derivó en dolorosos métodos para chequear la posibilidad de tuberculosis o un cáncer de pulmón, y necesité la administración de antibióticos debido a unas líneas de fiebre. Recuerdo haberle dicho a mi esposo que si el cáncer se expandía a los pulmones, me rehusaría a cualquier otro tratamiento y dejaría que la naturaleza siguiera su curso. En los momentos de depresión, preguntaba al Gohonzon cuánto sufrimiento debería experimentar aún para limpiar mi karma.

Pero no todo durante este período fue doloroso. Cada estadía en el hospital fue diferente, según mi estado. En una ocasión, ingresé con hipertermia (temperatura corporal muy inferior a la normal) y severas dificultades respiratorias, y tuve la buena fortuna de entrar a través de la guardia para emergencias, lo cual permitió a los doctores administrarme oxígeno de manera inmediata y hacer una urgente revisión de mis pulmones que mostró una significativa coagulación como consecuencia de los diuréticos. Un retraso sería mortal para mí.

Durante esta etapa en particular, las cosas salieron muy bien. Tuve maravillosos médicos y enfermeras, e incluso hice shakubuku a un paciente que había intentado matarse. Por primera vez en tantos años de práctica estaba tan llena de compasión y podía hablar con un extraño del Budismo del Daishonin.

Para entonces los doctores decidieron que ya era tiempo de tratar mi riñón con esteroides. Me preocupaba el efecto colateral de los mismos pero sabía que era el último recurso. Me sentí con un gran stress y sentí que no podía darme tregua.

Un tiempo deprimente

Antes había tenido una crisis nerviosa y fui hospitalizada por 23 días. Durante esta horrible fase pensé en suicidarme y de hecho intenté matarme tomando el detergente del baño. Ignoré la recomendación del médico en cuanto a una dieta baja en sal. Hubo momentos en los que me negué a comer, o a hablar con las visitas. Miraba a los compañeros que intentaban hacer que me alimente y ejercite como a demonios enviados por el Gohonzon para castigarme por mis malas causas. Incluso le dije al psicólogo que todo lo que deseaba era comer una enorme cantidad de cosas saladas y morir en los brazos de mi esposo.

Las cosas fueron mucho peor cuando mi esposo trajo a mis dos adorables hijas para recordarme lo mucho que ellas me necesitaban. Los análisis mostraron que el nivel de proteínas había mejorado desde el inicio del tratamiento con esteroides, pero en mi estado de depresión sólo pude ver que aún estaba lejos del valor considerado como normal. Mi esposo también se contactó con altos responsables de la SGI-Hong Kong para que me alentaran. Permanecí inmóvil y les dije que sólo deseaba morir porque ya había estado enferma demasiado tiempo. Estaba cansada, débil, y ya no sabía cómo seguir luchando.

Finalmente, un día, al ver la cuenta del hospital, me impactó descubrir que había permanecido allí por 16 días. Había perdido la noción del tiempo. Pregunté si podía ir a casa, y pocos días después, me enviaron a mi hogar con 19 clases de medicamentos.

Llegué en estado de shock acompañado de una crisis nerviosa. La primera semana me sentí como en un mal sueño del cual no podía despertar. Invocaba daimoku en silencio frente al Gohonzon sin sentimientos ni convicción y no tenía ningún deseo de leer las orientaciones del Presidente Ikeda.
Sentí que estaba perdiendo el control de mi vida. Físicamente estaba muy débil por el largo tiempo que pasé en la cama y no tenía ganas de hacer ejercicio o dejar esa inercia.

Me decía a mí misma que no podría abandonar después de todos esos años de práctica. Creía que debía hacer algo para hacerme responsable de mi propio karma.

El punto de inflexión

Este punto llegó cuando la Sra. Yanagiya, titular de la SGI Hong Kong, vino a visitarme. Fue estricta al recordarme qué afortunada era por tener 26 años de práctica detrás de esta situación, por los numerosos miembros que me alentaban y cantaban daimoku para mí, por ser visitada por tantos miembros y amigos, por tener un esposo que me apoyó siempre y dos hermosas hijas, tres mucamas y un excelente y amplio departamento en el cual vivir. No pasaba tampoco penurias económicas.

“Basta de auto conmiseración”, dijo la Sra. Yanagiya. “Cante daimoku en la mañana para el valor, la sabiduría y la fuerza vital para enfrentar cada día. Y agradezca en el gongyo vespertino al Gohonzon por haber vencido en ese día”.

Abracé esta orientación y decidí que remontaría nuevamente en mi fe y mi práctica. Comencé a disfrutar de mis alimentos, me ejercité, invocando todo lo que podía pero sin hacer nada que pudiese agotarme de modo innecesario. Miré hacia atrás la totalidad de la experiencia y hondamente comprendí qué profundo era mi karma y cómo tenía que hacerme responsable por transformarlo y más aún: sentir gratitud por haber tenido esta enfermedad.

La experiencia me enseñó que no importa cuán sombrío y desesperanzado pueda parecer el “invierno”, el Gohonzon estuvo protegiéndome todo el tiempo. La enfermedad llegó en el momento “correcto”, cuando estaba en el lugar adecuado como si hubiera sido planeado de antemano.

Ante todo, no tenía preocupaciones financieras y siendo residente permanente de Hong Kong pude acceder a los mejores y más costosos tratamientos efectuando pagos mínimos. Además, había logrado vender una propiedad en Malasia y transferir el dinero a Hong Kong apenas unos días antes de que la crisis de Asia golpeara a Malasia. Al mismo tiempo mi esposo había logrado vender sus empresas a muy buen precio y en ambas instancias el dinero llegó en el momento justo en el que tuve que pagar caros medicamentos y consultas referentes al tratamiento del riñón.

Fui también afortunada porque el Hospital “Queen Mary” tenía los mayores adelantos para el tratamiento del carcinoma naso-faríngeo. El cirujano que llevó a cabo la operación era uno de las más importantes del mundo para tales intervenciones. No dejó orificio en mi paladar, de hecho, nadie puede decir que que he pasado por una operación tan complicada y peligrosa. Mi enfermedad llegó en una época en que estas intervenciones recién se comenzaban a realizar, fui la 36ª paciente que operó este cirujano. Si este cáncer hubiese ocurrido antes, los médicos me hubieran enviado a casa para prepararme para mi funeral.

Perseverar hasta la Victoria

Desde esta experiencia, insto a los miembros a permanecer con la organización no importa lo que suceda, porque solamente los miembros tienen la sinceridad y la perseverancia de mantenerse alentándonos hasta que uno finalmente vence.

Nunca tome su fe como algo otorgado. La fe no depende de cuánto sepa de Budismo o de la cantidad de años que tenga de práctica o la posición que ocupe dentro de la organización. No espere a tener un problema para comenzar a cantar daimoku, porque cuando el problema lo golpee quizás usted no sea capaz de invocar.

Por último, como dice el Gosho “Sufra lo que tenga que sufrir, goce lo que tenga que gozar. Considere ambos, sufrimiento y alegría, como hechos de la vida, y continúe invocando Nam-Myoho-Renge-Kyo pase lo que pase” (WND, pág. 681 / MW-I-161)

Estar vivos es en sí misma una causa de felicidad.

12.3.05

Experiencia de Cancer de la Sra Inatomi (japón)

Enviado amablemente por Lidya Salas (SGIV) y traducido del japones por Tomoko Uejo
Capítulo XVIII del Sutra del loto: “El beneficio de responder con alegría”

La Persona es el venerable Shakyamuni, el digno Buda de gohyaku jintengo. La Ley es Nam-myoho-renge-kyo del capítulo Duración de la vida. Responder con alegría [como indica el título del capítulo] significa seguir esta enseñanza y sentir alegría de ello”

“[Entonar] Nam-myoho-renge-kyo es la máxima alegría dentro de las alegrías.;
Es una frase que tantas veces había repetido...Yo creía tenerlo claro, al menos como concepto, sin embargo, me pregunto hasta qué punto era conciente en mi fuero interno de lo que en realidad implicaba.

Por mucho que hable de alegría no tiene ningún sentido si la dejo relegada al mundo de las ideas o de las concepciones teóricas. Mi enfermedad me permitió comprender cabalmente que el Sutra del loto es una enseñanza cuya finalidad es hacer surgir en el plano de la realidad palpable, la alegría de nuestro interior.

La enfermedad que tenía se llamaba linfosarcoma. Yo era titular de una de las regiones de Yokohama.

¿Porqué cáncer? ¿Por qué me tiene que tocar a mí? Me preguntaba...
El miedo de morir y los sufrimientos me abatían sin miramientos. Sentía terror cuando pensaba que ya no existiría, y vivía los días deseando que todo fuese solo un mal sueño, que no fuese cierto. Pero, de hecho me estaba acercando, paso a paso hacia mi muerte ineludible.

Sabía que solo el daimoku podría sacarme adelante. Lo pensaba, pero me sentía inerte. Fue entonces, cuando me llegó un mensaje de sensei con palabras de aliento que decía: “Vive y pervive dignamente. Barre el mal de la enfermedad con una carcajada optimista y conviértete en una reina en el arte del largo vivir.”

¡Cuánta energía me transmitieron estas palabras!. ¡Qué feliz me sentí de tener un mentor como sensei! Sentí como una descarga eléctrica en todo mi cuerpo.

Desde aquél día comencé a orar a conciencia. Oraba cinco a seis horas diarias mientras seguía luchando contra mi enfermedad.
La quimioterapia me provocaba la caída de mi cabello y muchos efectos indeseables. Pero sabía que sensei estaba orando por mí. Y yo todavía tenía el daimoku como recurso. Cuando me percaté de esto, por primera vez sentí que una inmensa emoción en lo más íntimo de mi ser. Sin embargo, mi temor a la muerte seguía permanentemente junto a mí. Pero había una diferencia. Ya no me sentía ahogada por el sufrimiento y podía ver tanto mi enfermedad como la posibilidad de la muerte desde un plano superior. Gracias al daimoku, me sentía como envuelta por una suerte de espíritu positivo que más allá del temor que me provocaba la muerte, me permitía verla como un hecho de la vida por el cual todos debemos pasar un día.

Recuerdo que sensei nos orientó en una ocasión: “Más allá de lo que pueda acontecer, cuando uno tiene una auténtica fe, sigue teniendo una alegría esencial en la profundidad de su vida. Todos los acontecimientos se convierten en motivos de esperanza y en factores que afianzan nuestra convicción. La fe es lo que nos lleva a ir hacia las personas que viven acongojadas para poder compartir la condición de alegría infinita que surge de la fe.”

Lo que sensei me enseñó a través de mi experiencia de enfermedad fue esto.

Estuve internada dos meses y durante un año estuve con tratamiento estricto. Cada vez que escuchaba de alguien que sufría por alguna enfermedad, corría hacia ella y le llevaba aliento. En una ocasión, fui al hospital donde estaba internada una integrante de la División de Damas. Yo la alenté con toda mi vida, le dije que lucháramos juntas y que no fuera vencida por su enfermedad. La gran sorpresa fue cuando una señora que estaba internada en el mismo piso –que había escuchado nuestra conversación—se nos acercó para decir que ella también quería practicar el Budismo. También hubo una señora que recibió tal impacto con mi experiencia que decidió practicar.

En el Gosho dice: “[Uno] se regocija al escuchar la voz de alguien que también se regocija escuchando [el daimoku]”.

Yo creo que la alegría/ el regocijo se transmite como una corriente, que se contagia de una vida a otra. Por primera vez pude comprobar cuán cierto era el principio que expone el Sutra del loto y que dice una persona que invoca daimoku solo una vez por día o solo una vez en el transcurso de una existencia, o que escucha a alguien invocar solo una vez en una existencia y se regocija, y así, hasta la quincuagésima persona, obtendrá beneficios, cien, mil, diez mil, cien mil veces mayores”.

Se dice que nosotros podemos llegar a ser entidades pletóricas de regocijos, y podemos transmitir este regocijo a nuestros semejantes. Así nos orienta sensei, pero siento que si puedo tener esa sensación como vivencia fue solo gracias a la SG que lleva a cabo el espíritu de la Ley mística.

6.3.05

Cambiar el Karma de la familia

Experiencia de la señora Yamashita, vice responsable dela División de Damas de la zona Yuko, en Kamagaya, Japóny presidenta de una empresa que opera un aparcadero debicicletas de unos 3300 metros cuadrados.
Tomado de Seikyo Criollo SGIV Feb. 2004

La señora Yamashita se casó en los años tumultuosos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. A su marido, los negocios no le habían ido bien, así que se inclinó por el juego y la bebida.
Esta señora cuenta que, siendo cuatro en la familia, no tenían donde vivir. Así que un conocido les dio refugio a un costado de su cocina. Durante el día, se iban a un parquecito cercano, donde el hijo más chiquito gateaba por el suelo. Gracias a la ayuda de un buen amigo, pudieron conseguir un diminuto apartamento de un ambiente. Pero de todas formas, su pobreza iba de mal en peor.
A la hora de preparar la cena, la señora salía con dos monedas de diez yenes y con ese dinero compraba una porción de sardinas y un poco de espinaca. En el trayecto, llevaba al hijo a las espaldas, que lloraba pidiendo alguna golosina. La mujer soñaba con tener una monedilla más, para darle el gusto a la criatura, así que recorría las atestadas calles del mercado para ver si encontraba alguna tirada sobre el suelo. Dice que nunca podrá olvidar aquel dolor amargo de no tener siquiera diez yenes de más...
La señora Yamashita nació en la prefectura de Kagoshima, al sur de la región de Kyushu, y se crió en un hogar donde nunca faltó nada. Sin embargo, parece que el padre y la madre peleaban muchísimo, así que la señora lo pensó muy bien antes de casarse, y abordó su matrimonio con gran precaución, temerosa de repetir los pasos de sus padres. Pero, la señora dijo: “Terminé sufriendo el mismo destino de mi mamá”.
Finalmente, la señora Yamashita decidió abandonar a su esposo y a sus hijos. Le era imposible trabajar y cuidar a las criaturas al mismo tiempo, y no podía pedir ayuda a sus padres, porque estos habían fallecido uno tras otro, poco después de la guerra. Tampoco pudo contar con la familia del marido, así que debió dejar al varón y a la niña en una institución pública. Lamentablemente, ambos hermanitos fueron separados. Cada vez que pensaba en esta situación, el corazón se le estrujaba de angustia, así que decidió recuperar a sus hijos y volver con el marido. Y entonces comenzó para ella una etapa de profundo miedo a la violencia física, como nunca antes había experimentado.
En ese momento, la señora todavía no había empezado a practicar. La señora Yamashita ingresó en la Soka Gakkai en 1965. En aquel momento, el esposo estaba sin empleo, y ella mantenía el hogar vendiendo seguros puerta a puerta. El marido también ingresó en la organización, pero sólo nominalmente, porque, en los hechos, hacía todo lo que estaba a su alcance para impedir que practicara su mujer. Todas las noches, la golpeaba con cuanto objeto tenía al alcance de la mano, para que la señora se alejara de la Soka Gakkai. Cada vez que se emborrachaba, comenzaba a dar gritos contra la fe de su esposa.
En una oportunidad, destruyó el altar familiar con un hacha, empapó la madera con querosén y le prendió fuego. La mujer salió a la calle descalza, aferrando el Gojonzon a su pecho. El hombre cerró con llave y la dejó afuera, así que la señora pasó toda la noche a la intemperie, invocando Daimoku hasta el amanecer. Cuando acudió a un predecesor de la Soka Gakkai, con lágrimas en los ojos, para contarle la situación, recibió una orientación cálida pero estricta: “Debe alegrarse, pues cada oposición que recibe a su práctica representa una parte de su karma negativo que está erradicando. Desde mañana, usted tiene que salir a propagar”. Al tiempo, el esposo encontró trabajo como subcontratista en una importante fábrica de vidrio. Pero gastaba el dinero descontroladamente, así que nunca podían salir de la pobreza.
Durante todo este tiempo, la señora Yamashita ahorraba y hacía economía hasta lo inimaginable, con el sueño de tener, algún día, una casa propia. Cuando, por fin, llegó a acumular cuatro millones de yenes, y le mostró orgullosa la libreta de ahorros al marido, éste se la arrebató al instante. Dos días después, encontró la libreta en el apartamento... ¡con el saldo en cero! Se había gastado todo el dinero, hasta el último centavo, en el hipódromo. La señora Yamashita comentó: “Odiaba a mi esposo; el único pensamiento que me sostenía era la idea del divorcio. Pero mi predecesora en la fe me dijo: ‘Le está echando a su esposo la culpa de su infelicidad. Si usted no cambia, nunca podrá acumular buena fortuna’. Cuando escuché estas palabras, tomé una decisión. “El Gosho dice: ‘El Budismo es como el cuerpo, y la sociedad es como la sombra. Cuando el cuerpo se inclina, lo mismo sucede con la sombra’.1
Decidí dejar de fluctuar entre la alegría y el sufrimiento debido al caos en que se hallaba mi vida, y decidí también no quejarme más de lo que mi esposo hacía o dejaba de hacer. Decidí que, como se trataba de mi Karma, yo asumiría la responsabilidad de transformarlo y de acumular buena fortuna. Comprendí que mi cambio no estaba sujeto al de ninguna otra persona; todo dependía de mi estado de vida. Sentí una tremenda convicción en el principio de la inseparabilidad entre el sujeto y su ambiente”.
La señora Yamashita entendió que lamentarse de sus desgracias no iba a darle mayor buena fortuna, así que se dedicó de lleno a las actividades de la Soka Gakkai. Mientras tanto, de la manera más imprevista, le surgió la posibilidad de administrar un lote frente a la estación de ferrocarriles. Fue así como en 1972, a los siete años de practicar, abrió un aparcamiento para bicicletas. Más que ninguna otra cosa, lo que empezó a cambiar fue la actitud de la señora Yamashita, su forma de pensar.
Pudo sentir pena por su esposo, que no entendía la alegría de la fe, y comenzó a orar cada día para que el hombre cambiara su forma de vivir. Pudo verlo como a un verdadero “buen amigo”, ya que gracias a su posición, ella había podido profundizar muchísimo la fe.
La señora comenta: “Fue algo sorprendente. En cuanto el resentimiento que tenía hacia mi esposo se convirtió en agradecimiento, éste, de un día para el otro, perdió la fascinación por el juego. Y comenzó a orar al Gojonzon”. En 1976, al marido de la señora Yamashita le diagnosticaron cáncer de esófago. Su oración fue: “Por favor, quiero darle a mi esposo la mitad de mi vida. Quiero que luchemos juntos por el Kosen-rufu”.
Recuerda aquellos días y dice: “Fue tan grande mi amor y mi agradecimiento hacia ese hombre, por el cual creía no sentir nada, que se me llenaron los ojos de lágrimas. En lo profundo de mi ser, comprendí que, hasta ese momento, nunca había sentido verdadera misericordia y amor”.
Cuando fue a verlo al hospital, ese día, se sorprendió de verlo sentado, ya que hasta ese momento no podía ni moverse. Pronto, el hombre pudo salir de la cama por sus propios medios, y como describe la señora Yamashita: “Por primera vez fuimos una verdadera pareja, y pudimos hablar abierta y francamente de cualquier cosa, aun de la Soka Gakkai y del Kosen rufu”.
El marido empezó a estudiar el Budismo insaciablemente. Al año siguiente, como si hubiera cumplido su misión, el señor falleció. Al ver la expresión bellísima de su rostro en la muerte, dos amigos íntimos del esposo decidieron practicar la fe. “A través de su experiencia de tantas retribuciones negativas y de tantos beneficios, mi marido me enseñó muchas cosas sobre la fe.
Fue realmente un ‘buen amigo’. Por mi parte, pude tomar conciencia de que todo se lo debo a la terrible adversidad que me tocó vivir”. Además, cuando la señora Yamashita elevó su estado de vida, pudo transformar también su tremendo destino de pobreza.
Para decirlo con sus palabras: “El dinero no para de entrar”. Pudo concretar su sueño, que era construir un centro comunitario para que lo usen los miembros. Y aquel amigo que les había prestado el diminuto apartamento de un ambiente se maravilla sinceramente, de lo feliz que empezó a ser la mujer desde que ingresó en la Soka Gakkai.

Tomado de la Conversación Sobre el Sutra del Loto Vol. 11, capítulo, la Revolución Familiar.
1 Major Writing, vol. 3, pág. 308. WND, pág. 1039.

19.2.05

Madre con discapacidad visual triunfa junto con su hijo autista

Mari Iizuka, ama de casa
Ciudad de Imaichi, prefectura de Tochigi, Japón
Traducido y adaptado de un artículo aparecido en la edición del 3 de marzo de 2002, en el Seikyo Shimbun.
Enviado a la lista GenteSoka por: Sergio Miyagusuku. 18 Feb 2005
Prólogo
El 14 de febrero de 2002, un pequeño pero estimulante concierto voluntario para personas discapacitadas y sus familiares se realizó en la ciudad de Imaichi, prefectura de Tochigi. Fue el tercer concierto auspiciado por Mari Iizuka (
40), una ama de casa y vicelíder de distrito de la División de Damas de la Soka Gakkai –quien participó como maestra de ceremonias y pianista.
Mari es una brillante oradora, con una potente voz, y toca el piano con una delicadeza que penetra el corazón de las personas. Muchos asisten a sus conciertos con el deseo de recibir inspiración de su espíritu entusiasta.
Así es como Mari alienta a los discapacitados que asisten a sus conciertos. También es una discapacitada porque legalmente es considerada ciega, aunque puede vislumbrar algo de luz. Su hijo mayor, Takeshi (14), ha sufrido de autismo desde su nacimiento.
En el escenario, Mari no muestra señales de autocompasión o pesimismo. ¿Qué es lo que la trasformó de alguien que alguna vez requirió de aliento en alguien que ahora alienta a los demás?

Prolongada ansiedad
En el otoño de 1973, Mari tenía 12 años de edad y vivía en Asakusa, Tokio. “¿Qué es eso?”, preguntó al ver flotando un objeto en su campo visual. Su visión había sido de 20/20. Fue a ver a un optometrista de su vecindad; una semana después ella estaba ciega. Las retinas de sus ojos se habían deteriorado y, súbitamente, se desprendieron debido a causas desconocidas. Mari fue derivada a un hospital universitario, donde recibió cuidados intensivos por tres meses. El tratamiento fue efectivo, y recuperó su visión a alrededor de 20/29 sin ayuda visual. Eso fue considerado como lo mejor que se podía hacer y los doctores no podían garantizar que su visión no empeoraría.

Temerosa de que pudiera perder la vista nuevamente, Mari renunció a todo: dejó de tocar el piano y la música de Beethoven que amaba; los encuentros de natación; y de asistir a una exclusiva escuela privada de segunda enseñanza básica. Su ansiedad crecía ininterrumpidamente, y se prolongó. Parecía como si algún demonio de la enfermedad se hubiese apoderado de Mari, buscando atemorizarla y quitarle los sueños a una niña de 12 años de edad.

Pero ella no se acobardaba fácilmente. Mari abandonó la escuela de segunda enseñanza para desafiarse en una nueva profesión. Demostrando su fuerza interior, ella obtuvo una licencia como maquilladora y obtuvo un empleo. La cantidad de clientes que requerían de sus servicios se incrementó gradualmente. Al mismo tiempo, la tensión en sus ojos debido al trabajo estaba causando estragos, y ella temió por su vista. Preocupada, ella se miraba en el espejo con su nebulosa visión, pensando, “¿Esto es todo? ¿Voy a perder mi vista de esta manera?”

En 1982, ella fue invitada a una reunión de diálogo de la Soka Gakkai, donde ocurrió que pudo ver al presidente de la Soka Gakkai Internacional, Daisaku Ikeda, en una película. Quedó conmovida por la calidez y misericordia que vio en sus acciones, así como por las experiencias que escuchó en la reunión, y decidió convertirse en miembro, a pesar de la oposición de sus padres. Ella introdujo a muchos amigos al Budismo y a la Soka Gakkai, incluyendo a Nobuo Iizuka, con quien eventualmente se casaría y con quien se trasladaría a la prefectura de Tochigi cuando tenía 24 años. El señor Iizuka, 43, es actualmente el fundador y presidente de una compañía manufacturera y líder de distrito en la Soka Gakkai.
Conforme fue desarrollando su práctica budista, Mari creció en convicción, a pesar de que su visión se debilitaba día a día. Sin embargo, ya no sufría como antes por los ataques de ansiedad.
“¡Estoy bien. Puedo hacerlo!” –se decía a sí misma.
Mari aprendió a encontrar cosas en su casa memorizando su ubicación con el tacto. No se sentía incómoda en sus actividades diarias. Aprendió a cocinar y a lavar sin ayuda.
No obstante, había una cosa que le preocupaba. Su hijo, Takeshi, no parecía estar bien. Sus expresiones sonaban vacilantes y monótonas para un niño de su edad.
Mari continuó enfocando su práctica budista para superar sus preocupaciones y la ansiedad de perder la visión. En el ínterin, Mari dio a luz a Rei, la hermanita menor de Takeshi. Mari esperaba que su hijo mejoraría una vez que comprendiera que era el hermano mayor. Su leve esperanza quedó destrozada justo antes del cuarto
cumpleaños de Takeshi.
Cuando Mari llevó a Takeshi a un centro de salud pública para una revisión médica, un doctor le dijo, “Su hijo es autista”.

Sandía de invierno
En muchos casos, los pacientes autistas con daño en la capacidad de procesamiento de información en el cerebro, como Takeshi, encuentran difícil entender exactamente el lenguaje y establecer una relación con los demás. También son hiperkinéticos e inquietos y, a menudo, gritan y actúan violentamente.
Cada día, Mari no podía decir adónde iría Takeshi y qué haría. Siempre que notaba alguna señal de su hiperkinesia, lo tomaba en sus brazos para controlarlo. Era la única manera en que podía proteger a su hijo de daños. Tanto Mari como Takeshi siempre tenían cortes y magulladuras sin curar.
A los demás, les parecía que ella abusaba de su hijo. Ella parecía ser una madre que no podía disciplinar a su hijo. Incluso llegó a oír por casualidad que la gente hablaba mal de ellos. “(El niño es así) porque su madre es ciega”.

Ella se sentía desalentada por la falta de comprensión de las personas que la rodeaban. Mientras más sufría, más invocaba “Nam-myoho-renge-kyo”, la práctica básica del Budismo de Nichiren. Al comienzo, durante sus oraciones todo lo que podía hacer era desahogar sus sufrimientos. Conforme continuó invocando y orando por respuestas, desde las profundidades de su vida comenzó a surgir un sentimiento de orgullo por su hijo, Takeshi, y de alegría por su maternidad. Mari obtuvo una verdadera esperanza, coraje y convicción y estaba sorprendida por ello. Con su práctica, Mari pudo manifestar su yo más fuerte y verdadero, imbuido de una ilimitada sabiduría y misericordia.

Debido a que sus esfuerzos dieron resultados, Mari continuó orando (invocando daimoku) por la felicidad de su familia, hasta tal punto que la estera del tatami que estaba frente a su altar, donde ella se sentaba todos los días, lentamente comenzó a desgastarse y hundirse.
Su esposo, Nobuo, trabajaba arduamente en su negocio, y también se esforzaba en sus responsabilidades como líder de cabildo de la División Juvenil Masculina de la Soka Gakkai. Sintiéndose extrañamente animado por la mancha desgastada sobre el tatami, él pensó, “Bueno, supongo que yo también tendré que esforzarme al máximo”.

Nobuo y Mari Iizuka unieron sus esfuerzos para criar a Takeshi y hacer que evolucionara en la línea de la sociedad. Ellos lo llevaban a todas partes, aun cuando él protestara e hiciera que los demás los vieran con frialdad.
Poco después, Takeshi ingresó a una escuela elemental para niños discapacitados. Un día de invierno, Takeshi trató de convencer a sus padres para que le compraran una sandía, haciendo un berrinche en el supermercado. Nobuo trató de razonar con él, pero Takeshi no escuchaba y se comportaba violentamente.
“Bien, me rindo. Te lo compraré”, dijo Nobuo, y compró la sandía para Takeshi. Takeshi parecía muy contento. Apretó fuertemente entre sus brazos la sandía, llevándolo cuidadosamente a casa.
Una vez que Takeshi entró en la casa, fue directamente al altar familiar y comenzó a pronunciar algunos sonidos. “Ah, ah, ah...”.

Sosteniendo la sandía, Takeshi continuó mirando intensamente el Gohonzon, el objeto de respeto fundamental del Budismo de Nichiren, consagrado en el altar. Nobuo estaba sorprendido, pero inmediatamente comprendió que Takeshi quería poner la sandía en el altar. “Muy bien, Takeshi”, dijo él, ofreciendo la sandía al Gohonzon. Entonces, Takeshi unió sus manos y pronunció serenamente las palabras, “Nam-myoho-renge-kyo...”.
Desde ese momento, el autismo de Takeshi gradualmente se fue haciendo menos pronunciado.

El encuentro de Takeshi con la música
Takeshi amaba la música. Él había mostrado interés en la música clásica y en la música folclórica sudamericana, desde la escuela de párvulos. Después de que su hermana, Rei, comenzara a recibir lecciones de piano, Takeshi insistió en que él, también, tomaría el piano.
“Si Takeshi va a tomar lecciones de piano, ¡yo también quisiera intentarlo!”, pensó Mari. Ella decidió retomar lo que había abandonado en su juventud. Sin embargo, no había tocado el piano por más de 20 años. Se preguntaba si realmente podría tocar el piano, cuando ni siquiera podía leer la música debido a su débil visión.

Mari puso de lado su ansiedad invocando daimoku y comenzó a tocar el piano nuevamente. Sus amigos se sentían alentados por su fresca actitud hacia la vida y uno tras otro, comenzaron a practicar el Budismo de Nichiren, por sí mismos.
Con los dos tocando el piano, las conversaciones –tanto musicales como verbales– entre madre e hijo se hicieron más vívidas. La hiperkinesis de Takeshi menguó.
Un sueño comenzó a tomar forma en la mente de Mari. “Tal vez podría utilizar mi capacidad con el piano para alentar a quienes sufren de discapacidades y a sus familiares.
Su imaginación se llenó con toda suerte de posibilidades.

Ella decidió atacar su pieza favorita de Beethoven, y pasó dos años memorizando la sonata para piano “Tempestad”, que Beethoven compusiera poco después de perder el oído.
Mari reclutó la ayuda de sus amigos y de su instructor de piano para realizar su sueño. Ella auspició un concierto libre donde tocaría “Tempestad” para una sala llena de personas. Esto fue hace tres años, cuando Takeshi cumplió 12, la edad en que Mari había perdido por primera vez la vista. Y aquí estaba ella tocando el piano que había abandonado, para alentar a otros. Mari brillaba de felicidad y orgullo.

Durante el segundo concierto, Takeshi tocó “El cóndor pasa”. Al momento de escribir este artículo, él está en el octavo grado de la escuela media. Él camina tres kilómetros hasta su casa desde el paradero donde lo deja el autobús. Su hiperkinesia ha desaparecido.

Y eso no es todo. Takeshi ha desarrollado unos conocimientos tan vastos respecto a los géneros relacionados con la música, incluyendo el uso de equipos de audio, que la mayoría de adultos no puede comparársele.
A pesar de la recesión, el negocio de su padre, Nobuo, ha crecido.
El piano que Mari había abandonado cuando niña debido a su discapacidad visual se ha convertido en un instrumento de esperanza y coraje para ella y para su hijo autista, en su lucha conjunta por dominarlo. Y a través de su odisea, tanto Mari como Takeshi han acumulado abundantes “tesoros del corazón”.

5.2.05

Experiencia de Lai Tek Kim – Selangor

Enviada por Ricardo Del Rio
Traducida amablemente por Elizabeth Ryske (SGI Argentina)

Soy el menor de una familia de doce hermanos. Cuando era niño, mi comportamiento era terrible. Mis amigos y yo solíamos robar cosas de los supermercados y actuábamos como truhanes en la escuela. No es necesario decir que difícilmente prestaba atención a los estudios. A pesar de ser un niño “difícil”, siempre amé y respeté mucho a mis padres, especialmente a mi madre, que siempre estuvo atenta a cada cosa relacionada con sus doce hijos. Podía sentir el amor que ella me brindaba en todo momento.


Tal vez haya sido por este amor que cambié para mejor. Aún recuerdo vívidamente aquel fatídico Día de los Padres cuando estaba en el segundo año. Mis padres y yo fuimos a la escuela para encontrarnos con mi maestra, quien le dijo a mi madre que ella era responsable por mi mala conducta y los pobres resultados en mi aprendizaje. Después de escuchar aquello, en apenas un instante volé de cólera. No estaba enojado con la maestra sino conmigo mismo, por causarle semejante disgusto a mi madre. Sintiendo remordimiento, determiné mejorar en el estudio, especialmente porque se aproximaba el examen de nivel tres Sijil Rendah Pelajaran (SRP).

Sabía que no sería fácil. Había fracasado en todos los temas escolares y creo que incluso mis maestros habían perdido las esperanzas respecto a mí. Ni siquiera podía deletrear correctamente muchas palabras. Me sentía descorazonado! En ese momento de desesperación, la cuarta de mis hermanas mayores me alentó a invocar Nam-Myoho-Renge-Kyo. Mis dos hermanos mayores (varón y mujer) habían entrado en la fe unos pocos años antes. Yo tenía mis dudas respecto al poder del Gohonzon pero aún así cantaba daimoku 30 minutos cada día, en el viaje, mientras iba y venía de la escuela.

En una ocasión, asistí a una reunión de la SGM y escuché a alguien que decía: “Todas las oraciones son respondidas. Aquellos que hacen realmente un gran esfuerzo definitivamente triunfarán”. Comencé a realizar el máximo esfuerzo que me era posible y oré seriamente para obtener la sabiduría que me permitiera mejorar en los estudios. Por primera vez en la vida comencé a comprender los temas que estudiaba. Tuve también la buena fortuna de que mi cuñado, maestro de Bahasa Malaysia, me enseñó y me ayudó a mejorar notablemente. Logré tres distinciones en examen SRP! Y desde entonces, en cuanto a lo que concierne a los estudios, nunca he vuelto a retroceder.


Después de obtener el nivel 6 de mis exámenes (STPM), me ofrecieron un lugar en una universidad local pero decliné el ofrecimiento pues no quería seguir siendo una carga financiera para mis padres, y además ya no quedaba nadie en casa que pudiera cuidar de ellos que ya tenían una edad avanzada. Opté por tomar un curso profesional de medio tiempo que me permitiera financiar mis estudios, y ardía en la determinación de completarlos en el menor tiempo posible.


La fuerza de mi fe fue puesta a prueba durante el semestre final de mi curso en Marzo de 1996, justo tres meses antes de los exámenes. A mi hermano mayor le diagnosticaron una hepatitis B crónica, y los doctores dijeron que no esperaban que pudiese vivir más allá de otros seis meses. Me entristecí profundamente ante estas noticias. En un intento por rescatar a la empresa de mi hermano mayor del cierre, mi familia sugirió que fuese yo quien me hiciera cargo del negocio en aquellos momentos. La compañía era, después de todo, su sangre, sudor y lágrimas, y no era posible considerar el cierre de la misma como una opción, pero las noticias no podían ser peores en cuanto al deterioro de la salud de mi hermano, y sin dudar demasiado decidí aceptar hacerme cargo de la compañía en Junio de 1996.

Una vez allí, comprobé que mi hermano tenía dos empresas, y que la principal de ellas no estaba en un buen estado financiero. El gasto mensual de ciertas maquinarias superaba los veinte mil ringgit (unidad de moneda). Le debíamos a nuestros clientes, bancos y proveedores poco más de 100.000 ringgit. La compañía subsidiaria no estaba mucho mejor .Mi hermano había adquirido algunas maquinarias pero estaban en desuso y no teníamos a nadie que las operase, y ocasionaban una pérdida mensual de más de 10,000 ringgit. Una de mis hermanas, contadora, analizó la difícil situación y era evidente que las compañías no podrían sobrevivir. Pero a pesar de los obstáculos, determiné salvar las empresas para que fueran el sustento que pagara los gastos médicos de mi hermano. Dos de mis hermanos mayores y también una de mis hermanas trabajaban en la compañía. Debíamos salir adelante sin importar cómo!

El primer problema a enfrentar entonces, fue lograr que las máquinas computarizadas funcionaran nuevamente. Siendo un graduado en negocios, mi experiencia en cuanto a las máquinas era cero, y se agregaba a mi frustración el hecho de que no fui capaz de obtener mucha ayuda de los asistentes técnicos. Me vi forzado a estudiar el manual renglón por renglón y testear las máquinas por mí mismo a través del método de prueba y error. Permanecía hasta la medianoche para encontrar el procedimiento correcto. Continuaba orando diligentemente al Gohonzon. Luego de un mes, finalmente tuve éxito y logré operar las máquinas! Al mismo tiempo, tuve dificultades para lograr la colaboración de parte del personal. Siendo un recién llegado e inexperto, algunos me veían como un extraño y pensaban que reemplazaría sólo temporalmente a mi hermano. Pero él nunca podría regresar a la empresa.

En Septiembre de 1996, apenas tres meses después de que me hiciera cargo de la compañía, mi hermanó falleció. Quedé extremadamente angustiado. En el mismo mes me enteré que por primera vez desde aquella en mi examen de nivel tres, había fracasado en mis exámenes.

Antes de morir, mi hermano me había confiado la mayor parte de las acciones en la compañía. A los 24 años, me convertí el director de Managing y heredé una deuda de aproximadamente un millón de ringgit! En su lecho de muerte, había prometido a mi hermano que cuidaría de mis padres y que reviviría la empresa. Me puse el plazo de 1 año y medio para reflotar la empresa. Tenía que tomar sabias decisiones de negocios para que la compañía resurgiera y pasé muchas noches sin dormir pensando de dónde sacaría el dinero para pagar a mis empleados. Hubo veces en que realmente pensé abandonar todo. Afortunadamente, esta situación encontraba el modo de ser resuelta cada vez, y sentía que era debido a la Ley Mística. Mi persistencia hizo que al cabo de un año la compañía comenzara a mostrar señales de una mejoría en los negocios y en el aspecto financiero.

Justo cuando las cosas lucían mucho mejor, nuestro país sufrió una crisis económica hacia finales de 1997, que afectó fuertemente a nuestra empresa y nos ocasionó pérdidas de un 40%, por lo cual nuevamente nos vimos en problemas financieros, fracasé otra vez en un examen, y si no estaba preparado para noticias chocantes como estas, se sumó a ello que los doctores me dijeron que mi madre estaba muriendo, padecía de un cáncer terminal. Fue quizás el momento de prueba emocional más grande de mi vida.
En lo profundo de mi corazón, sabía que enfrentaba el mayor desafío para mi fe. Hice un voto de triunfo. Aprendí de los líderes mayores que yo, que uno debe trabajar generosamente por el kosen-rufu para pagar una deuda de gratitud.

Mi determinación se vio alentada por la actual prueba que veía en mi madre, que no parecía estar como alguien que padeciera cáncer. Por su abundante daimoku, se la veía fuerte y llena de fuerza vital. Su estado me hizo comprobar la importancia de la buena fortuna.

A pesar de mis muchas ocupaciones, comencé a dedicar más tiempo a las actividades de la SGM. Me uní a los Gajokai, un grupo de la División Juvenil Masculina a cargo de la seguridad en nuestros centros. Estaba convencido de que a través de mi práctica sincera y mi dedicación a las actividades por el kosen-rufu, sería capaz de transformar mi situación adversa en una nueva oportunidad, así como el invierno se convierte en primavera. También recibí el aliento de mis responsables en la SGM para participar en un esquema de gráficos humanos durante la ceremonia de apertura de los Juegos de la Commonwealth. Fue un gran desafío, pero yo había determinado dar lo mejor de mí y vencer!
Me propuse ir cada vez más adelante y estaba bajo una gran presión, en una ocasión estuve cerca de colapsar por dificultades respiratorias mientras conducía en la autopista. El consecuente chequeo médico reveló que sufría de un agrandamiento del corazón debido al cansancio excesivo, pero yo perseveré en mis esfuerzos.

Aunque estaba muy cansado después de cada ensayo del esquema gimnástico para los Juegos, iba a ver a mi madre al hospital y ella estaba muy entusiasmada con mi participación en un evento de tal importancia. Y para mi satisfacción, mis esfuerzos en el estudio también mostraban sus frutos ya que finalmente aprobé los exámenes. Mi madre estaba muy feliz por mí y me prometió asistir a la ceremonia de graduación. Desafortunadamente, no tuvo la chance de esperar hasta ese día.

Una semana antes de la presentación del esquema, mi madre entró en coma. Falleció el 10 de Septiembre de 1998, el día anterior a la presentación. Mis hermanos y hermanas me dejaron decidir si quería participar del evento. Mi cuarta hermana mayor me alentó diciendo “mamá siempre estuvo cantando daimoku para estar mejor y poder ver la presentación”. Aún la mañana del evento yo permanecía indeciso, pensé acerca de las palabras de mi hermana y del último deseo de mi madre, y finalmente decidí participar. Dedicaría esta actuación a la memoria de mi madre. La presentación fue un enorme éxito no sólo para la organización de la SGM sino para cada uno de los que tomamos parte en ella. Fue el epítome de mi triunfo personal para emerger victorioso de las dificultades.

Desde entonces, mi compañía se ha ido recobrando lentamente de la caída durante la crisis económica. Mirando hacia atrás, siento una profunda gratitud al Gohonzon que me ayudó a reunir el coraje para superar cada obstáculo. Lo más importante es recordar siempre la importancia de pagar la deuda de gratitud, este ha sido siempre mi credo.

Extraño mucho a mi madre, pero en lo profundo de mi corazón orgullosamente proclamo: “Mamá, por favor no te preocupes, seré fuerte, venceré!”

(Cosmic, Febrero 2002)